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Medios comunitarios: un dispositivo contra el olvido

"Buscamos que no se corte la cadena de transmisión pues donde no hay recambio se pierde el conocimiento y nuestro mundo se achica" - Organización socia del Fondo de Medios Comunitarios 2026.

Miranda Gonzalez Wicky

Poseo dos claros recuerdos de mi infancia en relación a los Pueblos Indígenas de mi país; Argentina. En primer lugar, recuerdo estar mirando por la televisión, la Bajada de los Diablos de Uquía en Jujuy. Una ceremonia colorida y alegre de origen Indígena andino que marca el inicio del carnaval. Nunca había visto algo así en mi barrio en los suburbios de Buenos Aires. Por otro lado, una exhibición sobre culturas originarias de la Argentina en el Museo de La Plata. Aunque las vitrinas estaban repletas de objetos característicos como máscaras, instrumentos musicales, platería y textiles, me generó curiosidad la exhibición de una esquina. En ella se mostraba la representación de una casa contemporánea de una familia Indígena. Cocina, mesa, sillas, radio, camas, todas parecidas a las de mi propia casa. La diferencia y la semejanza. Dos ideas que quedaron muy cerca mío.

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Foto: Miranda Gonzalez Wicky

Cuando conocí las palabras antropología y etnografía supe que era eso lo que quería hacer, tratar de entender, a través del encuentro con el otrx, lo que nos hace diferentes y lo que nos hace parecidos. Me llamaba mucho la atención que haya distintas maneras de vivir, de pensar y de ver el mundo. El entorno que me había criado me parecía tan homogéneo y conservador que yo solo tenía interés en viajar, conocer personas que vean las cosas de otro modo y que me cuenten sus historias. Sin embargo, el aula de la universidad pública y sus libros me enseñaron otro componente de esta diversidad: la desigualdad. La colonización, el racismo, el arrebatamiento de tierras ancestrales, los procesos de explotación, esclavización y exterminio; la invisibilización y opresión de los pueblos, sus lenguas, sus costumbres y sus modos de organización durante la formación de los Estados Nacionales; la falta de reparación histórica hacia cientos de miles de personas Indígenas en el mundo. Eso me generó un sentimiento de injusticia muy fuerte.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Instituto Nacional de Estadística y Censos [INDEC], 2022), Argentina tiene hoy alrededor de 1,3 millones de personas que se autoidentifican como Indígenas o descendientes. Existen 58 pueblos originarios reconocidos y alrededor de 53 lenguas originarias. No obstante, esta diversidad está infrarrepresentada en la mayoría de los medios de comunicación, currículums de las escuelas y puestos de poder estatal. Desde sus inicios, el gobierno ha estado en manos de personas cisgénero, blancas, mayoritariamente del sexo masculino y de ascendencia europea. En junio de 2021, durante una reunión con el presidente español, el ex-presidente Alberto Fernández afirmó: “Los argentinos vienen de barcos europeos, los mexicanos de los indios y los brasileños de la selva”. Esto ilustra el intenso proceso de blanqueamiento étnico que se ha producido en mi país. De hecho, muchxs argentinxs creen que esta frase es cierta y que somos una nación “blanca” – o que deberíamos aspirar a serlo. 

No sería la primera vez que un gobernante presuntamente progresista lleva a cabo una marginalización y negación de la identidad de los pueblos originarios del territorio hoy concebido como argentino. En 1947, durante el gobierno de Juan Domingo Perón, el Estado Argentino llevó a cabo la Masacre de Rincón Bomba (Trinchero, 2009). El 10 de octubre de 1947, las fuerzas de Gendarmería Nacional rodearon un campamento en Las Lomitas, Formosa, compuesto por miles de miembros del pueblo Pilagá, el cual había regresado a pie allí desde un ingenio azucarero donde habían sido llevados para trabajar en condiciones de explotación. Cuando un grupo de personas (incluyendo mujeres e infancias) avanzaron de forma pacífica para dialogar con Gendarmería, se produjo un ataque armado: ráfagas de fusiles, ametralladoras y pistolas abrieron fuego contra ellos. En los días siguientes, la represión continuó con persecuciones, incluyendo torturas, violaciones y secuestros. Se estima que fueron asesinadas alrededor de 1,000 personas, siendo una de las masacres más graves contra pueblos Indígenas en la historia Argentina.

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Foto: EFE, Valeria Mapelman.

Esta masacre fue silenciada por más de 50 años por el Estado y los principales canales de transmisión del conocimiento hegemónico (periódicos, libros de historia), permaneciendo únicamente en la memoria oral colectiva del pueblo Pilagá. En 2005, la Federación del Pueblo Pilagá demandó al Estado argentino y obtuvo entre 2019 y 2020 el reconocimiento judicial del hecho como crimen de lesa humanidad. En la actualidad, no se organizan actos públicos de escala nacional que conmemoren este hecho ni tampoco se ha vuelto una efemérides que se enseñe en las escuelas, por lo tanto, la sociedad argentina en su conjunto suele desconocer de este hecho. Escuché sobre este hecho por primera –y prácticamente única– vez durante mis estudios universitarios en el marco de una materia titulada “Antropología Histórica y Etnología Americana”. Esto demuestra que, cuando las vías para difundir el saber y la memoria son monopolizadas, la historia que aprendemos es parcial. El mundo se achica, y no sólo se pierden cosmovisiones, también se olvidan eventos como tal, sin reparación histórica ni justicia social para pueblos enteros. Esto no me enorgullece, e intento transformar la frustración en una profesión. Considero un deber personal trabajar para contribuir a la autodeterminación y defensa de los derechos de lxs portadores de esa diversidad sociocultural que me había cautivado de joven.  

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Pueblo Pilagá espera sentencia. Foto por Mariano Basavilbaso.

Mi percepción es que, en un mundo donde priman las lógicas en pos de la maximización del capital, Cultural Survival tiene su propia lógica, juega otro tipo de juego. Sostiene una mirada hacia adentro que es concordante con la que busca fomentar hacia afuera. Está principalmente conformada y liderada por personas provenientes de pueblos Indígenas, tiene una amplia representación femenina e internacional, posee un tipo de organización colectiva y holística, y se atiende a los efectos del lenguaje y las herramientas que se utilizan para el trabajo. Aprender de un sitio con tal infraestructura y posicionamiento ha sido un punto de inflexión para mi carrera, expandiendo mi noción sobre el alcance y tipo de trabajo que puede hacer una organización como tal. 
El Programa de Medios Comunitarios de Cultural Survival, donde yo fui pasante, trabaja acompañando a medios de comunicación Indígenas con la finalidad de amplificar las voces en aquellos temas que sean importantes para los pueblos. Ofrece entrenamiento en periodismo, edición y habilidades técnicas, apoya el desarrollo de redes de radios comunitarias y prioriza espacios donde las mujeres y juventudes tengan un rol relevante. Precisamente, la labor de Medios Comunitarios está dirigida a que el mundo se mantenga diverso de saberes y voces, que las historias no dependan de las agendas de los medios masivos y que puedan ser narradas por lxs miembrxs de los mismos pueblos. 

La labor de las radios y medios de comunicación comunitaria contribuyen a que las historias de violencia, discriminación y racismo se cuenten, y que ese silencio sobre la Masacre de Pilagá no se repita. A mi parecer, los medios de comunicación indígena son un dispositivo contra el olvido. Considero que se sostienen de principios y de una sensibilidad que se asemeja mucho a la razón por la que elegí estudiar antropología sociocultural en primer lugar y esta experiencia me ha incentivado muchísimo continuar poniéndolos en práctica.

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-- Miranda González Wicky fue pasante del programa Medios Comunitarios Primavera 2026.

Referencias: 

Instituto Nacional de Estadística y Censos. (2022). Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022: Resultados definitivos. Población indígena o descendiente de pueblos indígenas u originarios. Recuperado de http://www.indec.gob.ar

Trinchero, H. H. (2009). Las masacres del olvido: Napalpí y Rincón Bomba en la genealogía del genocidio y el racismo de estado en la Argentina. Runa, 30(1), 45-60

Foto de portada: Bajada de los diablos de Uquía. Tomada de "todo jujuy".