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El embajador Indígena del hiphop: Def-I representa la diplomacia con amor por su tierra y un micrófono en la mano

Por Cristina Verán


Desde los cyphers callejeros y las batallas de rap en la Rez (Reserva) hasta la construcción de comunidad intercultural en continentes lejanos, Christopher Mike-Bidtah (Diné) —también conocido como Def-I— ha forjado una carrera al abordar su oficio como una práctica cultural viva, moldeada por el lugar, la lengua y la memoria. 


Su trayectoria traza linajes Indígenas del hiphop en el suroeste de Estados Unidos que a menudo se pasan por alto, particularmente en la región de las Cuatro Esquinas (Four Corners), donde quienes participan han representado durante décadas los Cuatro Elementos fundacionales de la cultura: MCing, DJing, breaking y arte del graffiti. Como un nuevo tipo de portador de cultura, Def-I entiende su vínculo con el hiphop no solo como una actuación, sino como una responsabilidad: una que lo llama a usar su voz al servicio tanto de la música como del movimiento.


En conversación con Cristina Verán, Def-I reflexiona sobre sus influencias tempranas, experiencias formativas y contribuciones destacadas, así como sobre lo que significa para él ser miembro tanto de la Nación Navajo como de otra “tribu” mucho más reciente, que surgió por primera vez en la década de 1970 en el Bronx, Nueva York.


Cristina Verán: Cuéntanos un poco, primero, sobre dónde creciste y el entorno en el que te criaste.


Def-I: Nací en Albuquerque y me crié en una parte de la ciudad que la gente local llama “la zona de guerra” porque hay mucha pobreza alrededor. Aun así, cuando era niño, se sentía como un lugar genial para crecer porque nuestros vecinos y amistades eran una mezcla muy chévere de personas. Me mudé a la Rez, a Shiprock (en la Nación Navajo), para comenzar la primaria —un gran cambio para mí— y después anduve de un lado a otro, también por Farmington y luego Gallup, antes de volver a Albuquerque en la adolescencia.


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En el Parque Nacional de Yellowstone, Wyoming. Foto de Joshua Mike-Bidtah.
 

CV: ¿Cuáles son algunos de tus recuerdos fundacionales vinculados al hiphop y qué hizo que, en particular, la música resonara contigo?

D-I: Run DMC fue el primer grupo que escuché en la radio y que realmente me gustó. Me encantaba el ingenio con el que ellos y otros raperos usaban las palabras y cómo contaban todas esas historias en sus rimas. De hecho, tengo que darle crédito a mi mamá por haberme inculcado ese aprecio, porque valoraba la educación y me enseñó a leer y a escribir cuando yo era muy pequeño. Desde entonces me enamoré de las palabras: ver cómo fluían sobre el papel, en las rimas de los poetas y a través de la música del hiphop

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Por entonces, en Shiprock, tuve un profesor de poesía muy buena onda, el señor Kelly, que era originario del Bronx. Le gustaba mucho el rap por su juego verbal y nos animaba a hacerlo, así que nos reuníamos para interpretar nuestras propias rimas originales durante los slams de poesía en nuestra preparatoria.


CV: Cada comunidad local de hiphop, más allá del lugar de origen de la cultura en Nueva York, desarrolla su propia “genealogía” en relación con el movimiento y dentro de este. ¿Quiénes son algunas de las figuras anteriores del hiphop Diné que deberíamos conocer?

D-I: ¡Muchos de nosotros estamos metiéndonos de lleno en esta historia ahora mismo! Me sorprendió enterarme de que ya había breakers bailando en mi Rez desde los años 80, b-boys como Majestic Rockers, por ejemplo, que enseñaron a la siguiente generación que yo terminaría conociendo en mi propio camino. En cuanto a los MC (raperos) de aquí, Chandler Willie era genial y solía pasarse seguido por las jams (sesiones improvisadas) de Shiprock. También estaban Mystic & Shade y mi hermano mayor Shane B. Recuerdo también a otro rapero diné llamado Natay. De hecho, una vez, cuando yo era pequeño, Chandler lo llevó a mi casa por sorpresa. Era todavía temprano y yo estaba dormido, pero mis papás lo dejaron pasar a mi cuarto. De pronto, ahí está Natay, gritándome: “¡Despierta! ¡Despierta! ¡Despierta! ¡Es primero de mes!” Nunca se me va a olvidar.

En cuanto a otros artistas Indígenas de hiphop pioneros (no Diné), los más conocidos aquí eran Supaman (Apsáalooke) y, antes que él, Litefoot (Cherokee) —quien solía venir bastante a mi Rez, trayendo también a otros raperos nativos para que se presentaran.

 

CV: En lo que respecta a la escena y a las personas que la integran, ¿qué fue lo que empezó a atraerte más profundamente hacia una especie de momento de “iniciación” o “mayoría de edad” en el hiphop, por así decirlo?

D-I: Bueno, yo admiraba a un DJ llamado Cedro (Bert Benally), un coleccionista serio de discos que construyó su propio sistema de sonido para armar jams en la Rez. Cada vez reunía a un montón de artistas para presentarse: MCs (raperos) y, sobre todo, DJs como Cutting Bear (ahora conocido como Poetic Cee), Abel Rock y otros. Entonces, un día, me pasó el micrófono y ¡rapeé para el público! Después de eso empecé a participar en competencias de MC para batallar contra otros raperos y en el proceso fui mejorando.

Mientras tanto, la Feria de la Nación Navajo en Window Rock había comenzado a organizar batallas de baile de b-boys y b-girls, y el Phunky Foot Rhythm Crew estaba organizando algunos eventos de hiphop geniales. Luego, un tipo llamado Mike 360 empezó a hacer un montón de jams increíbles en Albuquerque, incluso trayendo a algunos de los Elders del hiphop de Nueva York —conocí a las leyendas del graffiti Phase 2 y Coco 144 en una de ellas—. Entre 1998 y 2002, aproximadamente, fui a tantas como pude y eso me llevó a encontrar a otras personas con ideas afines que eventualmente se convertirían en algunos de mis mejores amigos y colaboradores.

Pronto se me hizo evidente que el hiphop no era solo algo en lo que me metí por diversión, sino más bien como: “esto es quién soy”, como una identidad.

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 En el Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de la Universidad de Nueva York, junto con el rapero Bobby Sánchez (Quechua) y el profesor Renzo Aroni Sulca (Quechua). Foto de Cristina Verán.

CV: La experiencia social original del hiphop estuvo (y para muchas personas sigue estando) centrada en lo colectivo, formando un nuevo tipo de “tribu”, por así decirlo. Como persona Diné y como hiphopper, la identidad que abrazas te ancla en ambas comunidades: una desde el nacimiento y la otra por elección. ¿Cómo empezaste a conectar con otras personas Indígenas aficionadas al hiphop que, como tú, también recorrían esos dos caminos?

D-I:
 Había oído hablar de un colectivo de hiphop compuesto íntegramente por nativos en la región llamado Foundations of Freedom, cuyos integrantes eran principalmente Diné, Hopi y de algunos de los Pueblos. Empezaron sobre todo como un crew (grupo) de baile y luego se sumaron también algunos DJs y escritores de grafiti. Toda su vibra conectó mucho conmigo, así que cuando me enteré de que necesitaban un MC (rapero), manejé para reunirme con ellos en Gallup, donde vivía la mayoría en ese entonces. Así fue como pasé a formar parte de un crew y mi amigo, Wake Self [q. e. p. d.], también fue reclutado para rapear conmigo en sus eventos.

 

CV:¿En qué momento empezaste realmente a grabar tu música?

D-I:
Mi hermano mayor, Laurence Shane Bidtah (también conocido como Shane B), quien ya era reconocido por organizar el Rez Life Music Fest en Shiprock, también era poeta, y me dijo que quería que escribiéramos y grabáramos unos versos juntos. Nos juntamos con un vecino de nuestra Rez, Gabe Dixon, para que hiciera beats sobre los que pudiéramos rimar.


CV: Desde el battle-rap distintivo, intrincado y a toda velocidad que desarrollaste en presentaciones en vivo hasta las formas en que has perfeccionado tu oficio para grabaciones de estudio más pulidas, ¿cómo describirías tu estilo? ¿Sientes que ha cambiado mucho con el tiempo?

D-I:Definitivamente, mi estilo ha evolucionado. Siempre he sido bastante agresivo al micrófono, pero he aprendido a controlar parte de esa energía cuando intento enfocarme más en el mensaje que quiero compartir. Describiría mi fluidez rítmica como el agua, con muchos “brotes”, en una especie de trayectoria cursiva, frente a una interpretación lírica más entrecortada y directa.
Aprendí a hacer pausas, a tomar aire, dejando que eso afecte la manera en que salen mis palabras para que el oyente tenga unos milisegundos extra para absorber el mensaje, justo antes de retomar el ritmo y empezar a rapear rápido otra vez.

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Con estudiantes de secundaria en Ramah, Nuevo México, durante una reciente visita a las escuelas del condado de Gallup-McKinley. Foto cortesía de Def-I.
 

CV: ¿Qué papel tiene el Diné Bizaad, tu lengua, en todo esto, si es que desempeña alguno?

D-I: He convertido en parte de mi sello distintivo el incluir fragmentos de esta lengua en ciertas canciones; por ejemplo, soltar una palabra como “ch’izhii” (áspero) en algo, para que rime con otra palabra, como “gólízhii” (zorrillo). La lengua diné —en la cual no tengo fluidez total (a pesar de haber tomado clases)— no es tan fácil de rapear como pueden serlo otras lenguas, por desgracia.


CV: ¿Cómo empezaste a conocer a artistas de hiphop del resto del país? ¿Viajabas para encontrarlos o eran ellos quienes llegaban a tu zona?

D-I:  Es así: la Ruta 66, que atraviesa esta región, hizo que Albuquerque fuera una buena parada tanto para artistas del circuito mainstream como del underground cuando estaban de gira y se dirigían a Chicago, a Los Ángeles o a algún otro lugar. Cada vez que venía a presentarse alguno de mis artistas favoritos, yo me quedaba por ahí como un chico de la Rez bien entusiasmado e intentaba conocerlos: me presentaba y luego rapeaba unos versos para ver qué les parecía. Así fue como conecté con Evidence, del grupo Dilated Peoples. Él me animó, ¡y años después incluso pude salir de gira con él!

Así fue como pude conocer a algunos de los raperos de primer nivel, como Myka 9 (antes Mikah 9, de Freestyle Fellowship), Percee P, Fat Lip (de The Pharcyde) y Medusa, cuando vinieron por acá… ¡y Wake Self y yo terminamos abriendo sus conciertos! Estoy muy agradecido por esos momentos; por artistas así, que nos dieron la oportunidad y también el valor para seguir adelante.

 

CV:  Pasemos a tus aventuras y experiencia internacional en el hiphop. ¿Cómo surgió todo esto?

D-I: Conocí a este tipo, Junious Brickhouse (del crew de baile The Assassins), después de uno de mis shows. Como artista de hiphop, a él le encanta viajar por el mundo para conocer a otros hiphop heads y aprender sobre sus comunidades. Con el tiempo, empezó a trabajar con Next Level, un programa de diplomacia cultural del hiphop que llevaba a artistas de Estados Unidos a otros países y me animó a postularme. A mí me interesaba compartir mis tradiciones y también aprender sobre las tradiciones de otros lugares; así que lo hice y me aceptaron para Next Level 5.0 en 2018.

 

CV: ¿Cuáles son algunos de los momentos más destacados de esta experiencia como embajador del hiphop?

D-I:  Cuando estuvimos en Abuya, Nigeria, colaboramos con la compañía de teatro y colectivo de danza Blackbones. Hicimos una especie de “intercambio de tambores” mientras las y los bailarines se metían a bailar en el cypher. Son percusionistas de un nivel altísimo y me sentí honrado de simplemente estar en el círculo con ellos. También se sumó a la sesión uno de los raperos nigerianos más duros, que además tiene su propio sello discográfico: un MC (rapero) conocido como M.I Abaga.

Le pregunté al público allí si alguna vez habían visto o conocido a algún nativo americano antes. Sorprendentemente, algunas personas dijeron que sí, aunque no en un contexto de hiphop. Querían saber cómo es la vida en mi Rez; hablar de cosas como la educación artística y el emprendimiento y, también, simplemente compartir historias sobre nuestras vidas. Al visitar sus comunidades y ver sus mercados locales, sentí que no estaba tan lejos de casa. Todo me recordó a estar allá en mi Rez. Me impresionó especialmente ver que, aunque la mayoría de las y los nigerianos saben inglés, también siguen hablando sus lenguas tribales: Igbo, Yoruba, Hausa y otras —y tienen su propia jerga que mezcla elementos de unas y otras.

 

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Actuando frente al famoso Obelisco de Luxor en el Palacio de la Concordia en París, Francia, con los DJ Jo Unique y Amore Querida. Foto de Konee Rock.
 

CV: Sin embargo, ese no fue tu único viaje con el programa. ¿Qué vino después?

D-I:
En 2024, Next Level reunió a un equipo estelar de antiguos embajadores para viajar a París y presentarse, además de conectar con artistas locales. La comunidad de hiphop allí es muy fuerte y pude participar en un cypher de open mic (micrófono abierto) con alrededor de 40 MC (raperos), representando muchas nacionalidades y lenguas distintas, en el espacio Canal 93, en Bobigny. Nos sentimos especialmente honrados de actuar en la Plaza de la Concordia, justo antes de los Juegos Olímpicos de Verano de 2024, rodeados de arte y arquitectura increíbles. Nuestro evento final en París fue una exhibición de todos los elementos en la residencia del embajador de los Estados Unidos; según los guardias de seguridad, fue la primera jam de hiphop que se realizaba allí.

 

CV: ¿Cómo surgieron tu viaje más reciente y tus colaboraciones en Colombia?

D-I: 
La organización Coopdanza me había pedido que escribiera raps narrativos (en inglés) para una pieza teatral escrita por una artista Indígena en Colombia, Eina La Majayut, sobre una mujer Wayúu que enfrenta la invasión de las tierras de su pueblo por parte de una empresa minera que llegó para extraer carbón. La historia me resonó porque pude ver cruces entre lo que los pueblos Indígenas en Colombia estaban viviendo y lo que nos ha estado pasando a nosotros aquí, en Estados Unidos.

En Standing Rock, por ejemplo, el movimiento NoDAPL vinculó lo que ocurría con el oleoducto a una profecía lakota sobre una serpiente negra destructiva que llegaría a amenazar su tierra y su agua. Y el pueblo Wayúu, resulta, tiene su propio relato sobre su serpiente negra, llamada Cerrejón, que a su vez relacionan con la destrucción causada por la minería en sus territorios.


Más adelante me invitaron a Bogotá para interpretar estas canciones en el escenario durante SIE 2: Festival Indígena de Danza y Artes Mediales.

CV: ¿Pudiste reunirte también con otros artistas de hiphop allá?

D-I: Sí. Una persona que para mí es importante mencionar es Gailor Sanchez (también conocido como The Jaguarman), un bailarín y rapero que representa su cultura y herencia al fusionar el hiphop con golpes de tambor tradicionales, sonidos de flauta y otros instrumentos. Jhon Jota, del Pueblo Nasa, es otro gran artista Indígena que conocí; logramos grabar unos videos juntos en mi último día en Bogotá.
 

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En Abuya, Nigeria, con los artistas Iyalode, Dorino, Nomiis Gee, Ami Kim, Osharey Ghaga, T-Klex y B-Boy JC Jedor, de la comunidad local de hiphop. Foto de Petna Ndaliko Katondolo.

 

CV: A lo largo de los años, has tenido la oportunidad de ser telonero y salir de gira con una gran variedad de artistas estadounidenses con reconocimiento internacional. Hagamos un recuento de los más memorables.

D-I: Claro. He estado en el Vans Warped Tour, he abierto para Nelly, para GZA (de Wu-Tang Clan), Bone Thugs-N-Harmony, Wiz Khalifa, Immortal Technique, Tech 9, Onyx, Dead Prez, DMX, Hieroglyphics, Big Daddy Kane, Sir Mix-a-Lot y Freestyle Fellowship. He salido de gira bastante con Masta Ace, del legendario Juice Crew y con otros como Kool Keith, Abstract Rude… son muchos.


CV: Al mismo tiempo, has seguido siendo una parte muy activa de la escena paralela del hiphop Indígena que se desarrolla a lo largo de Turtle Island, visitando y dando shows en muchas Rez. ¿Qué has encontrado distintivo en esas experiencias y en esos públicos?

D-I: Presentarme ante el público de la Rez realmente me hizo reflexionar más sobre quién soy y qué represento en el hiphop. Además de mi propia Rez, me he presentado en todas partes: desde Pine Ridge (Dakota del Sur) hasta la Nación Red Lake (Minnesota), Lenapehoking (Nueva York), en tierras Tongva y la Nación Pomo en el área de la bahía (California), en Alaska, y cerca de casa para el Gathering Of MC (Encuentro de Raperos) anual en Albuquerque.

Algunas de las personas que van a esas giras por la Rez quizá nunca hayan ido antes a un show de hiphop “en vivo”, porque normalmente no tienen acceso a ellos. Por eso, para mí se siente especial poder llevar mi música hasta allá; es distinto a tocar para un público de ciudad.


Antes y después de cada show en la Rez, me hago tiempo para conectar con la gente de cada comunidad. Hacemos intercambios y compartimos bultos sagrados y relatos. A veces también me pasan música y siempre estoy dispuesto a escuchar, especialmente a los artistas que eligen rapear en una lengua que no sea el inglés.


CV: Por último, cuéntanos sobre tu reciente lanzamiento musical con Acid Reign y el productor Duke Westlake, la canción Reign Dance; y compártenos un poco de tus versos para inspirarnos.

D-I:  En realidad grabamos ese tema hace unos años, pero ahora por fin salió el álbum. Poder trabajar con Acid Reign —Olmeca, BeOnd y Gajah [q. e. p. d.]— fue un honor enorme; además, juntos también fuimos parte de Project Blowed. Estos compañeros vienen de la escena legendaria de The Good Life en el Los Ángeles de los noventa.

Te dejo con esto de “Reign Dance” (baile del poder):

“Desearía que rapearan con un poco más de validez / Enfoca tu energía con lo mejor de tu humildad / Así es como hacemos el reign dance, traemos el clima y la humedad / Infinidad Indígena, fluidez sin límites / Muévete con la música, brilla con la banda / Con el micro y el pedestal / Cuando estoy junto a mi familia / Mientras encendemos la planta e incendiamos con el canto / Reign dance por las aldeas, la gente y la tierra”.

 

— Cristina Verán es investigadora internacional especializada en Pueblos Indígenas, educadora, estratega de defensa, tejedora de redes, editora y creadora de medios. Fue miembro fundadora de la Red de Medios Indígenas de las Naciones Unidas y del Caucus de Lenguas Indígenas. Como profesora adjunta en la Tisch School of the Arts de la Universidad de Nueva York, pone énfasis en las historias globales, las expresiones y los impactos sociopolíticos de las artes visuales y escénicas contemporáneas, el diseño y las culturas populares Indígenas.

 

Foto superior: En Bogotá, Colombia, con el artista de hiphop Jhon Jota. Foto de Def-I.