Por equipo de CS
Desde 2018, Cultural Survival ha otorgado 186 becas que han apoyado a 430 jóvenes Indígenas de diferentes partes del mundo. Todo comenzó con un joven indígena que expresó su interés en recibir apoyo financiero, ya que tenía un acceso limitado a recursos.
La Beca para Jóvenes Indígenas comenzó como parte del programa de Medios Comunitarios de Cultural Survival, apoyando inicialmente a las radios comunitarias durante sus primeros tres años. Posteriormente, se amplió para incluir plataformas audiovisuales y otros medios multimedia, fortaleciendo el trabajo de jóvenes comunicadores Indígenas. En 2021, la beca atravesó otra importante transición, ampliándose más allá de los medios comunitarios para responder a las prioridades temáticas más amplias de los Pueblos Indígenas y a extender el apoyo a jóvenes de regiones como Estados Unidos, África y Asia.
Actualmente, la beca brinda apoyo financiero a proyectos liderados por jóvenes que benefician a las comunidades Indígenas, al mismo tiempo que crea oportunidades para que las y los jóvenes desarrollen y fortalezcan sus capacidades de liderazgo. A lo largo de cada proyecto, se alienta a las y los becarios a amplificar las voces de sus comunidades y visibilizar las problemáticas locales dentro de conversaciones y diálogos globales más amplios.

Un encuentro: Reuniendo a jóvenes Indígenas
Como parte del compromiso continuo de Cultural Survival con el liderazgo de los jóvenes Indígenas, organizamos el primer Encuentro de la Beca para Jóvenes Indígenas. Del 10 al 13 de agosto, las y los participantes se sumergieron en el territorio del pueblo Kichwa Amazónico, en el corazón de la provincia de Napo, en la Amazonía ecuatoriana. Durante cuatro días, jóvenes de diferentes partes del mundo se reunieron para conectarse, compartir sus experiencias y proyectos, aprender del territorio y vivir la riqueza de la cultura amazónica.
Jóvenes de todo el mundo se reunieron para tejer una cobija colectiva de sonidos rítmicos, respiraciones palpitantes y corazones latiendo al unísono en medio de la selva tropical. A través del intercambio, las risas, la reflexión y la ceremonia, nuevas relaciones comenzaron a echar raíces. El regalo del encuentro abrió corazones y mentes, permitiendo que floreciera un profundo amor por la comunidad, la cultura y la Madre Tierra. Cada día ofreció una medicina diferente—algo que llevar consigo mientras imaginamos y construimos un futuro arraigado en el sentido de pertenencia.

A lo largo de los cuatro días de intercambio, las actividades incluyeron una caminata por el río junto a guías Napuruna a lo largo del río Canua Yacu, un taller de cerámica tradicional amazónica dirigido por mujeres Napuruna y un “Tupanakama”, una noche de expresión cultural amazónica que marcó el cierre del encuentro. Cada día, exbecarios y becarios actuales de la Beca para Jóvenes Indígenas tuvieron la oportunidad de compartir sus proyectos, destacando cómo su trabajo fortalece la identidad indígena, el bienestar comunitario, la continuidad cultural y el cuidado y la defensa de los territorios.
En el último día, las y los participantes se reunieron para reflexionar sobre sus experiencias, celebrar los logros compartidos y visualizar el futuro. Este espacio de reflexión también permitió escuchar las experiencias de las y los becarios con el programa, comprender el impacto que la beca ha tenido en sus trayectorias personales y comunitarias, e imaginar nuevas posibilidades de apoyo, colaboración y acción colectiva.

El poder del intercambio
A lo largo del encuentro, las y los jóvenes intercambiaron amistad, admiración, amor, valentía, sabiduría, fortaleza, conocimiento, esperanza, inspiración, liderazgo, gratitud, solidaridad, reciprocidad y conocimientos ancestrales. El intercambio fue mutuo: entre una persona becaria y otra, y entre las y los becarios y el territorio que los recibió.
A pesar de las diferencias culturales, territoriales y lingüísticas entre las y los becarios, surgió un profundo sentido de solidaridad a través de la compasión, la curiosidad y el cuidado mutuo. Quizás fue la selva que nos protegía, el Centro Iyarina que cuidaba de nuestras necesidades, o el espíritu y la energía que encarnaban las y los jóvenes. Cualquiera que haya sido la fuente, estuvo presente una relación recíproca: la sensación de que no simplemente nos habíamos reunido en un mismo lugar, sino que estábamos pasando a formar parte de algo mucho más grande que nosotros mismos.
Fue una experiencia transformadora que renovó la resiliencia y la fortaleza de las y los jóvenes, recordándoles que no caminan solos mientras continúan trabajando para construir y dar forma al futuro.

Como compartió Quillay Méndez (Omaguaca), de Argentina:
“Nos dimos cuenta de que, cuando trabajamos colectivamente con grupos de personas, siempre debemos tener presente a la comunidad. Debemos estar conscientes de lo que está sucediendo: las preocupaciones de la comunidad y los cambios en el ecosistema. Debemos tomar todo esto en cuenta. Al comenzar cada nueva estrategia, debemos considerar las diferentes formas de liderazgo. La diversidad, en sus distintas dimensiones, significa participar activamente en espacios donde las y los jóvenes deben asumir el liderazgo. El liderazgo no puede surgir sin el apoyo colectivo de otras partes involucradas. Aprendemos de aquello que no debemos hacer. Ser conscientes significa estar siempre atentos a lo que sucede a nuestro alrededor y verlo como una oportunidad en lugar de una carga. Sueña con el mañana. La conexión es vital para mantener el hilo común que une al territorio con nuestra herencia ancestral. Abraza aquello que está a tu lado. Esta vez, permítete abrazar y ser abrazado.”

Karen Victoria Sac Hernández (Maya Kaqchikel), de Guatemala, compartió:
“Porque nuestros conocimientos no pertenecen únicamente al pasado. Viven en nuestras palabras, en nuestros cuerpos, en nuestros tejidos, en nuestras ceremonias y en cada generación que decide no olvidar. Hoy quiero expresar mi más profunda gratitud a [las y los becarios], porque cada persona aquí trae consigo un territorio, una historia y una memoria. Y quiero agradecer especialmente a Cultural Survival, porque gracias a su apoyo nuestros caminos pudieron encontrarse aquí hoy. Gracias por creer en la fuerza de nuestros pueblos. Gracias por crear espacios para nuestras voces. Gracias por permitir que nuestras historias crucen fronteras, para que podamos mirarnos unos a otros y comprender que no estamos solos.”

Para Free Borsey (Lummi Nation), de Estados Unidos, el encuentro ofreció algo igualmente poderoso: el recordatorio de que el camino del liderazgo indígena, aunque a veces puede ser solitario, forma parte de un movimiento mucho más grande.
“Este encuentro, poder compartir este espacio con todas y todos los becarios que realizan un trabajo increíble en las diferentes partes del mundo de donde provienen, me da esperanza y me inspira a continuar por el camino en el que estoy. Me permite saber que el camino que he elegido es el correcto. Me da mucha esperanza estar rodeado de tantas personas que, como yo, realizan este trabajo alrededor del mundo, porque este camino puede ser solitario. Estar rodeado de estos jóvenes me ha llenado de admiración. Ha encendido en mí un nuevo fuego y una pasión que no sabía que tenía.”

Siete generaciones hacia el futuro
El encuentro se convirtió en un espacio donde pudieron surgir nuevas ideas y sueños, donde el pasado, el presente y el futuro se encontraron dentro de un mismo ecosistema de parentesco y conexión. Fue un espacio para que las y los becarios recuperaran su territorio de asombro, historia, resiliencia y lucha; para resistir, reconectarse y recordarse mutuamente que permanecer conectados es, en sí mismo, un acto de fortaleza.
El encuentro invitó a las y los participantes a profundizar en la dimensión sagrada de sus relaciones: consigo mismos, entre ellos, con sus comunidades, sus territorios y con las generaciones que les precedieron y aquellas que están por venir. Fue un recordatorio de que abrir el camino hacia comunidades Indígenas prósperas no es un viaje individual. Es un acto colectivo de soñar, recordar, cuidar y crear.
Las y los jóvenes dejaron sus huellas en la Amazonía, pero también llevaron algo consigo de regreso a sus territorios: nuevas relaciones, un valor renovado, conocimientos compartidos y un sentido más profundo de responsabilidad hacia las comunidades y territorios que representan. Se les recordó que, dondequiera que vayan, deben continuar conectados: con sus cuerpos, sus comunidades, sus culturas y las relaciones que los sostienen. Las y los jóvenes Indígenas no son simplemente los líderes del mañana; ya están liderando hoy. Sus conocimientos ancestrales no están confinados al pasado, sino que continúan vivos a través de cada generación que decide llevarlos hacia adelante.

En Cultural Survival, nos honra haber sido testigos y haber escuchado este intercambio de experiencias entre las y los becarios. Invertir en la juventud indígena es invertir en la comunidad, la cultura, el territorio y la capacidad colectiva de soñar. Mientras continuamos reimaginando la Beca para Jóvenes Indígenas para responder mejor al trabajo vital que realizan las y los jóvenes, miraremos, como mencionó nuestro becario Free Borsey, siete generaciones hacia el futuro, mientras llevamos con nosotros a las siete generaciones que nos precedieron.
Desde la tierra hasta el cielo, desde nuestros ancestros hasta nuestros descendientes, caminamos juntos hacia un futuro donde las comunidades Indígenas puedan prosperar. Y continuaremos recorriendo este camino junto a nuestros socios, aliados y jóvenes Indígenas en todo el mundo.

All photos by Quillay Méndez.