El viaje de la auto aceptación

Daniel Nizcub
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Nací en la Ciudad de México, pero soy un hijo de migrantes zapoteco-Mixtecos que se mudaron allí en los años 70. A los 12 años, volví a mis raíces, a Zaachila, Oaxaca. Ahora tengo 35 años. Soy un hombre transgénero al que le gusta escribir poesía, y comunicólogo de profesión. Tomo hormonas y soy heterosexual, pero también hay hombres trans que pueden ser homosexuales o bisexuales.

En este momento, el zapoteco no se habla mucho, pero los jóvenes están haciendo esfuerzos para rescatar el idioma. Yo mismo he tomado clases para aprenderlo, pero los esfuerzos para rescatar el idioma son débiles, debido a la falta de fondos. Creo que hay diferentes formas de revitalizar lo zapoteco, a través de nuestra historia y nuestras tradiciones.

Mi infancia transcurrió en la Ciudad de México, donde mis padres trabajaban en un hospital como químicos. Vivíamos cerca de la casa de mi abuela materna. Ella vendía muchos productos de Oaxaca, por eso, tuve contacto, por ejemplo, con el mezcal. Tuve una infancia feliz. Cuando llegué a la adolescencia, todo cambió. Mi cuerpo cambió, los senos comenzaron a crecer y comenzó a formarse un cuerpo femenino. Esto fue un shock. Cuando era pequeño, siempre imaginaba que al día siguiente me despertaría siendo un niño.

Mi familia regresó a Oaxaca cuando yo tenía 12 años. Fue un gran cambio, todo era muy diferente, excepto la comida -donde quiera que vaya la gente de Oaxaca, lleva consigo sus tradiciones culinarias. Comprendí las diferencias de espacios. Necesitaba a mis amigos y enfrenté los dilemas de mis cambios físicos. Si en ese momento hubiera conocido el término "trans" o que existían otros transexuales, todo habría sido más fácil para mí. Probablemente habría hablado con mis padres. Pero no lo sabía. Me atraían las chicas, pero me sentía diferente y no encajaba en la definición de lesbiana. Ese fue otro shock. Mis relaciones con otras personas fueron confusas. Me sentía perdido, fuera de lugar.

Mi decisión de conocerme y aceptarme como trans lo debo en gran parte a las redes sociales. Las redes sociales me hicieron saber que existía toda una comunidad. Encontré a un hombre en los Estados Unidos que describió sus cambios en YouTube. Busqué en español y encontré una persona trans en España. Cuando tenía 29 años, comencé a buscar personas en México y Oaxaca. Las mujeres trans son más visibles debido a una serie de factores sociales. Cuando no pude encontrar hombres trans, comencé a preguntar a las trabajadoras sexuales sobre sus tratamientos hormonales. Fue a través de Facebook que logré conectarme con personas en mi misma situación a nivel local y, en el resto de México. Hay 25 hombres transexuales en todo Oaxaca.

 

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Las redes sociales también me motivaron a tomar la decisión final de comenzar mi transición. Le pregunté a mi sexólogo por qué no había otros hombres trans, y él dijo que es común que los hombres que han terminado su transición comiencen una nueva vida y se vayan. Estaba decidido a quedarme en Oaxaca, no quería irme. Hice mi transición en compañía de mi familia, mis amigos y la gente de la comunidad. Toda mi transición fue en Oaxaca.

Lo más difícil ha sido el miedo a mí mismo. He sido muy afortunado y privilegiado porque no he experimentado abuso físico, emocional o violencia debido a mi situación de género. Lo que no ha sido tan fácil es hablar con otros hombres trans. Me identifico hablando con ellos porque los hombres trans tienen problemas y dificultades particulares, muy diferentes de los de las mujeres trans, que soportan mayores cargas sociales, precisamente porque son mujeres. Cuando escucho sobre agresiones sexuales de personas en proceso de conversión, las que suceden en la ciudad o en los pueblos, me invade el temor de que algo feo me pueda pasar. Nadie está exento en este país de estas cosas. 

Estar con mi familia es algo que valoro mucho, una suerte que nunca perdí y, que nunca estuvo en riesgo como resultado de mi transición. Uno de los momentos más dulces de mi vida fue un día en que conducía mi automóvil y, ya habían pasado dos meses del comienzo de mi tratamiento hormonal. Ese día me sorprendí porque oí un cambio en mi voz. Mi voz sonaba diferente… parecía inundar mi pequeño auto. Esto fue muy significativo para mí porque estaba involucrado en la radio comunitaria y la gente me conocía por mi voz; empecé en la radio en 2006 y mi voz ahora se escuchaba diferente. Sentí miedo porque la gente no solo me conocía por ser el hijo de mi madre, sino también por mi trabajo en la radio, por mi voz. Terminé escribiendo un poema llamado "Mi voz".

 

Para Ella

Hace tiempo que las alegrías se quedan en el baúl 

a resguardo del veneno de otros. 

Éste es un camino lleno de pecados.

Éste es un camino lleno de pecados. Pero llegará el final 

¿Hasta entonces nos alcanzará el olvido? 

Cómo explicaré la extinción de su voz y sus nuevos silencios. 

O que sus palabras ahora serán sonrisas lejanas,

 para quien no quiera escuchar. 

Cómo justificaré su muerte 

cuando amanezca desnuda sobre la cama, 

con un falo imaginario en la mano y el pecho ensangrentado. 

¿Para qué disculparme de su muerte si yo también la perderé? 

Yo también presenciaré su entierro,

 lanzaré a su tumba las flores que sean necesarias para que parta feliz. 

Después vivirá en mi memoria, 

en las cicatrices que dejará su paso por mi cuerpo, 

se asomará al espejo de vez en cuando sólo para decir adiós. 

Estará feliz de despedirse una, dos, infinitas veces. 

Le permitiré hacerlo, que parta todas las veces posibles. 

Y todos pedirán que pronuncie palabras en su nombre;

 ¡pero no lo haré! Lloraré a mi manera: a solas con ella y en paz.

--Daniel Nizcub

 

En mi trabajo en el ámbito cultural, creo que tengo mucha influencia de mi cultura Mixteca, donde hay mucha cercanía con la tierra. Influye mucho en el trabajo cultural y comunitario que hago, la relación con raíces Zapotecas de Oaxaca. Lo que escribo aquí está influenciado por el Mixteco "de allí". En lo “de allí" está mi abuela, que me contaba muchas historias tradicionales, y en una cabaña en el campo que visito con mi familia, donde puedo recordar lugares y paseos con mi abuela en busca de hongos. Tengo tías, tíos y primos, pero no desempeño ningún trabajo o tengo vida en la comunidad Mixteca. No creo que se deba a mi transición.

En la comunidad Zapoteca, no ha sido difícil para mí porque mis familiares son conocidos como promotores culturales y por mi trabajo en la radio. En la comunidad hay un reconocimiento hacia mi familia y de mis contribuciones. En mi comunidad, el tema de la diversidad sexual se toma de manera diferente porque hay muchas personas que expresan su orientación sexual, viven en pareja, en familia y hacen su contribución. El grupo de “Las Güeras”, por ejemplo, ha sido apropiado por la comunidad diversa. Se ha convertido en una fiesta para que los hombres puedan jugar con sus roles de género; muchos se visten como mujeres, y hay personas trans que también participan. Este es un ejemplo de la apertura de los Pueblos Indígenas a la diversidad.

En cuanto a las comunidades trans de nuestros pueblos, no me siento capaz de juzgar a aquellos que deciden migrar. Aquellos de nosotros que nos quedamos tenemos que reflexionar mucho sobre nuestras relaciones y la relación con el resto del tejido social. He conocido personas de otras comunidades que han tenido que irse. En mi caso, la comunidad me aceptó y todavía estoy aquí. Ya es una tarea para nosotros hablar por nosotros mismos y usar todos los espacios como este para decir "aquí estamos".

Imagen principal: Daniel Nizcub, que se identifica como un hombre trans, posando con el libro de poesía.

Todas las fotos por Bia'ni Madsa' Juárez López

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