KASIYANNA: REGRESANDO A LOS CONOCIMIENTOS INDÍGENAS DURANTE LA PANDEMIA DEL COVID-19

A group of Indigenous people in traditional clothing kneeling and sitting around each other

Los Pueblos Indígenas no son ajenos a las enfermedades y los desastres. Ahora, cuatro meses después de la crisis mundial provocada por el COVID-19, su situación está comenzando a salir a la luz: se enfrentan a tiempos particularmente desafiantes debido a la susceptibilidad de sus comunidades a las enfermedades infecciosas, y su limitada o completa falta de acceso a la información, entre otros factores. Algunas de estas realidades son consecuencia de la pobre planificación de parte de los gobiernos nacionales, y otras son el resultado de la discriminación y el desprecio hacia los Pueblos Indígenas. Los impactos de los muchos proyectos de explotación en territorios Indígenas, como la minería y las plantaciones de monocultivos, son una amenaza y un desafío adicionales. Todo esto contribuye a una mayor marginación y mayor riesgo que ellos enfrentan, especialmente en tiempos de crisis.


A través de las generaciones, los Pueblos Indígenas han establecido respuestas y mecanismos para hacerles frente basados en sabiduría tradicional, costumbres y prácticas en diferentes circunstancias que afectan sus comunidades. Todas éstas están basadas en un principio fundamental: garantizar que la comunidad sobreviva. Una respuesta común entre las comunidades Indígenas es aquella que cierra la comunidad para todos; esto significa que nadie puede entrar a la comunidad hasta que se considere seguro. Dichos cierres comunitarios se hacen por diferentes razones. En la Cordillera, Filipinas, por ejemplo, estas prácticas son observadas regularmente durante el ciclo agrícola. Antes o después de que los campos están listos para sembrar o cosechar, la comunidad declara el ubuya/tengaw, que significa básicamente que todos se quedan en casa, ningún trabajo forzoso es realizado por nadie. Es un tiempo para que la comunidad y la tierra descansen y normalmente dura uno o dos días. 


El ubaya/tengaw también se declara en épocas de epidemias u otros desastres. Los rituales para aislar a la comunidad de los forasteros, incluyendo los malos espíritus, son realizados por ancianos, dirigidos a expulsar cualquier daño que haya en la comunidad. El ubaya/tengaw no sólo protege a la comunidad, sino también a los extranjeros que quieran visitarla. Una de las señales de que una comunidad está en ubaya, es un pedazo de rama u hoja atada que se coloca en la entrada de la comunidad, lo cual es un elemento de disuasión muy simple, pero poderoso. Durante los cierres comunitarios prolongados, las prácticas comunitarias tradicionales entran en vigencia, como el binnadang/ub-ubbo (traducido con poca exactitud como trabajo de intercambio), donde los miembros de la comunidad buscan a los necesitados y les brindan ayuda. La comida es compartida por quienes tienen más con los que tienen menos. Además, el principio básico de ayyew que significa no desperdiciar nada, es constantemente practicado y cumplido. Alimentos, como el camote seco, que se ha preservado durante la temporada lluviosa, es sacado y racionado para que dure por el período de ubaya. Es durante este período que uno escucha el término kasiyanna que significa “todos estarán bien”. Es una afirmación de que el equilibrio pronto se logrará. Para la comunidad, los problemas son reflejos de desequilibrio en el mundo, ya sea entre vecinos o con el mundo natural o espiritual, y para solucionarlo es mediante la recuperación del equilibrio. 


Cuando se produjo esta pandemia global, las comunidades Indígenas no encontraron extraña la idea de la cuarentena. Cuando el gobierno nacional filipino impuso medidas de cuarentena en todo el país, varias comunidades Aborígenes fortalecieron aún más esta situación al declarar ubaya/tungaw en sus respectivas comunidades. La declaración de ubaya/tengaw significó que estas comunidades estaban cerrando sus fronteras a todos, incluyendo a aquellos miembros que estaban en las ciudades en ese momento. Fue una decisión difícil, pero había que tomarla para evitar la proliferación del virus. Los Karen y otros grupos de Tailandia también practican estos mecanismos, así como los Pueblos Indígenas de Indonesia. En diferentes partes de Asia, como Malasia, los Orang Asli han decidido regresar al bosque como defensa contra la pandemia. El bosque siempre ha sido su hogar y su fuente de medicinas, por lo que es una respuesta lógica para ellos regresar a él en tiempos de peligro. Esto también es cierto para otros pueblos Nativos, como los que viven en la Amazonía.


Durante el encierro, las comunidades hicieron un inventario de la situación para evaluar quiénes de la comunidad aún estaban afuera, dónde estaban, si planeaban regresar y, de ser así, qué podía hacerse por ellos. Si hay personas enfermas en la comunidad, ¿qué se necesita? ¿Hay suficiente comida para todos y por cuánto tiempo? Estas preguntas, y las subsiguientes respuestas, fueron luego utilizadas por la comunidad para planificar mejor los días, semanas o meses venideros. Algunas comunidades decidieron renunciar a los paquetes de alimentos distribuidos por el gobierno en favor de los habitantes de las zonas urbanas, específicamente los que viven en la pobreza, ya que podrían enfrentar mayores desafíos para obtener alimentos.


Desafortunadamente, estas prácticas tradicionales de hacer frente a las pandemias y otros desastres están demostrando ser particularmente desafiantes para los Pueblos Indígenas dadas las amenazas actuales que enfrentan de la industria extractiva y el cambio climático, entre otros. La conversión de bosques en plantaciones de monocultivos o en concesiones de tala y minería significa menos tierra agrícola para las comunidades. Además, la introducción de especies modificadas genéticamente para el rápido crecimiento y que dependen de insumos, ha comprometido la productividad de las tierras comunitarias. El cambio climático también ha afectado el ciclo agrícola y el rendimiento. El resultado de estos sucesos es que las comunidades ahora tienen menos alimentos almacenados, haciéndolos vulnerables al hambre si el período de cuarentena dura más de lo previsto.


La destrucción de sus entornos por la industria extractiva también suma a estos desafíos. La minería y la explotación forestal han provocado la sequía de las fuentes de agua, así como la contaminación de fuentes de agua tradicionales. Incluso la designación de bosques como áreas protegidas es un motivo de preocupación. En el caso de los Orang Asli, su regreso a los bosques ha provocado que algunos grupos de protección de la vida silvestre exijan más protección a especies animales en peligro de extinción, ya que la caza podría incrementar. Pero estas preocupaciones son puestas fuera de lugar. Los Orang Asli y otros Pueblos Indígenas siguen reglas muy estrictas que rigen la caza para alimentarse, entre las cuales se encuentra la precaución de no tomar nunca más de lo que uno necesita, así como buscar animales muy jóvenes o preñados. También hay llamados de algunos grupos para una implementación más fuerte de las reglas de áreas protegidas, incluyendo el mantener a la gente fuera de los bosques. Esto es irónico, dado que se permite que las industrias extractivas continúen sus operaciones a pesar de los cierres comunitarios, como en Ecuador, donde las compañías petroleras aún atraviesan comunidades Indígenas para llegar a sus operaciones.


En los países donde el gobierno nacional ha asumido una respuesta más militarista, los Pueblos Indígenas son especialmente vulnerables. Algunas de las políticas nacionales no son claras y no se comunican fácilmente a las comunidades. Si se desobedece una política, incluso sin darse cuenta, se toma una medida drástica de arresto o muerte (en el caso de violaciones de los tiempos de toque de queda). Para los Pueblos Indígenas, las órdenes de quedarse en casa y esperar el alivio prometido por los gobiernos simplemente no es una opción, ya que están acostumbrados a valerse y depender de sí mismos.


Esta crisis de salud mundial ha demostrado y reforzado la necesidad de respetar y promover los derechos de los Pueblos Indígenas, y de que ellos deben estar en el centro de la discusión. Si se respetaran sus derechos de tenencia a sus tierras y recursos, estarían en mejores condiciones de valerse por sí mismos en tiempos de crisis y no tendrían que buscar ayuda en el exterior. Si se respetaran y fortalecieran las prácticas tradicionales de uso y gestión de los recursos, habría menos destrucción de la naturaleza y quizás menos posibilidades de que se desarrollaran enfermedades. Estas son algunas de las lecciones más importantes de esta pandemia de salud mundial, y esperamos que los responsables de la elaboración de políticas hagan lo necesario para garantizar que estos derechos no se olviden.


Cuando esta crisis termine, habrá prisa por “ayudar” a las comunidades Aborígenes. Será prudente garantizar que cualquier intervención deba tener a los Pueblos Indígenas en el centro, en términos de su agencia y derechos. Las políticas deberán ajustarse para reflejar la situación y las necesidades de las comunidades. También será útil aprovechar los conocimientos y las habilidades de los jóvenes, quienes tienen acceso a la información para comunicar las necesidades de la comunidad al mundo exterior. Las comunidades son las que mejor saben lo que necesitarán y cómo se debe brindar ese apoyo. Será, como dicen los ancianos, kasiyanna.

-- Minnie Degawan (Kankanaey-Igorot) es una activista por los derechos de los Pueblos Indígenas de La Cordillera, Filipinas. Es directora del Programa de Conservación de Pueblos Tradicionales e Indígenas (ITPP).

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