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La “civilización” de Indígenas en pleno siglo XXI

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Por Emma Chirix  


Hablar sobre la civilización de los Indígenas a través de la educación implica ubicarla dentro del contexto de la construcción de proyectos nacionales que llevaban como fin “colonizar”, “civilizar”, “ciudadanizar” “modernizar” y “ladinizar” para integrarlos al sistema occidental y a la cultura nacional. Tuve la oportunidad de realizar una investigación que me permitió analizar los proyectos de educación nacional a partir de la colonia y a través de ello revelar las estrategias y las instituciones coloniales que han implantado pedagogías para someter, exterminar y asimilar a familias, comunidades y pueblos de Abya Yala.
 

Bajo este esquema ideológico, político, económico y cultural se implementó la educación oficial y los internados para Indígenas, no solo en Latinoamérica, sino también en Canadá y Estados Unidos. Durante varias décadas, el proyecto se centró en los hombres Indígenas porque la ciudadanía había sido construida bajo un esquema meramente masculino.
 

La historia me permitió constatar la dominación en la educación. En 1879, a partir de la “política de paz”, se creó la primera escuela internado  en Pensilvania. Estas escuelas fueron parte del proyecto de Euro- unidad de Estados Unidos para resolver el problema Indígena y terminar con el control de sus tierras. Mientras que algunos colonizadores abogaban por el exterminio físico; otros pensaban que era más prudente “matar al indio y salvar al hombre”.
 

Funcionarios de las iglesias, misioneros y autoridades locales tomaron niños de cinco años y los enviaron a las escuelas-internado- cristianas. Andrea Smith, académica, feminista y activista estadounidense afirma que: “los niños fueron separados de sus familias durante un año o más, les prohibieron las visitas, fueron obligados a rendir culto como cristianos y hablar en inglés. Durante los veranos fueron mano de obra servil para las granjas de las familias blancas. Sus tradiciones y lenguas nativas fueron prohibidas”. De esta manera los estudiantes Indígenas aprenderían a tomar su lugar en la sociedad blanca. Dentro de la jerarquía racial, tenían que asumir ser esclavos o sirvientes, es decir, ocupar el último peldaño de la escala socioeconómica.
 

Sobre la educación de mujeres Indígenas descubrí que la función principal de la educación hacia las mujeres Indígenas era inculcar normas patriarcales y raciales para que perdieran su poder, su autonomía y autoridad en sus comunidades. Las domesticaban para ser útiles en el trabajo doméstico y ser eternas sirvientas.
 

En relación a los internados en Abya Yala hay documentos que relatan experiencias en México y Bolivia. Laura Giraudo, investigadora en cuestiones Indígenas, analiza casos emblemáticos de los internados Indígenas fundados en México y en Bolivia a principios del siglo XX. La autora analiza la forma y el tipo de educación impuesta para los Indígenas, y, en consecuencia, la forma en que se transforma el proyecto de nación en los dos países. La autora muestra datos sobre los criterios de selección de los estudiantes, los que se basaban en el determinismo racial. La insistencia era entonces, contar con “indios puros”, varones, y con estereotipos raciales “dotados de inteligencia, vigor físico y salud” y por tanto, eran sometidos a exámenes físicos y mentales para identificar si eran como los mestizos, es decir, capaces de asimilar la cultura blanca para ser civilizados.
 

Me surgió la inquietud de saber cómo era la situación en Guatemala, y partí desde la investigación de mi tiempo como estudiante en un internado católico; pues quería saber el origen de la educación oficial y los internados para mujeres Mayas. También quería compartir mi experiencia, la experiencia colectiva de mujeres Mayas en ese espacio de educación.
 

El proceso de civilización en este país, ha venido disciplinando los cuerpos de las mujeres Indígenas a través de la educación oficial y en los internados de una manera planificada y sistemática. El proceso de civilización es una construcción europea–occidental que se impuso como estrategia política imperial para invadir, colonizar, despojar, cristianizar las mentes y los cuerpos Indígenas. Estas ideas dominantes, de ascenso y de progreso se han mantenido en viarias instituciones hegemónicas, entre ellas, los internados católicos.  
 

¿Cómo fuimos civilizadas-colonizadas? El internado fue dirigido por una congregación religiosa, las directoras eran siempre ladinas-mestizas. Entre los valores coloniales impuestos se encontraba la evangelización como primer pilar principal para la civilización y la salvación. Constantemente se hablaba del pecado y se inculcaba el miedo y la obediencia, y se imponía el silencio para formar cuerpos dóciles. Había una ausencia y negación a la discusión de temas sexuales. Se construía un sistema disciplinario para reproducir normas de urbanidad y el trabajo doméstico.
 

Aprendimos a repetir, a memorizar y a no cuestionar. La imposición de la educación oficial, el cristianismo, y la aspiración a la ladinización tuvo efectos en varias exalumnas. Algunas prefieren no hablar sobre la emancipación de las mujeres y menos de la resistencia de los pueblos. El destierro y la falta de afecto afectó a un grupo de internas a nivel emocional, porque muchas de ellas de desprendieron de sus familias a temprana edad y esto causó un dolor en sus corazones. En estas relaciones de dominación, se creó un modelo de ser mujer indígena al servicio de las y los blancos, las y los ladinos y de algunas familias Indígenas para controlar su cuerpo y su vida en lo económico, lo político y lo social, en otras palabras, para perpetuar la servidumbre. 
 

Yo no quiero que esta experiencia corporal y mental se repita en las nuevas generaciones, y por eso insisto a que contemos y escribamos nuestras historias, como mujeres y pueblos Mayas. Ha llegado el momento para desnaturalizar y descolonizar la educación oficial, el fundamentalismo cristiano y la dominación ladina en las escuelas y en los internados, porque éstos continúan violentando las vidas de las mujeres Mayas a través de normas y valores cargados de moralidad, religiosidad, pensamiento patriarcal y reproducción de prejuicios y estereotipos raciales que motivan a crear un modelo de mujer Indígena, para generar cuerpos reglamentados, educados y aptos para la corrección, coacción y sujeción.
 

Las normas y valores que se reproducen en la educación oficial impulsan la anulación y asimilación de nuestras identidades, porque la idea es sentir vergüenza de ser una mujer Maya, y por eso, varias mujeres dejan, borran, olvidan sus raíces, las resistencias, el pensamiento y prácticas de nuestros pueblos, que impulsa y promueve la vida de las personas y de la madre tierra. Es preciso pensar a nivel colectivo para reflexionar y cuestionar la colonización y los procesos de civilización. Existen grietas para manifestar nuestra inconformidad e indignación; urge trasgredir las normas disciplinarias para crear mentes y cuerpos en resistencia, para decir: “Aquí estamos nosotras, mujeres Mayas, y valemos”.


--Emma Chirix es una mujer Maya Kaqchikel de Guatemala. Es doctora en Ciencias Sociales por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, CIESAS Occidente, Guadalajara, México. Docente, investigadora, consultora independiente. Es autora de los siguientes libros, ensayos y artículos sobre: colonialismo, construcción de la memoria, racismo, cuerpos, sexualidad y pensamiento maya, la resistencia de los pueblos y de las mujeres Mayas.