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Siguiendo el latido de su propio tambor: una conversación con Nuka Alice

Cada año, la ciudad ártica de Nuuk acoge el Festival de Artes Suialaa, que pone el foco en el arte visual Indígena contemporáneo, el cine, la literatura, la música, otras expresiones culturales, así como conversaciones comunitarias de toda la región circumpolar. En el centro del panorama artístico de este año estuvo la práctica cultural inuit —antes en peligro— conocida como danza del tambor, gracias a la portadora de cultura Nuka Alice (Inuk). Para Alice, la danza del tambor no es solo un arte; es un viaje entre los mundos físico, mental y espiritual de Kalaallit Nunaat (Groenlandia).

 Cristina Verán conversó con Alice sobre su trayectoria, desde una temprana sensación de desconexión cultural hasta convertirse en transmisora de esta expresión vital, que ha ayudado a sus pueblos a sobrevivir y prosperar en un entorno tan peligroso y duro como hermoso.

Cristina Verán: ¿Qué significa para ti ser danzante del tambor?

Nuka Alice: Este término en inglés no abarca todo lo que hago, pero se usa para referirse a quien utiliza el qilaat, mi tambor. Golpeo este tambor para seguir el latido de mi corazón, usando mi voz para crear una melodía y mi cuerpo para bailar. Tengo que sacar la emoción de la canción para contar su historia con una intención espiritual, con el objetivo no solo de hacer música, sino de viajar entre dimensiones.

CV: ¿Cómo defines esas dimensiones? ¿Son físicas? ¿Metafísicas?

NA: Como Inuk, reconozco tres elementos que en conjunto conforman a la persona en su totalidad: una parte física, una parte mental y una parte espiritual. Cuando puedo encarnarlas a la vez, es cuando se me eriza la piel. Hay una energía que emana de nuestros cuerpos más allá de los límites de donde termina nuestra piel. La sentimos cada vez que pasamos junto a otra persona, algo que he notado siempre que he conocido a otras personas Indígenas. Cuando actúo, intento proyectar esta energía hacia quienes comparto mi tambor, entregándome por completo a la canción”.

CV: Si bien las tradiciones de esta interpretación se desarrollaron de manera comunitaria, tú también escribes tus propias canciones. ¿Cómo concilias lo personal y lo colectivo?

NA: El concepto de “poseer” una canción realmente no forma parte de mi cultura. Yo solo soy un canal de algo que es más grande que nosotras y nosotros como personas. Puede que haya escrito una canción en particular, pero como Inuk entiendo que, en última instancia, pertenece a lo que llamamos Sila: la fuerza universal que conecta a todos los seres vivos de este mundo con la vida y la energía como parte de una sola conciencia. No se trata tanto de mí, Nuka Alice, actuando; más bien, se trata de mí como canal de Sila.

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 Nuka Alice interpreta una canción con tambores junto a Ingiulik, un proyecto musical y grupo de performance del que forma parte, en la sala GUX de Nuuk, Groenlandia. Fotografía de Cristina Verán.

CV: ¿Cómo se relaciona esto con las creencias de tus ancestros?

NA: Sigo los mismos principios al interpretar mis canciones que los que se pueden apreciar en nuestras canciones más antiguas y tradicionales. Cuando comparto una canción en un entorno físico, donde hay seres vivos que escuchan, creo que las almas de mis antepasados también están [escuchando], ayudándome a sacar el alma de cada canción.

CV: ¿De qué manera esta interconexión entre los distintos reinos se refleja en la experiencia general y en los modos de vida que comparten los pueblos Inuit en todo Kalaallit Nunaat?

NA: Como ocurre en muchas otras culturas Indígenas, el ego individual no se considera algo positivo. Por el contrario, lo más importante es el bienestar del grupo. Una persona no puede sobrevivir sola en el duro entorno del Ártico. Es necesario formar parte de un grupo. Quiero crear siempre, a través de mis actuaciones, un espacio en el que todos los espectadores puedan sentir verdaderamente que pertenecen a algo.

CV: ¿Cómo heredaste la tradición de la danza del tambor?

NA: Soy de la costa oeste de Groenlandia, donde esta tradición casi desapareció con la colonización. A diferencia de mis ancestros, no heredé directamente ninguna de las canciones tradicionales de mi comunidad: tuve que recuperarlas.

 Crecí cerca del coro de mi madre, así que tenía una idea de cómo sonaba la música hermosa, pero en los años 80, cuando era niña, escuché en la radio una canción de tambor del este de Groenlandia cuya belleza era algo distinto. La cantante, Miilikka Kuitse, de un poblado llamado Kulusuk, había sido grabada en un encuentro una década antes, cuando hubo un movimiento de revitalización de la cultura Inuit. Tiempo después, vi en la televisión a un danzante del tambor cantando con un coro. Aunque veía con mis propios ojos que estaba físicamente allí, también intuía que él estaba en otra parte, que no estaba del todo presente.

La primera vez que realmente experimenté a alguien interpretando esa música en la misma sala que yo fue en 1997, cuando se inauguró Katuaq (la casa de la cultura de Groenlandia en Nuuk) y se presentó un grupo de bailarines de tambor, entre los que se encontraba la hija de Miilikka, Nagui (Anna Kuitse). Los cantantes hablaban un dialecto diferente al mío, por lo que no podía entender del todo las palabras. Me sentí desconectada y, de alguna manera, conectada al mismo tiempo.

CV: ¿Cómo impactó la experiencia de invasión y colonización en la transmisión intergeneracional del conocimiento en Groenlandia?

NA: Empieza con el cristianismo, que llegó aquí en 1721. El primer misionero, Hans Egede —un sacerdote luterano de Noruega— llegó buscando a los vikingos. Cuando se dio cuenta de que ya no quedaba ninguno, se dedicó a convertir al pueblo Inuit. Como nuestra danza del tambor contiene un elemento espiritual, la desaprobaban y no la veían compatible con lo que querían implantar aquí. Hizo falta un sacerdote Indígena groenlandés para cambiar las cosas. Para él, la práctica no era inherentemente una amenaza para el cristianismo. Vio el valor cultural de la danza del tambor y, de hecho, animó a la gente a preservarla.


CV:  ¿Cómo comenzó tu recorrido personal de recuperación?

NA: Como no heredé ninguna canción tradicional de mi propia comunidad, tuve que aprenderlas en otros lugares. Mi maestra, Paulina Lumholdt, de la costa oeste de Groenlandia, se reunía con las personas mayores, quienes le contaban que cada vez menos integrantes de esas comunidades continuaban la tradición. Ella pudo ver entonces lo importante que era asegurarse de que las canciones no desaparecieran.

En su clase, dedicaba muchísimo tiempo a explicarnos el significado de las canciones y sus historias. Yo era joven y muy impaciente en ese entonces, y pensaba: “¡Vamos, tomemos el tambor y hagamos esto!”. Pero ella nos decía: “No, todavía no. Primero tienes que entender lo que significa”. De esa manera, también me enseñó paciencia.


CV: ¿Tenías alguna experiencia previa en la música o en la interpretación?

NA: De hecho, yo formaba parte de una banda de rock e interpretaba música ajena a mi propia cultura. Seguía asimilada a una mentalidad y un sistema de valores occidentales, y tuve que desaprender muchas cosas. Al haber formado parte de un coro contemporáneo, mi enfoque del proceso de aprendizaje era muy técnico. Pero este tipo de música no se puede pensar en términos de perfección técnica: mi maestra me enseñó a ir mucho más allá. Una de mis piezas favoritas para interpretar ahora se llama Aqaat, una canción-amuleto, que es como una canción de amor pero para un niño o una niña, creada para una sola persona. Es como un reforzador del ego que le dará a esa persona mucha confianza.


CV: ¿Cómo se compara tu experiencia como docente con tus años como estudiante?

NA: Cuando ahora imparto mis propios talleres, las y los participantes se impacientan, tal como me pasaba a mí.

Pero yo les digo: los Inuit sobrevivieron durante generaciones en Groenlandia porque, a través de nuestras canciones de tambor, cada generación transmitió su conocimiento a la siguiente. Este es un conocimiento que nuestro pueblo había perdido y estamos aquí para recuperarlo juntos.

 

*El nuevo cancionero de Nuka Alice, Inggerta, presenta una colección de sus canciones de danza con tambor, acompañadas de su historia y contexto cultural. Contacta con Ipera para cualquier consulta.

 

Cristina Verán es una investigadora especializada en pueblos Indígenas a nivel internacional, educadora, estratega en materia de defensa de derechos, creadora de redes y de contenidos multimedia, además de profesora adjunta en la Tisch School of the Arts de la Universidad de Nueva York.

Foto principal: Nuka Alice. Fotografía de Angu Motzfeldt.

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