INDIGENIZANDO LA FILANTROPÍA

Shekoli swakwe·ku, Daisee ni yukyats. Ukweh·u·wé niʔí. Wakenyʌ́ htʌ niwakiʔtaló·tʌ. 

Hola compañeros, mi nombre es Daisee Francoeur. Soy una mujer Haudenosaunee, orgullosamente miembro de la Nación Oneida de Wisconsin y del clan de las Tortugas. Mi viaje para ayudar a transformar la filantropía "Indígena" fue algo que no había paneado ni anticipado, pero que sí pienso que el Creador me pidió que trabajara en colaboración con otros Pueblos Indígenas para transformar los sistemas coloniales como el capitalismo, la economía y la filantropía. Antes de trabajar en asuntos filantrópicos, pasé la última década trabajando en organizaciones sin fines de lucro, ONGs y con mi gobierno tribal como coordinadora y proveedora de servicios directos. Mi trabajo consistía en apoyar y servir a los grupos más vulnerables de Pueblos Indígenas, incluyendo a los nativos americanos con discapacidades/necesidades especiales, víctimas de violencia doméstica, personas sin hogar, enfermos mentales y exprisioneros.

Tuve la suerte de desarrollar mi carrera filantrópica en el Fondo Cristiano, donde tuve el privilegio de trabajar en favor de la sostenibilidad y la preservación de la diversidad biocultural en el área de la Bahía de San Francisco y según indicaciones de líderes aborígenes, para defender los medios de vida, las culturas y el bienestar. Mi trabajo ahora se enfoca en Indigenizar la filantropía como asesora, estratega y recaudadora de fondos. He pasado de la beneficencia, donde dependía de la filantropía de los demás para sostener las organizaciones en las que trabajaba, para estar en una posición de poder donde decido cómo y quién recibe financiamiento, lo que me ha llevado a estar en una nueva posición de influencia y una nueva experiencia como consultora. A lo largo de este viaje, he aprendido mucho sobre cómo la historia del cruce de factores como riqueza, raza y género en los Estados Unidos está profundamente vinculada a la historia de la filantropía y las donaciones benéficas formales en todo el mundo.

La noción de dar u ofrecer regalos es una práctica común en la mayoría de los pueblos y culturas, y ha existido por generaciones. Pero en sistemas como el capitalismo, un modelo económico que es exterior a las economías tradicionales de nuestras comunidades, ésta oferta e intercambio han pasado de una práctica recíproca a un acto transaccional. Como el capitalismo es insostenible, debe renovarse constantemente para mantener su validez; eso incluye encontrar nuevas formas de acumular recursos, controlar y mantener los privilegios asociados al estatus socioeconómico. Cabe señalar que la mayoría de la riqueza que es acumulada por el capitalismo y que contribuye a su desarrollo, se ha conseguido a expensas de los Pueblos Indígenas, sus tierras, territorios y recursos naturales.

En los Estados Unidos, las donaciones caritativas se han regulado a través de varias leyes fiscales que han permitido el acaparamiento continuo de riqueza a través de fundaciones. En la mayoría de los casos, las fundaciones privadas deben gastar un mínimo del cinco por ciento de sus dotaciones a través de subvenciones y otros gastos de caridad, lo cual incluye sus propios gastos administrativos. Está claro que las fundaciones, y particularmente las fundaciones privadas, han explotado un vacío legal y se han convertido en un paraíso fiscal que permite el acaparamiento de recursos, que se deriva de actividades de explotaciones extractoras y lleva al desplazamiento de los Pueblos Indígenas de nuestros entornos.

Si bien gran parte del ámbito de la filantropía refuerza un modelo de economía insostenible como el capitalismo, hay un puñado de fundaciones, filántropos, intermediarios como Cultural Survival y otros afines como los financiadores internacionales para los Pueblos Indígenas, que van en contra de la tendencia actual y tratan de cambiar la forma actual de las "donaciones caritativas".

Gran parte del combustible para nuestro fuego, en estos espacios, proviene de la frase, "nada sobre nosotros, sin nosotros". He tenido la suerte de haber trabajado con muchos de estos agitadores del sistema. Al igual que nuestras mujeres que se mantienen al frente, orgullosas de proteger nuestras tierras y aguas de la extracción y la contaminación, también son mujeres aborígenes las que lideran la transformación dentro de la filantropía. A menudo me encuentro luchando para describir mis sentimientos y pensamientos acerca de la filantropía. Esto puede atribuirse de alguna manera al uso del inglés para describir tales cosas, porque muchas de sus palabras no captan completamente las filosofías, cosmologías, perspectivas y realidades de los Pueblos Indígenas. Desde hace algún tiempo yo solía pensar que el uso del término “descolonizar” en vez de “indigenizar” era más apropiado a la hora de buscar un cambio en este campo. Pero aprendí que descolonizar un sistema que es inherentemente colonial es imposible. Si queremos transformar un sistema, más bien debemos indigenizarlo. Cuando usamos términos como descolonizar, a menudo nos acercamos a un sistema -y a nosotros mismos- señalando los atributos coloniales, lo que refuerza una desconexión entre nosotros y el mundo natural. Cuando elegimos Indigenizar algo, nos enfocamos en esas conexiones, relaciones y sistemas de valores innatos que nuestros antepasados nos enseñaron, que aún están profundamente arraigados en nuestros recuerdos sanguíneos.

Creo que la filantropía debe comprometerse con el reconocimiento de que los recursos de una fundación, de alguna manera están vinculados a la extracción y explotación de los Pueblos Indígenas y sus tierras, territorios y recursos naturales. Es innegable que cada dólar o tipo de moneda que está conectada con el capitalismo es, de alguna manera, dinero sucio. Este reconocimiento de cómo se han obtenido estos recursos financieros permitirá que la filantropía se mueva hacia la transformación en el buen sentido. En segundo lugar, este reconocimiento permitirá que la filantropía reflexione sobre su pasado, lo que proporcionará claridad sobre cómo pretende construir mejores prácticas futuras en torno a las donaciones. Esta reflexión mostrará que los sistemas de valores que mantiene la filantropía están profundamente vinculados a los valores del capitalismo: valores coloniales como dividir, controlar y conquistar. La filantropía indigenizante significa que debería haber un cambio en el sistema de valores que sirva como “estrella polar” en la forma en que se lleva a cabo el trabajo. Este nuevo sistema de valores filantrópicos puede ser un sistema que refleje mejor los valores de los Pueblos Indígenas, que incluye relaciones, respeto, responsabilidad, reciprocidad y autodeterminación.

Si bien el reconocimiento, la reflexión, y un sistema de valores renovados son parte integral de indigenizar la filantropía, el proceso para la transformación no termina allí. De hecho, los pasos iniciales apoyan una transición para Indigenizar la filantropía. Mi pueblo Oneida, me enseñó a usar y mantener siempre una mente saludable, un buen corazón y una fuerte energía en todo lo que hago en este mundo. Uno de mis parientes Haudenosaunee, un anciano Mohawk, me enseñó una vez que una buena mente es saber hacia dónde van tus pensamientos antes de llegar allí. Esto significa tener pensamientos puros y buenas intenciones, lo cual es absolutamente necesario cuando se asignan recursos a comunidades donde esos mismos recursos se han utilizado para causar daño en algún momento. Esto se relaciona de nuevo al valor de la responsabilidad, lo cual muchas fundaciones –desafortunadamente- no entienden muy bien en sus prácticas para conceder subvenciones.

Indigenizar la filantropía significa también cambiar completamente los procesos de concesión de subvenciones. Una forma de hacerlo es cambiar los procesos internos de toma de decisiones a procesos externos de toma de decisiones. Más bien, estos procesos deberían ser liderados e implementados por las propias comunidades. Esto está relacionado con el valor de la autodeterminación, las comunidades deben estar facultadas (con apoyo adicional para el desarrollo de capacidades y asistencia técnica) para decidir quién, qué, cuándo, dónde, por qué y qué hay detrás de los recursos financieros y las subvenciones que ingresan a las mismas. Algunas fundaciones e intermediarios que han redefinido su camino, han demostrado que estos modelos cooperativos de donaciones tienen mucho éxito al apoyar a las comunidades Indígenas. Algunas fundaciones incluso han sido lo suficientemente valientes como para reconocer el origen de su riqueza y realizar sus donaciones como una forma de reparación y reconciliación.

Es importante que la filantropía también apoye una mayor representación de los Pueblos Indígenas con personal, asesores y expertos en sus prácticas de concesión de subvenciones, especialmente para las fundaciones e instituciones que no están listas para renunciar a su control. Se debe priorizar la representación de nuestros pueblos en todos los niveles de toma de decisiones para transformar sus sistemas y mejorarlos. Como sabemos, indigenizarnos a nosotros mismos y a estos sistemas no equitativos -y a veces inaccesibles-, requiere un largo y doloroso viaje interpersonal de reflexión y compromiso. Ya estamos viendo estos cambios positivos en nosotros mismos y en los sistemas, muchos de los cuales pueden atribuirse a nuestras mujeres que se mantienen erguidas y sin miedo para proteger a nuestros pueblos, tradiciones y a nuestra Madre Tierra. Ahora es el momento del cambio, y es hora de que la filantropía respalde el equilibrio que nuestro mundo natural necesita y anhela.

Yaw^ko (Gracias)

 

Foto: Daisee Francour dirigiendo un taller para delegados Indígenas sobre Beca de escritura en la Fundación Ford en Nueva York. Foto de Jamie Malcolm-Brown.

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