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Hablar para atravesar el duelo: la producción audiovisual como el espacio donde convergen la memoria, la lucha y la resiliencia

Por Bolivia Red Chimpu Warmi

La comunidad Uru Murato de Puñaca Tinta María actualmente atraviesa el duelo por la pérdida de la Mama Qocha. Desde 2011, ciclos de cambios en el clima han mantenido en alerta constante a las mujeres. Evarista Flores, una de las últimas sabias del pueblo Uru, recuerda que la vida antes de estos cambios era tranquila. 

La nación Uru es uno de los pueblos Indígenas más antiguos de la región andina. Dentro de su cosmovisión y de los relatos recogidos por los cronistas, sus ancestros se remontan a los chullpas, pueblos presolares que s[JM2.1]obrevivieron en las aguas. Para María Apaza, el territorio del pueblo Uru comprende todo lo que hoy es el departamento de Oruro y las cuencas cerradas del Desaguadero. Sin embargo, siglos de expropiación, expoliación, violencia y despojo terminaron por limitar su existencia a pequeños enclaves.

En el periodo colonial, con el auge de la minería, los Urus fueron obligados a trabajar en la mina de Potosí; muchos fueron cazados y ejecutados allí. Felipe de Godoy señalaba en 1608 que: “De los uros de la provincia de Paria, Francisco de Toledo destinó 454 a Potosí, inicialmente cumplieron fielmente esta misión, pero después no quisieron ir más a dichas minas y aunque les han llevado con colleras y los han tenido encerrados, se huyen y vuelven a su tierra y se meten en la laguna y no quieren salir de ella”. 

Frente a esta coacción impuesta por el sistema colonial, en 1618 los Urus se reusaron a cumplir con las presiones del sistema: “se amotinaron en el Desaguadero de Chacamarca unos Indios Uros, comunmente llamados Ocrusumas, hicieron algunos daños en las Provincias comarcanas, porque de los españoles, que ocultamente habían muerto, tenían muchas armas, y a su castigo salió don Pedro Xarava. Gobernador de Chucuito”, anota Alonso Ramos Gavilán en 1621. Con estas presiones del sistema, fueron los lagos y el río Desagurero el refugio seguro para mantener la vida. 

La experiencia durante la vida republicana fue similar: se mantuvieron aislados, con algunas visitas de exploradores, antropólogos y funcionarios del Estado. Sin embargo, en esa época se estableció el primer poblado Uru en tierra firme: Puñaca Tinta María. Pablo Flores, alcalde del lago en 2025, refiere que de Puñaca salieron otros Urus para establecer los poblados Uru Muratos de Villañeque y Llapallapani.

“¿Cuándo comenzaron los problemas?” es una pregunta que surgió durante la conversación. María y Evarista, afirman que los problemas en la comunidad comenzaron cuando la pesca empezó a hacerse comercial. El sabio Daniel Mauricio, en un intento por modernizar la pesca, fue hasta el lago Titicaca para adquirir balsas de madera. Las balsas llegaron a Poopó y, con ellas, también otros pescadores de comunidades vecinas, quienes empezaron a organizarse en sindicatos para la pesca comercial. Las y los Urus también comenzaron a pescar para el mercado.

Para 2011, el lago ya se veía disminuido y, poco a poco, el pescado comenzó a escasear. Cada año fue disminuyendo el caudal; a veces volvía, pero luego no volvió más. Los pescadores se marcharon. La comida empezó a escasear y, con la desertificación, algunas especies de aves ya no retornaron. Asimismo, varias familias, en especial los jóvenes, se fueron: algunos a la laguna Uru Uru, otros a la estación de trenes de Machacamarca y otros a las minas cercanas, donde trabajan como jornaleros sin prestaciones laborales justas. Son karapanceos, señala Marisol: trabajan por horas y están a merced de lo que les paguen los trabajadores. Tanto en el poblado colonial de Poopó como en Oruro y en las comunidades, los Urus son discriminados. “Muratos” les dicen de forma despectiva, señalando que no saben trabajar. Abdon, uno de los jóvenes, señala que muchos de sus compañeros que se marcharon olvidan sus raíces como una forma de enfrentar la discriminación relacionada con su etnicidad. 

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En 2018, la red Chimpu Warmi, conformada por sabias, lideresas y jóvenes Indígenas de diversos territorios, inició una campaña para visibilizar el desastre ambiental del lago Poopó. La desertificación del lago se tomó como símbolo de un desastre que no debería repetirse, pero también como una advertencia sobre la vulnerabilidad a la que estamos expuestas las mujeres y los pueblos Indígenas.

En los últimos años, los caminos de la Red y de las mujeres Uru Murato de Puñaca Tinta María confluyeron y dieron lugar a un proceso compartido. A través del acuerpamiento como método de lucha y resistencia, hemos emprendido una búsqueda conjunta de soluciones frente a la crisis. El primer paso de este recorrido ha sido la recopilación de las memorias de las sabias. En este proceso nos encontramos con la tristeza cotidiana de quienes sobreviven en el territorio, hoy desertificado y reducido; un duelo que no solo es por el lago, sino también por quienes se fueron y por quienes murieron debido a la falta de servicios básicos, de atención en salud y de condiciones mínimas para la supervivencia.

Según el Censo de Población y Vivienda, en 2001 se registraban 1123 habitantes; para 2023, la población se había reducido a 80 personas, que viven entre el poblado de Poopó, la comunidad de Puñaca y el barrio de Villanueva, asentado en los alrededores de la estación desde donde se despacha el mineral hacia las comercializadoras para su posterior exportación. Son el oro, el estaño, el zinc y la plata los minerales que se extraen de las aproximadamente 40 operaciones mineras de la provincia y sus alrededores. Estas operaciones utilizan una gran cantidad de agua en sus procesos y posteriormente desechan sus residuos en el territorio, a la vista de los órganos estatales de control. La riqueza de empresas y cooperativas contrasta con la crisis del pueblo Uru. Evarista, María, Cristina, Cipriana y Gregoria son las sabias que se quedan en el territorio para que la cultura no se pierda, hoy artesanas, sobreviven a la catástrofe representando en las artesanías la cultura, la historia y la memoria de sus ancestras.

“No sé por qué hay tanto miedo en los hermanos, será por tanto maltrato”, reflexiona Rufino Choque, han sido décadas de discriminación y violencia que nos han sembrado el miedo de hablar, de decir las cosas. La Red, como espacio de fortalecimiento y a través del proyecto de medios comunitarios apoyado por Cultural Survival, ha generado espacios en los que hemos fortalecido la confianza y la autoestima. A través del tejido, también hemos fortalecido nuestras voces y hemos salido de la comunidad; al mismo tiempo, lideresas de otros territorios han visitado la comunidad. “Hemos ido al Palacio de Gobierno y la próxima vez estaremos ahí, exigiendo nuestros derechos y justicia”. Además, hemos tejido un documental y participar en todo el proceso de producción nos ha permitido dejar de ser objetos para ser sujetos. También hemos recopilado nuestras voces sobre lo que sentimos, lo que nos ha sucedido y nuestra relación con el territorio.

En 2025, Rosmery, hija de Evarista, sufrió un accidente de tránsito donde falleció su esposo y ella quedó gravemente herida. La Red Chimpu se acuerpó para gestionar ayuda humanitaria y solicitar atención en salud, así como la aplicación de la Ley 450, que establece la atención oportuna a grupos en peligro de desaparición y el acceso a otros fondos de ayuda social destinados a restablecer la salud. Solas, en el territorio, no lo hubiéramos logrado, señala Evarista. El caso de Rosmery no ha encontrado justicia hasta el día de hoy. Son la muerte y la enfermedad las que están acabando con las pocas personas que quedan en la comunidad. Cada año se reportan enfermedades vinculadas a la contaminación y la pobreza; sin embargo, estas vidas no son contabilizadas y permanecen únicamente en la memoria del pueblo.

Cuando el lago se secó fue noticia nacional e internacional y llegaron algunas ayudas a la comunidad, pero, poco a poco, la atención se fue apagando. Las instituciones que apoyan a la comunidad son pocas y algunas son extractivas, al igual que las actividades mineras no facilitan espacios directos para la incidencia del pueblo Uru.  

En este camino, la comunicación, la producción audiovisual y la radio desde el territorio son herramientas que nos permiten visibilizar, mostrar y fortalecer nuestras acciones en defensa de nuestros territorios y en la exigencia de nuestros derechos. Pero, también, constituyen una vía para que la comunidad, los aliados, la sociedad y las instituciones puedan establecer contacto y llevar a cabo acciones conjuntas que contribuyan a detener la extinción. Se trata de romper la barrera del silencio, irrumpir con la voz y la imagen para combatir el olvido y emprender un camino hacia la búsqueda de justicia.

In 2025, Bolivia Red Chimpu Warmi received a grant from Cultural Survival’s Indigenous Community Fund, which provides opportunities for journalism, broadcasting, audio editing, technical skills, and more for community media from Indigenous communities around the world. In 2025 CS awarded a total of $502,000 to 63 Indigenous communication projects that will benefit Indigenous Peoples in 29 countries: Argentina, Bangladesh, Bolivia, Botswana, Brazil, Chile, Ecuador, Colombia, United States of America, Philippines, Guatemala, India, Kenya, Mexico, Nepal, Peru, South Africa, Democratic Republic of Congo, Indonesia, Honduras, Mali, Nicaragua, Cambodia, Chile, Canada, Panama, Paraguay, Papua New Guinea, New Zealand, Nicaragua, and Tanzania.