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Jóvenes a la vanguardia: salvaguardia cultural y transferencia de conocimientos

Por Elisa Rebeiro (Pasante de CS)

Desde sus territorios, tres Jóvenes Indígenas Becarios de Supervivencia Cultural lideran iniciativas comunitarias que fortalecen la identidad, la lengua y la vida colectiva. A través del cuidado de la tierra, el arte y la transmisión de conocimientos ancestrales, sus proyectos tejen futuros posibles donde la identidad, la lengua y la vida comunitaria pueden florecer.

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Karen Victoria Sac Hernández (Guatemala) 

Originaria de la cabecera departamental de Chimaltenango, Karen Victoria Sac Hernández ha construido un sólido recorrido sociocultural dentro de su comunidad. Es estudiante de Ciencias Jurídicas y Sociales y comenzó su activismo a los 15 años como dirigente estudiantil. Desde entonces, ha mantenido un firme compromiso con el cuidado de la Madre Tierra, organizándose de manera pacífica frente a la crisis ambiental que afecta profundamente a su territorio.

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A través de su proyecto “Tiqatika’ Etamab’alil pa ruchojmilal” (Germinando Conocimientos Orgánicos), Karen promovió la reconexión de la juventud Indígena Kaqchikel con prácticas culturales tradicionales. El proyecto respondió a problemáticas que afectan a la juventud, especialmente en relación con la economía local y la alimentación comunitaria, “perjudicadas por la expansión de supermercados, el uso de agrotóxicos y semillas no nativas”. Asimismo, buscó generar conciencia sobre la crisis climática y la expropiación de tierras por parte de empresas transnacionales, y su impacto en la salud de la población y del territorio en Chimaltenango.
 

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Desde esta mirada, Karen sostiene que “a través de los conocimientos ancestrales de nuestros abuelos podemos mejorar nuestra calidad de vida”, subrayando la necesidad de fortalecer la organización comunitaria para la protección y el cuidado del territorio. Estos lazos se construyeron mediante una serie de talleres realizados tanto de forma virtual como presencial. Entre los espacios virtuales se abordaron temas como el Acuerdo de Escazú, la administración pública y la Madre Tierra, y el Convenio 169 de la OIT en relación con la legislación guatemalteca. De manera presencial, se desarrollaron intercambios de saberes con las tejedoras de la escuela de tejido Ajkem Tijob’al Aj B’oko’, así como un taller de elaboración de biofertilizantes.

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En un contexto donde muchas juventudes enfrentan desafíos como la ansiedad y la depresión, este proceso permitió a Karen y a otras personas jóvenes encontrar sentido, propósito y conexión con su identidad y su territorio. Mientras facilitaba espacios formativos, el proyecto también impactó profundamente en su propio camino personal. Como resultado, Karen inició la escritura de un libro sobre las mujeres que participaron en los talleres, con la intención de publicarlo el próximo año. Para ella, “Tiqatika’ Etamab’alil pa ruchojmilal” fue también una puerta para reencontrarse con el camino de las abuelas, los abuelos y sus ancestras y ancestros.


 

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Adina Farinango and Nary Flores (Ecuador) 

Adina Farinango y Nary Flores son originarias de Otavalo, Ecuador. Adina es una artista multidisciplinaria y diseñadora Kichwa Otavalo radicada en Lenapehoking (Nueva York), mientras que Nary es consultora ambiental con enfoque en sostenibilidad y ecología en territorios Indígenas. Juntas impulsaron “Wiñaymuyu” (Semillas que Crecen), un proceso de talleres artísticos dirigidos a juventudes Kichwa en la provincia de Imbabura, orientado a reflexionar sobre la identidad y a imaginar futuros posibles para la cultura Kichwa.

El proyecto se desarrolló en la comunidad Kichwa Otavalo de Uyancha, en colaboración con la UNORINCA (Unión de Comunidades Indígenas y Comunidades Pluriculturales de Azama). Su objetivo fue responder a necesidades específicas de la comunidad mediante talleres de arte para niñes de entre 8 y 12 años, centrados en el diálogo entre expresiones artísticas tradicionales y contemporáneas. Al co-crear esta iniciativa con liderazgos locales hablantes de kichwa, los talleres honraron las voces de la comunidad y fortalecieron las conexiones intergeneracionales. Como afirma Adina, “este proyecto refleja un compromiso con la celebración del conocimiento indígena y empodera a la infancia para imaginar un futuro vibrante, arraigado en el orgullo cultural y la innovación”.

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Un componente clave del proceso fue la recuperación y adecuación de la Casa Comunal de la UNORINCA, espacio donde se llevaron a cabo los talleres y que seguirá siendo utilizado para actividades comunitarias, incluidos futuros espacios de aprendizaje de la lengua kichwa, actualmente en serio riesgo de desaparición debido a los altos niveles de migración. Durante el proyecto se desarrollaron ejercicios de sensibilización a través de técnicas artísticas y narrativas, con énfasis en la lengua originaria y en la celebración del Inti Raymi, festividad de agradecimiento al sol y a la tierra que marca el inicio del nuevo año andino.

Los talleres se articularon en torno al concepto de futurismo kichwa. Adina y Nary explican que “al involucrarse en este proceso, les niñes pueden soñar con audacia y utilizar el arte para visualizar cómo su cultura prospera como una presencia viva y en constante evolución”. Entre las actividades realizadas se incluyeron la creación de autorretratos, el foto-bordado, un mural colectivo que permanece como memoria en la casa comunal, diálogos intergeneracionales, la participación en el Inti Raymi, la elaboración de carteles sobre el cuidado del agua y un cierre en el que les niñes recibieron mochilas con materiales de pintura y flautas tradicionales. A pesar de los retos enfrentados, como la construcción de confianza con las autoridades comunitarias y la alta demanda de participación, Adina y Nary destacan los aprendizajes obtenidos y coinciden en que “Wiñaymuyu” reafirmó el poder del arte para sanar, resistir y fortalecer el empoderamiento cultural kichwa.
 

 

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Perla Alviore (Mexico) 

Perla Alviore es totonaca y vive en la comunidad de El Cedro, en Veracruz, México. Proviene de una familia de cocineras tradicionales y panaderas, y continúa una herencia que atraviesa varias generaciones: su madre y sus abuelas le transmitieron saberes que hoy ella comparte como cuarta generación. A través de clases de cocina semanales dirigidas a niñes y jóvenes, Perla impulsa la transmisión de conocimientos ancestrales y la defensa de la soberanía alimentaria. De este proceso nace la Casa Escuela de Cocina Tradicional del Cedro, un espacio comunitario que ofrece formación gratuita y fortalece el vínculo entre cultura, territorio y alimentación.

El proyecto se centró en la realización de clases de cocina y en la producción de materiales audiovisuales en lengua totonaca sobre el calendario gastronómico y agrícola de la región de Papantla. Mediante un colectivo de cocineras tradicionales, se compartieron saberes vinculados al fogón, la lengua originaria y la cosmovisión totonaca, reivindicando prácticas históricamente invisibilizadas por una violencia que prohibió el uso del idioma y afectó profundamente la agricultura y la gastronomía locales. Como expresión de resistencia y continuidad cultural, el proyecto se sostuvo bajo una consigna compartida: “¡Que los fogones no se apaguen!”.

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Las huellas de esta violencia también se manifestaron en rupturas generacionales, y la Casa Escuela se convirtió en un espacio de reencuentro y escucha. Allí, les jóvenes pudieron dialogar con abuelas y abuelos sobre la vida, la espiritualidad y la cosmovisión totonaca. “Quedamos enamorados; hay cosas que no sabíamos y ahora sabemos”, compartieron, refiriéndose a los mensajes del fuego, los sonidos del fogón y los saberes que acompañan momentos clave de la vida. Para Perla, las abuelas y abuelos “nos enseñan a alimentar el cuerpo y el alma, y cocinar con respeto también es un acto espiritual”, una enseñanza que reafirma el carácter colectivo del proyecto y la guía de las personas mayores en el camino comunitario.

El proceso incluyó una investigación profunda sobre ingredientes fundamentales como el frijol y el maíz, donde las abuelas compartieron tanto los métodos de preparación como historias personales cargadas de memoria y afecto. Este intercambio intergeneracional fue acompañado por un registro audiovisual que permitió resguardar las huellas de la memoria colectiva. Como resultado, el proyecto fortaleció la unión comunitaria y permitió a Perla consolidar su liderazgo y proyectar nuevas iniciativas, incluyendo colaboraciones con instituciones universitarias. Además, el calendario agrícola y los videos difundidos en su canal de YouTube ampliaron una red de personas interesadas en la cosmovisión y la gastronomía totonaca. Perla concluye: “Lo que recibimos de Cultural Survival fue como una semilla que propició un encuentro comunitario; hubo un despertar mágico de las abuelas al valorarse y reconocer su sabiduría”.

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