Por: Nacionalidad Waorani del Ecuador
Los Waorani somos un pueblo de reciente contacto. Hace 60 años fuimos forzados a entrar en relación con el mundo exterior. Sin embargo, mucho antes de la llamada “civilización”, ya teníamos nuestros propios sistemas de comunicación.
Para el pueblo Waorani, la comunicación propia no es algo del pasado. Sigue viva en nuestras memorias, en nuestras prácticas, en nuestra lengua y en nuestra relación con el territorio. Hoy, el desafío de los jóvenes Waorani es claro: mantener nuestros sistemas propios de comunicación, mientras aprendemos a adaptarnos a las nuevas tecnologías.En nuestra lengua, el wao tededo, no existen libros que recojan cómo nos comunicábamos, pero esa memoria sigue viva en la palabra de nuestros abuelos y abuelas. A través de ellos, el conocimiento se ha transmitido de generación en generación.
En el taller de comunicación “Voces del Territorio”, impulsado por la Nacionalidad Waorani del Ecuador con el apoyo de Cultural Survival, nos reunimos jóvenes Waorani de las tres provincias donde están nuestras comunidades para reconstruir parte de esa memoria. Aunque venimos de territorios distantes, coincidimos en muchas historias sobre cómo nuestros mayores se comunicaban en la selva.
Antes, la comunicación no dependía de aparatos ni de señales externas, sino del conocimiento del territorio, de los sonidos y de los códigos compartidos. Los cantos, los gritos, las pinturas en los árboles o en las piedras e incluso las lanzas eran formas de comunicación. Cada una tenía un significado distinto según la situación.
En un territorio tan amplio como el nuestro, que tiene una extensión de cerca de dos millones de hectáreas de la Amazonía ecuatoriana, puede parecer difícil imaginar cómo se transmitían los mensajes. Sin embargo, nuestros abuelos cuentan que existían personas encargadas de esta tarea, a quienes podríamos llamar “voceros del territorio”.
Estos voceros recorrían largas distancias en la selva para llevar mensajes de una comunidad a otra. Caminaban durante días, cruzando ríos y caminos, transmitiendo información de boca en boca. Eran personas de confianza, porque de ellos dependía que los mensajes llegaran correctamente. Su rol era clave para mantener la organización y la relación entre los clanes.
Además, existían señales en el territorio que permitían comunicarse sin palabras. Las marcas en los árboles o en las piedras indicaban información importante para quienes transitaban por esos lugares, al igual que los códigos de guerra transmitidos mediante el uso de las lanzas. Dichas señales eran entendidas tanto por amigos como por enemigos.
Estas formas de comunicación no eran sólo prácticas, también estaban conectadas con nuestra forma de vida y nuestra relación con la selva. Comunicar no era solo transmitir información, sino también, sobre todo, defender el territorio y a nuestras comunidades.
Muchas de estas prácticas continúan hasta hoy. Las asambleas comunitarias, los cantos, los rituales y la palabra compartida siguen siendo espacios importantes de comunicación para el pueblo Waorani. A través de ellos, tomamos decisiones, resolvemos conflictos y mantenemos viva nuestra cultura.
Sin embargo, con el paso del tiempo, nuevas formas de comunicación han llegado a nuestros territorios. La radio FM (Radio Wao Apeninka), las radios HF, el internet y las redes sociales se han incorporado en nuestra vida diaria.

Estas herramientas han transformado la manera en que nos comunicamos. Lo que antes podía tomar días, ahora puede hacerse en minutos. Las radios HF instaladas recientemente en nuestros territorios, por ejemplo, han sido fundamentales para salvar vidas, comunicar emergencias, pedir ayuda o convocar rápidamente a reuniones y asambleas.
En territorios donde el acceso es difícil, estas tecnologías han fortalecido la capacidad de respuesta de las comunidades, al permitir una comunicación más rápida entre comunidades distantes y facilitar la organización a nivel territorial.
Sin embargo, estos cambios también plantean nuevos desafíos. La llegada de la tecnología no solo trae beneficios, también puede generar riesgos. Uno de ellos es la pérdida de nuestras formas propias de comunicación, especialmente entre los jóvenes.
El uso constante de nuevas tecnologías puede hacer que se debiliten nuestra lengua y nuestras prácticas culturales. Poco a poco, algunas formas tradicionales de comunicación pueden dejar de usarse si no se las valora y se las transmite.
Por eso, el reto para las nuevas generaciones es grande. No se trata de rechazar la tecnología, sino de aprender a usarla sin perder lo que somos. Los jóvenes Waorani estamos en un punto importante. Somos una generación que conoce el territorio y también las herramientas modernas. Podemos ser un puente entre dos mundos.
Tenemos la responsabilidad de fortalecer nuestras capacidades en el uso de nuevas tecnologías, pero, al mismo tiempo, la de mantener vivas nuestras formas propias de comunicación, en nuestra lengua y desde nuestra cultura.
Para el pueblo Waorani, la comunicación no es solo una herramienta: es una forma de mantener la vida comunitaria, la organización y la relación con el territorio; es parte de nuestra identidad.
Por eso, cuando hablamos del futuro de la comunicación Indígena, no pensamos en reemplazar nuestras formas propias, sino en mantenerlas vivas y fortalecerlas con la tecnología. Queremos que estas herramientas se conviertan en aliadas para la lucha, la resistencia y la defensa de nuestro territorio y de nuestra identidad.
En 2025, Radio Apeninka de la Nacionalidad Waorani del Ecuador recibió una subvención del Fondo de Medios Comunitarios Indígenas de Cultural Survival, que brinda oportunidades para el periodismo, la radiodifusión, la edición de audio, las habilidades técnicas y más para los medios comunitarios de comunidades indígenas de todo el mundo. En 2025, CS otorgó un total de $502,000 a 63 proyectos de comunicación Indígena que beneficiarán a los pueblos indígenas en 29 países: Argentina, Bangladesh, Bolivia, Botswana, Brasil, Chile, Ecuador, Colombia, Estados Unidos de América, Filipinas, Guatemala, India, Kenia, México, Nepal, Perú, Sudáfrica, República Democrática del Congo, Indonesia, Honduras, Mali, Nicaragua, Camboya, Chile, Canadá, Panamá, Paraguay, Papúa Nueva Guinea, Nueva Zelanda, Nicaragua y Tanzania.

