Narrador, poeta, amante de la vida: Gabael Otzoy

Comalapa (chi Xot en idioma Maya Kaqchikel) es un municipio conocido en toda Guatemala por la producción de arte y artistas Indígenas. Con más del 95% de población Maya Kaqchikel, este lugar se ha convertido en un referente del tejido, la escultura, la pintura, la música y la escritura. Niños y niñas, jóvenes, abuelos y abuelas producen obras artísticas; algunas de ellas, han trascendido fronteras. El arte se puede observar desde la entrada al municipio con el cementerio, el cual, lejos de parecer un lugar triste, se muestra alegre y colorido con murales plasmados en sus paredes que presentan pasajes cotidianos Indígenas, dando la bienvenida a todo aquel que llegue al pueblo. Recorriendo las coloridas calles en los que resaltan llamativas pilas y lavaderos públicos, en los que artistas locales han plasmado bellos murales acerca de la historia y cultura comalapense, encontramos la casa de Gabael Otzoy, quien se unió a Cultural Survival en el 2020 como Asistente de Tecnología y co-coordinación del Proyecto de Jóvenes Becarios. Gabael es Maya Kaqchikel, y ama escribir, conocer, descubrir el mundo, y desaprender de los conocimientos que le han enseñado, rescatando los saberes ancestrales de su Pueblo.


Cuando Gabael era niño, disfrutaba leer todo lo que llegaba a sus manos. Comenzó a participar en concursos de poesía escolar y certámenes literarios municipales conocidos en Guatemala como “juegos florales” donde obtuvo algunos premios y reconocimientos. Sin embargo, no fue hasta que conoció personalmente a algunos escritores Indígenas de chi Xot, cuando incursionó en el mundo de la escritura, derrumbando los esquemas aprendidos acerca de la poesía. Él manifiesta: “La cotidianidad, el contexto, la historia y los códigos de mi comunidad, hicieron expresar mi sentir, pensar y vivir por medio de las letras”.  Al cumplir 20 años, comenzó a presentar y leer sus escritos en festivales de arte y lecturas locales. Ahora, por razones personales no publica sus libros en papel, pero comparte sus creaciones en su blog: https://tzununkaj.wordpress.com Actualmente forma parte del colectivo de escritores Kaqchikeles “Ajtz’ib’” que promueve el arte en todas sus manifestaciones, en especial la literatura en idioma Kaqchikel. 


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Su identidad está estrechamente ligada a sus creaciones. Sentirse Indígena, ha sido y continúa siendo un proceso constante. Los modelos curriculares en Guatemala, suprimen intencionalmente la valoración y re significación de la identidad Indígena y comunitaria; en consecuencia y contraste, se implanta aún el aprecio y valoración a las culturas ajenas ante las culturas originarias. Sin embargo, Gabael afirma que el sentido de curiosidad, amor y pertenencia de su propia cultura, lo condujo a escribir sobre la vida, la libertad, las emociones y sentimientos de su gente, pero también sobre las condiciones sociopolíticas y socioculturales de su Pueblo. De esta forma, su comunidad y entorno son fuentes inagotables de inspiración de las que emanan bellos y profundos escritos.


Otra fuente de inspiración para sus poemas, han sido las creaciones de poetas Indígenas, como el reconocido escritor Maya K’iche’ Humberto Ak’abal, originario de Momostenango, Totonicapán, (recientemente fallecido), y una extensa red de poetas en Iximulew (Guatemala) y Abya Yala, con quienes la vida le ha permitido compartir y de quienes ha aprendido y admira profundamente. A nivel más local y cercano, reconoce las enseñanzas de sus amigos escritores del colectivo Ajtz’ib’, que agrupa no sólo a escritores sino a personas de distintas edades y variadas habilidades artísticas, entre las que destacan pintores, muralistas, actores de teatro, tejedoras, entre otros.


“Ser parte de un colectivo tan variado es realmente interesante, dado que nuestros eventos son generalmente espontáneos”, menciona. “En ocasiones nos reunimos en casa de alguno de los miembros del colectivo, leyendo poesía alrededor del fuego y compartiendo” agrega. Se han realizado pregones poéticos en las calles de la localidad, durante los cuales han motivado a los jóvenes a cultivar su amor por la poesía. El año pasado, organizaron un festival poético a nivel hispanoamericano, en el que invitaron a veinte escritores Indígenas a leer poesía en sus idiomas originarios, demostrando que el amor por la poesía unifica, hermana y abraza, superando la barreras del idioma.


Recientemente, sus poemas fueron incluidos en la antología digital “Nab’ey Tik’on” (Primera Siembra) que reunió poesías de 13 autores, hombres y mujeres jóvenes Kaqchikeles de Comalapa. Gabael expresa: “Uno de los retos como maya Kaqchikel es plasmar las ideas y vivencias que nacen desde mi ser y en mi idioma originario; sin embargo, de conversaciones espontáneas y cotidianas que tengo con familiares y amigos hablantes Kaqchikeles, surgen pensamientos e ideas que difícilmente nacerían en un entorno no Indígena.  La fuerza y el sentir de la poesía se diluye cuando uno piensa en castellano y fuerza a traducir después esos pensamientos en nuestro idioma Indígena. Lo mismo sucede al escribir en Kaqchikel primero y luego querer traducir esos escritos en español”.


Gabael no se define como artista, más bien se visualiza a sí mismo como un narrador de historias, un observador y amante de la vida y sus detalles. Tiene un alto aprecio por la contemplación, la reflexión, la convivencia y el arte de escuchar. Ama la vida, el arte y la diversidad en todas las manifestaciones que contribuyan a la hermandad y armonía personal y comunitaria. Desde que inició su trabajo apoyando el proyecto de Jóvenes Becarios, ha tenido la oportunidad de conocer a jóvenes de diferentes Pueblos Indígenas, quienes se han convertido en una nueva fuente de inspiración y respeto. Él dice: “El trabajo que hacen desde sus comunidades es admirable. En el corto tiempo que he contribuido en este proyecto, organizamos junto al equipo de CS, talleres virtuales de escritura creativa. Esto ha motivado mucho a los jóvenes a plasmar sus historias y cultura, y manifestarse al mundo”.


Lea algunos de los poemas de Gabael Otzoy: 

 

Luciérnaga

Estabas ahí, luciérnaga.
Te ví alumbrando mi callejoncito,
ese caminito todavía de tierra y piedras,
donde aún brotan sin permisos
el apazote, el llantén y los dientes de león.
Ahí, luciérnaga,
te vi jugando con el viento y la noche,
danzando con tu alas abiertas
al son de la chirimía y la marimba.

Invitaste a tus amigas, luciérnaga,
a bailar con los ronrones y los hormigas aladas
que menospreciaron tu tibia y encantadora luz
por la iluminación y el calor artificial.
Tontos ellos, luciérnaga,
se perdieron de tu compañía
y tus delicados paseos
entre la chilca, el aguacate y el manzanal.

Te veo, luciérnaga,
seguir alumbrando mi callejoncito,
donde los grillos te cortejan
por lo chula que brillas,
como patoja bonita
en su corte de morga y güipil rojo amarillo de Patzún.
Suspiro, luciérnaga,
eres la estrella danzante
que la lluvia viene a anunciar.

©ogabael

Pigmento café

Pigmento café es nuestra piel,
como el color del caldo de maíz rojo,
que adorna y perfecciona
el atol blanco servido en escudillas de barro
en una tarde cualquiera en el parque de Chi Xot.

Pigmento café nos recubre,
como el tono de los techos
de las casas en nuestros pueblos,
que testigos mudos

de nuestras historias y estaciones,
nos resguardan como cálidas madrigueras:
color teja somos, color lámina oxidada.

Pigmento café nuestro pellejo,
como la tierra misma de donde venimos,
como la tierra ansiosa que espera el regreso,
como los pezones de nuestras madres
de donde nos hemos nutrido,
como los tatuajes que el comal dibuja
en las tortillas con las que subsistimos.

Pigmento café es el frágil revestimiento
de los templos pasajeros que habitamos,
cuya tonalidad colorea el astro rey
en la travesía fugaz de nuestros días inciertos,
a veces afortunados, a veces sombríos;
unos esculpidos en las zafras,

en los cafetales,
en las minas a cielo abierto,
en las obras privadas,
o en los monocultivos voraces;
otros, con poco más de suerte,
en la libertad de la milpa propia,
en el bosque húmedo rajando leña,
o en las tupidas y sobreexplotadas parcelas
donde cultivamos el sustento.

Pigmento café nuestra elástica
y compleja cáscara geométrica,
que protege los hilos y ramas internas
por donde viaja la savia roja de nuestros ancestros
que nos subsiste,
que nos enerva,
que nos hierve,
que nos brota,
que retoña.

Pigmento café como la corteza de pino,
como las aguas de lluvia sedimentadas,
como la tierra labrada tras la tapisca,
como la barba reseca de la mazorca,
como los cabos de hacha y de azadón
de nuestros abuelos y padres,
como las ollas, los jarros y el comal de barro

de nuestras abuelas y madres,
como el café hervido preferido,
como el güipil, cuerpo-historia-resistencia,
que nuestras hermanas aún tejen,
como la piel curtida de los campesinos,
como el suelo que los niños desnutridos pisan descalzos.

Pigmento café que nos habita,
pigmento café que nos inunda.
 

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