Pasar al contenido principal

Intervención del UNPFII en nombre de la Red Chimpu Warmi en Bolivia

21 de abril de 2026, Nueva York
Declaración presentada en el 25.º período de sesiones del Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas.

Rosa Fátima Mamani Quispe, en nombre de la Red Chimpu Warmi de Bolivia, participó en el UNPFII en el que exige al Estado Boliviano que atienda la demanda de los pueblos indígenas que han visto la muerte del Lago Poopo y la Mamacocha (Madre Tierra), así mismo, resaltó que las mineras están sacrificando el territorio Boliviano con sustancias extremadamente tóxicas que dañan la salud de la tierra y de las hermanas y hermanos Indígenas. 

 

Señor Presidente, a tiempo de congratularlo por su elección, agradezco a la organización Grupo de Trabajo Internacional para Asuntos Indígenas (IWGIA) por hacer posible mi participación en esta 25ª sesión del Foro Permanente. Traigo el mensaje de los pueblos y las mujeres indígenas de Bolivia que luchamos por la defensa de nuestros territorios, nuestros espacios de vida y nuestra libre determinación. Para nosotras el tema de esta sesión: “Garantizar la salud  de los Pueblos Indígenas, incluso en el contexto de los conflictos”, ofrece un espacio ideal para que nuestras voces, nuestros pensamientos aseguren el tejido de la vida.

Las mujeres indígenas hemos sostenido la vida preservando nuestros conocimiento y saberes, nuestra lengua, nuestras instituciones y autogobierno, nuestros planes de vida; hilando y tejiendo la vida. Nuestros tejidos son la memoria de la vida, un arte que hemos recibido de nuestras ancestras. La defensa del territorio es la defensa de la vida misma ya que para nuestros pueblos la tierra es mujer, es Pachamama madre tierra fecunda y fructífera.

La Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas reconoce nuestro derecho a la tierra, al territorios y recursos que tradicionalmente hemos poseído, ocupado y utilizado. Sin embargo, en el Estado boliviano estos derechos continúan siendo vulnerados. Nuestros territorios están siendo avasallados y violentados por políticas extractivistas por empresas mineras y la minería informal, por acciones institucionales como las del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra (ABT), que favorecen el ingreso de terceros antes llamados  colonizadores y ahora interculturales, de las llamadas cooperativas mineras a territorios indígenas, debilitando, fragmentando nuestra autonomía, nuestras formas de vida, nuestros sistemas de autogobierno, contaminando y enfermando a nuestra madre tierra.

La explotación minera, especialmente la minería del oro con el uso indiscriminado del mercurio, ha provocado graves daños ambientales. Ha contaminado ríos, destruido ecosistemas y empobrecido a los territorios indígenas y enfermado a nuestras comunidades y familias. Para las mujeres indígenas esto tiene impactos aún más profundos: cada vez es más difícil acceder al agua, a alimentos sanos y a medios que sostengan nuestras vidas y las de nuestras familias.; pero también genera espacios muy fuertes de violencia a los grupos más vulnerables: mujeres, niños y ancianos.

En el Altiplano estamos sufriendo el dolor por la muerte del lago Poopó, nuestra Mamacocha (madre lago), un ser vivo sagrado para los pueblos andinos. Así como ha muerto el lago, muchas comunidades viven hoy entre el duelo y la resiliencia. Sabemos que cuando muere un lago, no solo desaparece el agua: también se hiere la cultura, la cosmovisión y la memoria de los pueblos.

Para nosotras, la salud no se entiende únicamente como la visión occidental de una salud individual. Para nuestras comunidades, la salud es una relación integral, reciproca con la Madre Tierra. Si la Madre Tierra está sana, nosotros también estamos sanos, porque ella nos provee alimento, equilibrio y espacio para vivir. Pero si la Madre Tierra está enferma, también enfermamos física, emocional y espiritualmente.

Nos duele ver nuestros lugares sagrados destruidos: la Mamacocha, los cerros, los ríos y los espacios ceremoniales envenados de mercurio, arsénico y otros elementos nocivos para la vida. Cuando eso ocurre, también se rompe la relación de cuidado entre la comunidad y su entorno. Por eso, hablar de bienestar para nosotras es hablar de respeto a la naturaleza, a nuestro territorio y de protección de nuestros derechos colectivos.

Como mujeres indígenas estamos de pie, resistiendo, sembrando esperanza y tejiendo la vida. Defendemos el territorio porque defendemos la vida. Defendemos el agua porque defendemos el futuro. Exigimos al Estado cumplir con los compromisos asumidos en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, que en Bolivia es Ley 3760 desde el 7 de noviembre de 2007, por tanto, con carácter vinculante. El Estado debe asumir sus responsabilidades para asegurar un entorno que permita a los pueblos indígenas a vivir con dignidad, salud y libertad.

Muchas gracias!