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Mujeres jóvenes y descolonización: Cambiando la historia a través de la lucha y resistencia

Author
Diana Pastor
Adriana Hernández


Cuando se habla de descolonización, frecuentemente se hace referencia al proceso en el cual los territorios sometidos a los poderes coloniales ponen fin a su estatus de colonia. Sin embargo, esta definición suele quedarse corta al no expresar todas las connotaciones que descolonizarse significa para los Pueblos Indígenas, lo cual va desde la restauración de prácticas ancestrales, la promoción y uso de los idiomas, la soberanía Indígena, la generación de alimentos, la apropiación de la indumentaria, la recuperación de prácticas y formas de ver y entender el mundo, entre muchos otros. En la actualidad, estas luchas descolonizadoras de los Pueblos Indígenas se manifiestan en contra de prácticas e ideologías impuestas desde el “encuentro entre 2 mundos” que  resultó en el establecimiento de un sistema desigual para los pueblos originarios de Abya Yala (América).  

 

Este sistema de desigualdad, preservado hoy en día a través de nuevas formas de colonización, afecta principalmente a las mujeres Indígenas, quienes  enfrentan con mayor fuerza el racismo, el machismo, la cultura patriarcal y la violencia. Como alternativa a esta situación, muchas mujeres han iniciado procesos para contrarrestar la colonización que sigue afectándoles sin dar tregua. Considerando la importancia de dar a conocer sus luchas, hablamos con varias jóvenes Indígenas de Guatemala, Honduras y México, quienes participaron en el proyecto apoyado por CS: “Entrenando mujeres Indígenas para la Defensa de sus Derechos Humanos”, para que contaran sus historias sobre descolonización desde sus territorios y sus propias experiencias. Algunas presentan enfoques similares, y otras vivencias únicas, que nos permiten entender que la colonización no es un proceso homogéneo ni lineal, sino más bien diverso y personal.

 

Uno de los puntos de partida para la descolonización es la conciencia del ser, analizando el significado que tiene la existencia y las prácticas de vida. Por ello, la descolonización comienza frecuentemente desde las prácticas culturales y la identidad, como lo indica  Gilda Maricela Tucubal, quien es es Maya Kaqchikel y es originaria de San Juan Comalapa, Guatemala. Ella relata que su proceso de descolonización le ha impulsado a usar su idioma materno Kaqchikel y vestir su indumentaria maya, pero también incorporar y aplicar saberes ancestrales en su carrera profesional como psicóloga.

 

De forma similar, descolonizarse significa también, “nunca dejar de ser” como indica Brenda Xitumul, Maya Achí, de Rabinal, Alta Verapaz, quien recuerda que al quedarse huérfana de padre, se crió muy de cerca y al lado de su madre, siempre hablando su idioma materno y vistiendo su indumentaria maya. A pesar de que sufrió discriminacíon mientras crecía,  siempre se ha sentido orgullosa de ser quien es, porque en sus palabras: “así crecí... pienso en la fuerza de mi madre”, quien fue su principal influencia para resistirse a la colonización.
 

Los Pueblos Indígenas no sólo enfrentan valientemente su doloroso pasado, sino que reflexionan y dialogan sobre su presente para construir colectivamente su futuro. Candelaria Xí Ché, maya Q’eqchi’ de Petén refiere que es importante transmitir las prácticas de resistencia y el conocimiento ancestral a las futuras generaciones. Hablar el idioma y perder el miedo a vestir sus indumentarias originarias en espacios públicos y no sentir miedo, es fundamental para la resistencia. Junto a la apropiación y fortalecimiento de los idiomas Indígenas, la recuperación de prácticas y valores ancestrales, es fundamental el respeto a los ancianos, según indica Manuela Damiana Tzaj, Maya K'iche' originaria Nahualá, Sololá en Guatemala. 

 

Las experiencias y circunstancias particulares de cada mujer hacen que vivan sus procesos en diferentes niveles. Por ejemplo, Silvia Jacinto Mendoza, Indígena Mixteca, de Ometepec Guerrero, y menciona que ha vivido la descolonización muy de cerca a su familia: “Hemos tratado de mantener nuestra lengua materna, convivimos como lo hace una familia Mixteca, comemos nuestra comida tradicional, nos vestimos como Mixtecos y tenemos nuestros cuentos Mixtecos. Para María de los Ángeles González Ramos, Purépecha de Comachuén, en Michoacán, el proceso se ha desarrollado fuertemente a nivel comunitario. Ella menciona: “ha sido algo colectivo, participar en la toma de decisiones comunitarias, confiando en mis autoridades comunales y sobre todo haciendo valer en conjunto nuestro derecho a la autodeterminación y autonomía”. También agrega que descolonizarse es reclamar esos espacios que les son negados por ser mujer.

 

En este sentido, la descolonización  exige la deconstrucción de sistemas machistas impuestos. Angie Milady López, de origen Lenca y quien vive en Honduras, menciona que “ha aprendido a desaprender”, y desde su papel como mujer ha retomado su espacio ante las prácticas machistas, debatiendo con las mujeres que están en su círculo y compartiendo sus conocimientos a otras mujeres para que conozcan su identidad e historia. Damiana Tzaj agrega que aprender a ser independiente como mujer, exigir igualdad entre hombres y mujeres, reclamar el derecho de la participación ciudadana, además de darle el valor a la participación y opinión de la mujer, es indispensable para superar el dominio machista colonial.

 

Catarina Ajtzalam, Maya K’iche’ originaria Nahualá, Sololá en Guatemala, ejemplifica las experiencias dolorosas que tuvo que superar, ya que sus abuelos estaban colonizados con prácticas machistas y por ello dudaban de sus capacidades. Ella piensa que la descolonización se basa también en la participación en espacios públicos y en la toma de decisiones. Para Catarina, este proceso se expresa también a través del nivel de conciencia de una comunidad que quiere transformar las relaciones opresivas y violentas.

 

Otra forma descolonizadora se aborda desafiando las estructuras de poder en el sistema educativo tradicional. Por ello Rosemary Dionicio, originaria de Uspantán, Quiché en Guatemala, quiere retar a lo impuesto en las comunidades. Su deseo por descolonizarse como mujer Maya K’iche’, la inspiró a estudiar educación bilingüe intercultural para promover y apropiarse de su idioma Indígena materno. Para Rosemary, es vital atreverse a revolucionar, romper con la folclorización de los Pueblos Indígenas y dejar la sumisión mediante una participación política activa. Ella sueña con poder implementar procesos de descolonización en la niñez a través de la educación y desde las comunidades. Una de las secuelas coloniales que se expresan por medio de la educación es el miedo y desprecio hacia cualquier manifestación Indígena, como Candelaria Xí afirma: “Siendo educadora, he notado que son los mismos padres a quienes en ocasiones, no les gusta que los hijos aprendan y hablen en sus propios idiomas”. 


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ANGELICA AYALA (Nahua)


Otra participante de este entrenamiento es Angélica Ayala, Indígena Nahua, y originaria de Tepoztlán Morelos. Es activista en Derechos Humanos y defensora juvenil del territorio. Cuando era niña vio como se levantó su comunidad  contra la construcción de un club de golf que no estaba avalado por el pueblo, y ahí entendió la importancia de la defensa de su territorio y de la  organización para proteger sus recursos. Angélica indica que la nueva resistencia es clave para preservar el presente y futuro y explica cómo la descolonización inicia a través de la organización, cuando los jóvenes se involucran en fiestas comunales y luego participan en mayordomías, barrios, colonias, asambleas, poniendo más atención a las prácticas ancestrales, entendiendo el proceso de la milpa, y las ceremonias para la cosecha, además de valorizar los cerros y espacios sagrados, el agua y el temporal de lluvia. Ella expresa: “Con proyectos impuestos, como la instalación de gasoductos, acueducto, termoeléctricas, y construcción de autopistas, es necesario mantener y reforzar el tejido social, transmitir a las nuevas generaciones las razones de por qué se lucha y decir, aquí estamos, no pueden seguir haciendo lo que hacen, seguimos existiendo, resistiendo, no nos vamos ni nos rendimos, pedimos respeto y que se respeten nuestras formas de vida y territorio”.
 

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BETY PICHE (Zapoteca)

 

Bety Piche, Zapoteca, originaria de Oaxaca, México, relata que ella lucha contra las políticas homogeneizadoras del sistema educativo, y por ende cuestiona el idioma español que se quiere imponer como el sistema de comunicación entre los Pueblos Indígenas. Para Bety, la resistencia al pensamiento de occidente es necesaria si queremos conservar el legado de los ancestros. Ella ha ido apropiándose de su idioma materno junto al Colectivo Juvenil Intercultural Nuestras Voces, formado por jóvenes Indígenas migrantes que por diferentes razones han llegado a vivir a la Ciudad de México. En su propia voz, “la continuidad de los procesos de descolonización va ligada a la información; una vez que comenzamos el proceso de descolonización, no podemos parar”. También opina que para seguir resistiendo es importante que los Pueblos Indígenas estén informados y busquen sus propios medios para comunicarse. Además agrega que conservar un idioma es un elemento de resistencia cultural, pero también es un medio muy importante para la comunicación entre los pueblos y el activismo político.


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MACTZIL CAMEY (Maya Kaqchikel)
 


Mactzil Camey, Maya Kaqchikel, originaria de Chimaltenango, expresa que la resistencia también puede expresarse desde los saberes, el reconocimiento de la producción epistemológica desde las comunidades y desde el lenguaje oral de nuestros ancestros para mantener vivas las semillas, tejidos y memoria de los pueblos originarios. Mactzil sostiene que en su experiencia, ha sido vital cuestionarse lo que se impone como una verdad absoluta  Por otro lado, relata que a nivel personal, ha sido de mucha importancia dar un giro del sentido individualista que promueve el postmodernismo, a un sentido más colectivo y comunitario. En su opinión, la lucha por reivindicar la apropiación de su identidad como mujer Maya Kaqchikel, se materializa en el uso de su idioma materno, vestir su indumentaria y utilizar sus propios sistemas de alimentación. Junto a su familia, ella ha encontrado formas para seguir su camino en el proceso de descolonización. 


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SUCELY PULUC (Maya K’iche’)


Sucely Puluc, Maya K’iche’ de Guatemala, está muy convencida de que el activismo es clave para la descolonización, ante la visión de poder y racismo contra los Pueblos Indígenas. Su activismo la ha llevado a transformarse en sujeta política que habla y denuncia a partir del cuestionamiento de la visión dominante del mundo. Este cuestionamiento le ha permitido entender el mundo, porque ha abierto su mente para aprender a través de la narración oral de sus abuelos, y valorar las plantas medicinales, el cultivo de la tierra y la producción de sus propios alimentos. En su proceso de descolonización, Puluc reconoce que ha sido fundamental no solo la fuerza de otras mujeres que están en su línea genealógica, sino la de otras mujeres mayas que han aportado a su vida. Ella agradece la posibilidad de tejer caminos con otras mujeres, y exhorta  a que las mujeres Indígenas tomen los espacios que les han sido negados, apropiándose de ellos para construir sus vidas desde sus realidades e historias. 


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NAYELLI LÓPEZ REYES (Triqui)

 

Nayelli Lopez Reyes, de San Martín, Oaxaca, quien pertenece al Pueblo Indígena Triqui,  agrega que para descolonizarnos debemos evitar las nuevas formas de robo hacia de los Pueblos Indígenas y cuidar la propiedad intelectual por medio de la organización comunitaria.  Como explica ella: “en mi pueblo no dejamos que nos tomen fotografías para lucrar con nosotros, ni robarse nuestra cultura. Somos cautelosos con quienes nos visitan en nuestra comunidad, pues hay quienes tienen otras intenciones. No somos violentos pero nos cuidamos a raíz de otras experiencias que hemos tenido. El gobierno y la gente de la ciudad, suelen pensar que somos menos, por nuestra forma de hablar, de caminar, de pensar, por vivir nuestra cultura. Sin embargo, ser firme con nuestras ideas, creencias, formas de vida es resistir ante la colonización”. 
 

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GRACIELA LÓPEZ  (Amuzga)
 

Graciela López, Indígena Amuzga de una comunidad en Xochistlahuaca, en Guerrero México comenta ese momento en que se cuestiona al “ser” como un sujeto colonizado, y se toma la decisión de deconstruir.  Ahí, surge un sentimiento de retornar a las raíces y buscar “ese abrazo caluroso de la comunidad”. Graciela menciona la violencia, racismo y discriminación vivida durante su vida y recuerda el tiempo en que dejó de hablar el idioma Amuzgo cuando se mudó a una ciudad donde había más personas blancas que Indígenas. Sin embargo, ella resalta que “negaba su cultura en palabra, pero su cuerpo y pensamiento le decían que era parte de un Pueblo Indígena”. Ella anhelaba conectarse con sus raíces e identidad, por lo que cuando se le presentó la oportunidad de estudiar en una universidad con pensamiento Indígena, no dudó en hacerlo. La educación fue una herramienta para iniciar fuertemente su proceso de descolonización, abriendo su corazón a su propia historia y lucha por la defensa del territorio frente a proyectos eólicos y mineros que, en sus propias palabras “parten en pedazos la tierra pero también a los Pueblos”. 

 

“Para descolonizarse es importante, buscar rebeldía, replantearse el control sobre nuestros cuerpos e ideas y dejar de tratar de ser como las mujeres occidentales; dejando de correr a sus ritmos, modas y criterios, construyendo un pensamiento propio, recuperando prácticas de vida y siendo parte de la organización comunitaria. Necesitamos sentirnos orgullosas al ver nuestra piel morena, nuestros pies que no son de princesa, nuestro bello rostro Indígena”.

 

Foto superior: Participantes del proyecto: "Entrenando mujeres para la defensa de sus derechos humanos". Parte superior de izquierda a derecha: Silvia Jacinto, Rosemary Dionicio, Maricela Tucubal, María de los Angeles, Brenda Xitumul. Abajo, de izquierda a derecha: Catarina Ajtzalam, Damiana Tzaj, Candelaria Xí, Angie Milady Lopez.