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Un hombre junto a la represa y al agua, con colinas boscosas al fondo.
PANAMÁ · LA JUSTICIA REPRESADA

Los olvidados del río Changuinola:

Las comunidades Ngäbe siguen exigiendo justicia por la hidroeléctrica CHAN-75

Conoce su historia
DERECHOS INDÍGENAS · CHAN-75Una historia de lucha por el territorio, la vida y la justicia

UN TERRITORIO TRANSFORMADO

En 2007, la empresa AES represó el río Changuinola. Las comunidades Ngäbe que habitan a sus orillas siguen exigiendo justicia y reparación.

Desde 2007, las comunidades Indígenas Ngäbe del valle del río Changuinola, en Panamá, han sufrido el impacto devastador de la construcción de la hidroeléctrica CHAN-75 por parte de la empresa estadounidense AES. Este megaproyecto, construido sin la consulta ni el consentimiento de las comunidades afectadas, provocó desplazamientos forzados, pérdida de hogares y graves afectaciones a los territorios, formas de vida y su relación ancestral con el río.

Casi dos décadas más tarde, el desplazamiento de familias Ngäbe, el deterioro del río del que dependían y la represión ejercida contra ellas permanecen sin reparación. Pero eso no significa silencio. Las comunidades han mantenido viva la memoria de lo ocurrido, documentado las afectaciones y llevado sus demandas ante instituciones nacionales e internacionales. Generación tras generación, han sostenido la defensa de sus derechos, su territorio y su vínculo con el río.

En 2021, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos concluyó que Panamá violó los derechos de estas comunidades. El Estado no ha cumplido con sus obligaciones y, mientras tanto, ya concesionó una segunda represa sobre el mismo río.

Agua del río que fluye entre orillas cubiertas de bosque.
El territorio, el agua y la comunidad son inseparables.

Un río es mucho
más que agua.

Es vida, territorio, memoria y espiritualidad para los Pueblos Indígenas.

A las orillas del río Changuinola crecieron familias y comunidades cuya vida se construyó en estrecha relación con el río y el bosque. El río proporcionaba alimento, agua, medicinas y materiales para la vida cotidiana, así como espacios de significado cultural y espiritual. La pesca era abundante y el río conectaba a las comunidades. Durante generaciones, aprendieron a conocer sus tiempos: cuándo crecía, cuándo bajaba, cuándo era posible cruzarlo y cuándo era buen momento para pescar. Ese conocimiento del río formaba parte de la vida y se transmitía de generación en generación.

Pero cuando la hidroeléctrica CHAN-75 se construyó, todo esto cambió. Varias comunidades río arriba se inundaron y la gente tuvo que desplazarse, perdiendo sus territorios, sus casas, sus cultivos y animales, el acceso al río y toda la vida que el río sostenía. Río abajo, comunidades no directamente inundadas pero aún así afectadas, también se enfrentan a cambios en el agua, en el comportamiento del río y el acceso a todo lo que un río sano implicaba en sus vidas y que ahora no tienen. Para las familias que viven a sus orillas, el río que durante generaciones conocieron como fuente de alimento, camino y parte de su vida comunitaria es hoy también motivo de incertidumbres.

Conoce el contexto

EL COSTO DEL DESPLAZAMIENTO

La pérdida del territorio
significa despojo identitario y cultural.

El desplazamiento ha fracturado los lazos que mantienen unidas a las familias y las comunidades.

El relato de las comunidades describe un proceso de división mediante compensaciones selectivas ofrecidas sin transparencia y con falsas promesas. Muchas personas fueron presionadas para firmar documentos de venta de sus tierras sin recibir información clara ni explicaciones en sus propias lenguas sobre las consecuencias de estas decisiones. Estas prácticas debilitaron la confianza y la cohesión social dentro de las familias y las comunidades. A ello se suma la pérdida de espacios de encuentro y de significado cultural y espiritual, así como la alteración de prácticas vinculadas al río, como la pesca, los medios de transporte tradicionales y el conocimiento de sus ciclos, que durante generaciones han fortalecido los vínculos comunitarios.

Las comunidades afectadas

Valle Rey · Guayabal · Changuinola Arriba · Charco la Pava · Boca Chica · Cable Vía · Guabo · Corriente Grande · Isla Venao · Sursuba · Cochigró · Quebrada la Mina · Laso · Quisori · Selvina · Santa Rosa · Alto Sorí · Zegla

Una mujer con vestido granate sostiene un bastón de madera junto al agua.

LAS MUJERES EN EL CORAZÓN DE LA COMUNIDAD

Guardianas del territorio.
Portadoras de saberes.

Para las mujeres, el impacto ha sido especialmente grave.

Como guardianas de la tierra, las semillas, la cultura y los conocimientos ancestrales, las mujeres Ngäbe sostienen la vida y el bienestar comunitario. La transformación de los territorios y de su entorno ha alterado estas prácticas esenciales, así como el acceso a las plantas, los alimentos, las medicinas y otros elementos de la naturaleza de los que dependen la vida comunitaria y la pervivencia de los saberes.

Mazorca de cacao rojo que crece en un árbol.

La tierra sostiene la alimentación, los saberes y la continuidad de la vida comunitaria.

LA EXIGENCIA DE JUSTICIA CONTINÚA

Su historia no terminó
con la construcción de la represa.

Las comunidades Ngäbe siguen exigiendo justicia por los daños que CHAN-75 causó y sigue causando. Conoce la lucha de las comunidades, el informe del caso y el trabajo de incidencia de Cultural Survival.

Un grupo de personas adultas y niñas y niños junto a una casa de madera entre los árboles.
Integrantes de la comunidad Indígena Ngäbe Changuinola Arriba