Por Celia Nichim (Tsotsil)
Los Altos de Chiapas, México, son habitados principalmente por comunidades tsotsiles, un grupo étnico de origen maya. Es conocida como una zona fría y lluviosa; su principal ciudad es San Cristóbal de Las Casas. Por sus características coloniales, tiene la insignia de Ciudad Mágica, aunque entre los tsotsiles sigue siendo el valle de Jobel, lugar de los zacates, que ha sido punto de encuentro de las distintas comunidades que habitan las frías montañas.
La alimentación de las familias tsotsiles es responsabilidad de las mujeres. En la cultura, en especial en Chamula, la división de roles por género está profundamente marcada y condicionada por la tradición. Los hombres asumen el rol de proveedores desde el sentido económico, y las mujeres el de cuidadoras del hogar, pero también el de organizadoras del trabajo que conforma el sistema alimentario: la milpa, el traspatio y los rebaños.

El sistema alimentario tradicional
En una comunidad de la periferia de San Cristóbal, llamada Nuevo Corral Ch’en, un grupo de mujeres tsotsiles se ha organizado para seguir practicando y defendiendo la agricultura tradicional. Los espacios de la milpa, el traspatio y los rebaños —cada uno como un eslabón— conforman, en conjunto, un sistema alimentario adaptado a las condiciones climáticas y a las necesidades alimentarias. La pérdida o vulnerabilidad de alguno o de varios de estos eslabones afecta de manera directa la alimentación y la autonomía de las familias.
El sistema productivo tradicional se compone de tres especies principales: el maíz, el frijol y la calabaza. Estas variedades establecen una simbiosis durante su desarrollo en la parcela. Las anchas hojas de las cucurbitáceas protegen el suelo y conservan la humedad, mientras que las leguminosas atrapan el nitrógeno y lo fijan a la tierra para que el maíz —cultivo principal y base de la alimentación— pueda desarrollarse.
En la zona de los Altos, los ciclos de producción de la milpa son largos, de ocho a diez meses, y solo se cosecha maíz una vez al año. Durante el desarrollo de la milpa se obtiene una gran diversidad de alimentos: calabaza, frijol, tomate, papas, habas y una variedad de quelites que forman parte del agroecosistema. En noviembre, durante la fiesta de muertos, lo que se ofrenda en los altares y cementerios son los productos de la milpa y los huertos. Después de la cosecha, el rastrojo que queda se convierte en alimento para los rebaños de borrego durante la temporada de sequía.

Rebaños y trabajo de las mujeres
En invierno, el clima de los Altos de Chiapas llega a registrar un par de grados por debajo de cero, suficiente para quemar la vegetación. Los rebaños logran pasar esta temporada sin reducir su número cuando las familias cuentan con el rastrojo de la milpa. Esta cobertura conserva la humedad y protege de las heladas, lo que permite el crecimiento de cierta vegetación que sirve como alimento fresco para los bovinos.
La principal característica de estos borregos es su lana, con la cual se fabrica la indumentaria adecuada al clima: abriga en invierno y protege de las lluvias gracias a su acabado, que funciona como un impermeable. Tanto el cuidado de los rebaños como la elaboración de la indumentaria forman parte del trabajo de las mujeres. Es tradición que las madres o abuelas hereden a sus hijas su primer par de borregos para que inicien su propio rebaño.
Lo que se obtiene de los borregos —ya sea mediante la venta directa de lana o la elaboración de artesanías— representa una parte importante de la economía femenina y, en varios casos, la única. Otro beneficio de los rebaños es el compostaje de su estiércol, que constituye una de las principales fuentes de nitrógeno para abonar la milpa y los huertos.

Traspatios y diversificación alimentaria
Los traspatios, donde se establecen los huertos y se crían animales domésticos, se convierten en extensiones de las cocinas tradicionales. Los restos de alimentos y los rezagos de maíz sirven de alimento para la diversidad de aves y para algún cerdo que habita estos espacios. Los desperdicios de cocina se separan para ser aprovechados por los animales, mientras que los residuos orgánicos se compostan para reintegrarse a la tierra como abono.
Los huertos son los espacios donde se diversifica la alimentación. De ellos se obtienen vegetales, tubérculos, especias y plantas medicinales. Lo que se produce no solo es para el consumo familiar, sino que también complementa la alimentación de las aves, las cuales, con una dieta sana, proporcionan suficientes huevos y carne para el consumo o la venta locales.

Amenazas ambientales y económicas
Sin embargo, las principales actividades económicas —la carpintería y la siembra comercial de patatas— están generando problemas ambientales que afectan a todo el territorio. La carpintería tiene una alta demanda de madera y se observa un avance acelerado de la deforestación. Las tierras planas y fértiles son codiciadas para la agricultura comercial; lo que antes eran áreas boscosas se convierte rápidamente en suelos desnudos, listos para el cultivo.
No obstante, la experiencia de este grupo ha demostrado que, incluso en estas condiciones, la demanda de productos en la central de abastos de San Cristóbal, junto con la necesidad económica de algunas familias, ha llevado a la decisión de abandonar la milpa para dedicarse a la siembra y comercio de patatas u hortalizas. Sin embargo, cuando el precio se desploma, las familias quedan en situación de vulnerabilidad: se pierde el ingreso principal, no se recupera la inversión y se generan deudas. Además, no hay maíz para la alimentación. En varios de estos casos, más de un integrante de la familia opta por migrar a los Estados Unidos.
Contaminación silenciosa
Otro problema ambiental es la contaminación de suelos y cuerpos de agua por el uso de agroquímicos altamente tóxicos, no solo para la salud humana, sino también para todo el ecosistema. El mantenimiento de las parcelas de patatas u hortalizas durante su ciclo productivo —de tres a cuatro meses— se realiza mediante fumigaciones con insecticidas y fungicidas cada tercer día. Varios de estos productos están prohibidos en los países industrializados.
Mientras tanto, en México se promocionan en comunidades campesinas y se venden en tiendas junto a los productos de la despensa. Se utilizan sin equipo de protección y los envases se desechan como cualquier otro residuo, lo que genera una contaminación silenciosa y gradual en todo un territorio.
El uso constante de agroquímicos ha afectado los sistemas alimentarios tradicionales, no solo por la competencia por el espacio, sino también por la generación de resistencia en plagas y enfermedades. Un caso concreto es el tizón, un hongo que antes afectaba únicamente a la patata y que actualmente también afecta a los cultivos de tomate. También se observa el desplazamiento de la semilla nativa, que no requiere agroquímicos para su cultivo, pero no es comercial por su color rosa, lo que ha provocado que cada vez menos familias la siembren.

Organización y resistencia colectiva
El fortalecimiento del sistema alimentario tradicional, en sus diferentes eslabones, ha sido una estrategia colectiva de las mujeres tsotsiles: para garantizar el derecho a una alimentación sana, para ejercer liderazgos y buscar autonomía en la toma de decisiones, y también como base de resistencia frente a un sistema que ha intentado convertir la alimentación en un negocio.
El trabajo colectivo ha enfrentado diversos retos, desde lo económico hasta lo social. Aunque estos espacios de producción garantizan el autoabasto familiar, en la mayoría de los casos no se destina inversión a su mejora. Es común observar carpinterías bien equipadas y con buena infraestructura, mientras que los traspatios se sostienen con lo mínimo. A esto se suma la dificultad de que los esposos se sientan con el derecho de otorgar o revocar permisos para que las mujeres participen en la colectividad, una práctica normalizada en la cultura tsotsil como parte del control sobre las mujeres.

Caminos de fortalecimiento
Durante los últimos cinco años, se han propuesto mejoras a estos sistemas alimentarios. El diseño de proyectos desde la realidad contextual, con las mujeres como protagonistas, ha sido estratégico para el fortalecimiento de los liderazgos desde el inicio. Posteriormente, se han cosechado frutos del esfuerzo colectivo, como la permanencia y el aumento de las familias participantes, el mejoramiento visible de la infraestructura de los traspatios y del manejo de los rebaños, lo cual se traduce en mayores beneficios para las familias.
A estos resultados se suman otros más intangibles, como el aumento de la confianza de las mujeres en la participación social y el sentimiento de autonomía: la certeza de que también pueden y tienen derecho a una vida más digna.
-- Celia Flor Díaz Pérez (Celia Nichim) nació y se crió en los bosques de los Altos de Chiapas. A los 20 años decidió trasladarse a San Cristóbal de Las Casas para construir su propio camino. Tuvo la necesidad de aprender y comunicarse en otra lengua —el español— para tejer una red de amistades y sobrevivir. Actualmente acompaña a diversos grupos locales en la gestión, planeación y monitoreo de proyectos en asociaciones civiles, así como en el diseño e implementación de propuestas de educación y formación con metodologías participativas. Ella forma parte del Colectivo Yimom.
En 2023, el Colectivo Yimom recibió una subvención del Fondo Guardianes de la Tierra (*Keepers of the Earth Fund*) para apoyar su proyecto de crianza de ovejas. La cría de ovejas es una actividad importante en el modo de vida tsotsil, ya que utilizan la lana para confeccionar su vestimenta tradicional y la venden como materia prima a compradores externos. Además, el estiércol de las ovejas sirve como fertilizante, nutriendo los sistemas alimentarios tradicionales. El Colectivo Yimom, integrado por madres, hijas y nietas mayas tsotsiles, trabaja en un proyecto de infraestructura para la cría de ovejas y la mejora de las condiciones de descanso y pastoreo. Asimismo, buscan crear espacios de diálogo con otras mujeres para compartir conocimientos sobre la crianza, alimentación y desparasitación, así como sobre los tipos de lana y el arte de trabajarla, fortaleciendo así sus economías comunitarias.
