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Sanar la tierra, sanar a nuestra gente: Todavía Luchamos por Liberar el Río Klamath

Por Juliette A. Jackson (maqlaq) y Anna Merritt (maqlaq) editor Laura Pérez Franco 

Muchos creen que el río Klamath es libre, pero no es verdad. Cuatro de las seis presas del río Klamath fueron desmanteladas (2023-2024), lo que llevó a los principales medios de comunicación, a destacadas organizaciones ecologistas e incluso a otros Indígenas a proclamar que el río era libre. La lucha no ha terminado, aún tenemos que desmantelar las presas de Keno y Link y sanar nuestra cuenca. La desinformación sobre nuestro sagrado ambo (agua en Klamath/Modoc) ha hecho que muchos miembros de las tribus Klamath sintamos que estamos viviendo de nuevo el Termination Era, período de la historia de Estados Unidos en el que el Gobierno buscó apropiarse de las tierras de las naciones tribales, como los Klamath, ricas en recursos naturales. Para terminar con el reconocimiento federal de nuestra soberanía como nación Indígena en 1954.  

Nuestra tierra fue históricamente una enorme cuenca hidrográfica, repleta de lagos, ríos y humedales y conocido como el antiguo lago Modoc. Un ecosistema con gran biodiversidad y con la tercera mayor migración de salmones del Pacífico. El río Klamath nace en nuestras tierras y desemboca en el océano. Nuestro río conectaba a muchas Naciones Indígenas: Klamath, Modoc, Pit River, Karuk, Hupa y Yurok, así como a otras sin reconocimiento federal.
 

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Fotografía tomada en julio de 2026. El río Klamath nace en el lago Upper Klamath. Abajo se observa la presa Link y, en la imagen, los restos de dos arrecifes naturales que quedaron prácticamente destruidos durante su construcción. Se aprecian la zona rocosa situada antes de la presa y el área verde cercana a la misma.
 

Las tribus Klamath comprenden tres comunidades: los Klamath, Modoc y Yahooskin Paiute, confinadas en una sola reserva. Los Maqlaq y neme (“Gente”) se encuentran en el corazón y pulmón de la cuenca. En el marco del Tratado de 1864, cedimos más de 22 millones de acres al Gobierno estadounidense, conservamos una reserva de 2 millones de acres y los derechos de caza, pesca, recolección, trampas y los derechos del agua. Somos la única nación tribal del río Klamath con un tratado ratificado, y con los derechos de agua más antiguos. 

Para sobrevivir a la colonización, los Klamath vendimos madera, lo que nos convirtió en una de las naciones tribales más ricas de EE. UU., y nos permitió económicamente defender nuestros derechos. Cuidábamos nuestras tierras mediante el fuego, hasta que el Gobierno lo prohibió en 1911. El Gobierno nos consideraba un obstáculo para sus proyectos de talar nuestros bosques, apropiarse del agua para la agricultura y la ganadería a gran escala, construir líneas de ferrocarril y generar energía hidroeléctrica. Todo ello se efectuó en las décadas de 1860 y 1870, y continúa actualmente.

En 1905, se autorizó el Proyecto Klamath en virtud de la Ley de Recuperación de 1902, lo que permitió el desarrollo del regadío en 200,000 acres de la cuenca. La construcción de la primera de las seis presas comenzó en 1909, lo que marcó el inicio de la ruptura entre nuestra comunidad y c’iyaals (salmones). El Gobierno incumplió nuestro tratado para apropiarse de nuestras tierras y en 1954, EE. UU. dejó de reconocernos como nación soberana. Aunque defendimos ante el Congreso que nunca renunciaríamos a nuestras tierras, nos arrebataron nuestros derechos y los de nuestros c’iyaals: nuestros parientes animales y nuestra cultura, en un proceso cercano al genocidio. 

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Aerial drone image post 2021 Bootleg Fire. The areas not burned were stewarded with fire by the Klamath Tribes.
 

Tras romper el acuerdo, ya no pudimos cazar, pescar, recolectar ni cuidar nuestras tierras hasta su restitución en 1974, lo que nos ayudó a encaminarnos nuevamente hacia el reconocimiento federal como nación soberana en 1986 aunque sin tierras. Somos gente de salmón y llevamos más de 100 años sin nuestros c’iyaals; la única tribu que vive a orillas del río Klamath a la que se le sigue impidiendo el acceso a sus parientes salmones.

La colonización ha causado estragos en el río Klamath. Lo que ocurre en su nacimiento afecta todo el curso del río. Mientras el agua tóxica sigue fluyendo y nuestra cuenca sagrada enferma clama auxilio, nuestros parientes acuáticos están al borde de la extinción. Cuando oímos decir que el río es libre, nos parece una vez más una forma de borrado colonial hacia nuestra gente y nuestros parientes animales. 

Todavía nos recuperamos de un proceso en el que el Gobierno casi perpetra nuestro genocidio. No obstante, como nuestros c’iyaals, estamos encontrando el camino de vuelta a casa. Tras la eliminación de cuatro presas en octubre de 2025, se avistaron algunos c’iyaals en la parte alta de nuestra cuenca. No sabemos cómo lograron superar las dos presas restantes, que cuentan con escaleras para peces salmón. Milagrosamente, los c’iyaals están volviendo a casa, aunque a unas aguas mortíferas. 

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Encendido de una quema prescrita en un taller sobre cultura y fuego.
 

El uso del fuego para restaurar nuestra cuenca sagrada

El uso del loloqs (fuego) por parte de los Indígenas ha moldeado los paisajes y purificado el agua durante miles de años. Nuestra tierra es una meseta volcánica, un ecosistema que depende del fuego y que proporcionaba agua cristalina a toda la cuenca del Klamath. El fuego actúa como un proceso de selección natural que favorece a la especies adaptadas y dependientes de él, contribuyendo así a generar resiliencia y resistencia ante futuras perturbaciones. Reduce los combustibles acumulados y peligrosos; las enfermedades y las especies invasoras. Renueva los suelos, estimula el crecimiento de plantas y mejora el hábitat de la fauna silvestre y aumenta la resistencia del ecosistema ante incendios forestales graves, plagas y estrés climático.

El fuego es la solución para combatir los megaincendios y el remedio para curar nuestra cuenca y gente. Sin quemas controladas nos enfrentamos a incendios forestales masivos. En 2021, el incendio forestal Bootleg, el más grande registrado en Oregón, arrasó más de 400,000 acres. Las únicas zonas que se mantuvieron intactas durante este incendio fueron aquellas gestionadas por las Tribus Klamath. Tenemos un acuerdo de gestión con el Servicio Forestal de EE. UU. desde 1999, pero nuestra capacidad para gestionar plenamente todas nuestras tierras ha sido limitada. Las zonas que gestionamos, basados en nuestro conocimiento ancestral, fueron la prueba necesaria para cambiar la perspectiva nacional sobre la gestión del fuego en EE. UU. 
 

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Zona de pradera afectada por el incendio Bootleg, 2021.
 

Nuestras tierras se quemaban cada 10-13 años, arrasando entre 300,000 y 500,000 acres. Los incendios más pequeños se producían con mayor frecuencia. Nuestros antepasados propagaban el fuego por razones como la gestión de la cuenca hidrográfica. Durante la última década, la supresión del fuego ha provocado una densa acumulación de material combustible, compuesta por madera caída y hojarasca. Para aliviar un bosque sobrecargado y privado del fuego, de los megaincendios, se está introduciendo ganado para gestionar la tierra y reducir los combustibles, sustituyendo el conocimiento ecológico Indígena y destruyendo el curso del agua que antes era prístina.

El fuego es esencial para nuestra cultura, espiritualidad y tierra. Ha sido nuestra herramienta durante miles de años. Sin embargo, la colonización nos privó de nuestra capacidad para cuidar la tierra con el fuego y contribuyó a su contaminación con el ganado, los pesticidas, plásticos y las presas, enfermando nuestras tierras. Actualmente, gran parte de nuestra cuenca es tóxica; el lago Upper Klamath se asfixia por la proliferación de algas. Debido a la fragmentación, embalsamamiento y envenenamiento entre el lago Lower Klamath y el río Lost, nuestros peces sagrados son incapaces de reproducirse o de llegar a sus zonas originales de desove. Tradicionalmente, incinerábamos a nuestros seres queridos y los devolvíamos al agua, algo que ya no podemos por la fragmentación de la cuenca.
 

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Zona de matorral quemada tras el incendio Bootleg de 2021; fotografía tomada en la primavera de 2022.

 

Nuestra historia de la creación está ligada a nuestros sagrados c’waam y koptu, que no se encuentran en ningún otro lugar del mundo excepto en nuestro ambo. Estamos espiritualmente vinculados a estos peces, y si ellos sufren, nosotros sufrimos. En nuestras historias, primero llegaron los animales y, luego, nosotros. El pájaro más poderoso que colaboró con el Creador es el ka-ak (cuervo). Este era un aliado supremo que poseía poderes oraculares y velaba por la gente. 

Ka-ak nos está guiando de vuelta a nuestras costumbres. Tal y como nos han dicho nuestros Ancianos, debemos reconstruirlo tal y como era antes. Por eso, como codirectoras ejecutivas de la Alianza tonip ka-ak defendemos la sanación de nuestras tierras. Tenemos las soluciones para sanar la cuenca, eliminación de presas y uso del fuego. Esta es la forma en que sanamos nuestra cuenca y gente.

--Juliette A. Jackson y Anna Merritt son miembros de las Tribus de Klamath y codirectoras de la Alianza tonip ka-ak (5 Cuervos), una organización dirigida por mujeres Indígenas en EE. UU., cuya misión es” sanar la tierra, sanar la gente”.

 

Foto superior: Taller sobre cultura y fuego en el río Sprague, Oregón.

 

Todas las fotografías, cortesía de Tonip Ka-ak (5 Raven) Alliance. 

 

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