No callarán nuestras voces: Indígenas triunfan en las elecciones generales de Nicaragua – Posicionamiento de Brooklyn Rivera

January 02, 2017

Introducción por Laura Hobson Herlihy y traducción de la introducción por Sasha Marley

A finales del 2016,  un partido político minoritario de denominación indígena, YATAMA, por sus siglas en la lengua miskitu (Yapti Tasba Masraka Nanih Aslatakanka/Hijos de la Madre Tierra), logró un triunfo importante en las elecciones generales de Nicaragua, confrontando de forma eficaz al estado totalitario del régimen sandinista.

Durante estas elecciones era de conocimiento público que Daniel Ortega, el eterno candidato del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), ganaría las elecciones presidenciales en la que no hubo ninguna candidatura de oposición real. De esta manera, Ortega junto con Rosario “Chayo” Murillo, su enormemente popular esposa y candidata a vicepresidenta del FSLN para la fórmula presidencial de Ortega, aseguraron el respaldo de al menos la mitad del país. De acuerdo a lo previsto, el 6 de noviembre Daniel Ortega resultó electo presidente de Nicaragua por cuarta vez y por tercera vez consecutiva. 

En la costa Caribe de Nicaragua tuvo lugar un acontecimiento más interesante durante estas elecciones generales. En esta región, el partido indígena YATAMA acudió por primera vez a las elecciones como un partido independiente, un hecho peculiar puesto que en el ambiente político actual, YATAMA es el único partido de oposición al FSLN en la región caribeña. YATAMA ostentaba ganar una o más curules en la Asamblea Nacional, con cinco candidatos a diputados (dos miskitos, dos kriols y un mestizo) en representación del partido indígena por las regiones conocidas respectivamente como Región Autónoma Costa Caribe Norte (RACCN) y Región Autónoma Costa Caribe Sur (RACCS). No obstante, la atención de la mayoría estaba enfocada en los resultados electorales de un solo candidato de la RACCN: Brooklyn Rivera.

Rivera es a la vez un hijo de la Nación de la Mosquitia y su máximo líder. Rivera ascendió al poder durante la Guerra de la Contra, respaldada por los Estados Unidos entre 1979-1990. Rivera utilizó esta posición como líder militar indígena para defender los derechos de autonomía regional de los pueblos indígenas y afrodescendientes. El estado Sandinista aprobó la Ley de Autonomía (Ley 28) en 1987, estableciendo dos regiones autónomas pluriétnicas en la Costa Caribe de Nicaragua. Ese mismo año, Rivera fundó el movimiento indígena YATAMA y se convirtió en el director de la organización, ahora partido político.

En el 2007, Rivera y Ortega firmaron una alianza entre YATAMA y el FSLN. Esta alianza le permitió a Rivera fungir como diputado en la Asamblea Nacional de Nicaragua y como presidente de la Comisión para Asuntos Indígenas, Afrodescendientes y Regímenes Autonómicos. En 2015, un año después de que Rivera rompiera la alianza con el FSLN, la Asamblea Nacional dominada por diputados sandinistas desaforaron a Rivera de la Asamblea de forma ilegal. El jefe de bancada del partido mayoritario FSLN acusó a Rivera de venta ilegal de tierras en la RACCN, en lo que pareció más bien un intento de acusación puesto que no no se presentaron pruebas directas que implicaran a Rivera. De tal forma, se intentó criminalizar al líder indígena de mayor renombre y reconocimiento de Nicaragua.

Lejos de acabar con la carrera política de Rivera, su expulsión de la Asamblea Nacional pareció infundirle más fuerza. La población del Caribe simpatizante con la causa de YATAMA empezó a verle como un mártir político, un chivo expiatorio utilizado por el FSLN para deslindarse de su propio involucramiento en los procesos de colonización interna e invasión de los territorios indígenas. En el 2016, Rivera estaba de regreso, lanzando su candidatura a diputado por YATAMA de forma independiente. La historia más notable de estas elecciones ha sido que Rivera logró ganar nuevamente su puesto como diputado en la Asamblea Nacional.

 

PUEBLOS INDIGENAS: TRIUNFO ELECTORAL EN NICARAGUA
Por Brooklyn Rivera

Los pueblos indígenas (Mískitu, Sumu-Mayangna y Rama) y afro descendientes (Creole y Garífuna) de la Moskitia Nicaragüense, cuyas comunidades se ubican en la Costa del Caribe  representan alrededor del 5% de la población nacional.  Estos pueblos aunque eligen sus autoridades en procesos asamblearios, a su vez participan en los procesos electorales que se celebran en el país, tanto a nivel municipal, regional como nacional. A  partir del año 1990 sus comunidades se perfilan a través de su Organización madre YATAMA con sus propios candidatos, emblema, casilla y liderazgo, primero como movimiento de suscripción popular hasta el año 2000 y luego como agrupación etnopolitica regional hasta hoy.

En su participación electoral, estos pueblos a través de su Organización han persistido en alcanzar resultados tangibles en todos los niveles y procesos realizados posteriores al conflicto armado en el país aunque competiendo en condiciones desigualdades y desleales con los partidos nacionales y de parte del arbitrio Consejo Supremo Electoral. El Movimiento YATAMA ya adaptado como partido indígena regional participo en los comicios nacionales de 2001, inscribiendo sus candidato(a)s para diputaciones regionales en ambas regiones RACCN y RACCS del país, aunque no alcanzo cosechar un cargo en ese nivel si resulto ser el primer esfuerzo de sus comunidades en la búsqueda de su representación directa en la Asamblea Nacional.

Lo anterior significa que los partidos nacionales, llámese liberales y sandinistas, son los que han predominado su influencia política electoral entre nuestros pueblos indígenas y afro descendientes desde la mal llamada reincorporación de la Moskitia en la vida del país, impuesta desde Managua con la fuerza militar en 1894. De forma tal, los contados representantes indígenas y afros que se han elegidos a través de los partidos nacionales en este período, todos han representado únicamente a los partidos y ninguno a los pueblos que han dado sus votos. Debido a eso, estos pueblos han estado invisibilizados su presencia y su agenda conteniendo sus derechos y aspiraciones siempre ha estado ausentes de la agenda y del parlamento nacional.

En la recién pasada elecciones nacionales (noviembre 2016) nuestra agrupación etnopolitica se vio obligado a asumir el desafío de una participación electoral de forma directa e independiente, sin vinculo ni ataduras con los partidos nacionales y competiendo duramente en condiciones desproporcionales con estos, en especial con el partido de gobierno. Esto es debido, primero nuestras comunidades en su gran Asamblea General celebrada a finales de febrero de este año, ante la política de colonialismo interno del gobierno, resolvió la ratificación del rompimiento de la alianza electoral con el FSLN y luego asimismo resultaron fallidos los intentos de aunar esfuerzos participativos electorales con la antigua PLI y hasta con el PLC.

 Aunque en su inicio existieron ciertas dudas en el liderazgo del Movimiento acerca de su participación independiente de cara a lograr resultados ante una condición compleja y riesgosa impuesta en el país, pronto el alto espíritu se prevaleció entre los dirigentes motivados por el entusiasmo y la plena disposición de participación mostradas de parte de las comunidades y otras estructuras y sectores organizados y afines. De forma tal, nuestra agrupación etnopolitica resulto ser la única fuerza de carácter regional participante en el proceso de carácter nacional, envolviendo la agenda de sus pueblos  bajo su propia emblema y casilla e inscribiendo sus propios candidato(a)s y batallando a abrir espacio propio de representación ante el primer poder del país.

 Ante el reto asumido, se logró diseñar e impulsar desde el Movimiento una estrategia de enfoque regionalista basada en la vida, historia, identidad, derechos y aspiraciones de sus comunidades, en ambas regiones de la Moskitia Nicaragüense. Asimismo, la estrategia de organización,  de trabajo y de liderazgo dentro de la lucha electoral se sustentó y se nutrió en el involucramiento de las mismas comunidades, sus autoridades y sus sectores afines. Mientras que los principales temas de interés que dominaron durante la lucha (en vez de campaña) electoral fueron la invasión y la depredación de los colonos, el crimen del líder indígena Mario Leman y la expulsión del articulista del Parlamento Nacional, como parte de la política anti indígena del partido de gobierno.

El Movimiento Indígena atravesó por dificultades reales dentro de su participación impuesta por los órganos electorales en los distintos niveles y de parte del partido oficial el FSLN, iniciando con su exclusión arbitraria de las estructuras electorales en todas las instancias. Nunca se nos entregó el padrón electoral que se manejaba a discreción partidaria y cambiando el lugar de votación a miles de simpatizantes y miembros de la Organización, mientras sus seguidores realizaban libremente el voto múltiple en todas las urnas electorales. Las cedulas de identidad utilizada para fines de interés partidario cargaban en bolsas llenas entregando a los adolescentes en condición de votar en la casilla 2 del partido de gobierno. Mientras las boletas electorales diseñadas para inducir a los votantes a votar en cascada o cometer nulidades, afectaron a nuestros miembros cuando nuestra casilla aparecía en una sola boleta  y final de la misma.

De igual forma, se realizó intentos de minimizar y aun anular una parte de los resultados alcanzados procurando desconocer la elección de al menos un diputado  electo en la RACCN.   Empero el resultado cosechado por el Movimiento Indígena en representación de sus pueblos refleja claramente los votos reales y solidos recibidos en las urnas y la defensa efectiva realizada en las calles de Bilwi y Waspam. Estos votos resultan y apuntan en el clamor y exigencia para la etapa de saneamiento de los colonos ocupados ilegalmente los territorios indígenas y afro descendientes, en la demanda de justicia por el crimen del líder indígena Mario Leman y en la protesta por la ilegal y arbitraria expulsión de mi persona de la Asamblea Nacional.  En todo caso, esta participación y su resultado reflejan la madurez y la fortaleza alcanzada por las comunidades indígenas y afro descendientes, ahora como pueblos con su propia agenda y liderazgo. Así sea.

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