Kilaya surge en la comunidad de Pucará Grande, en la localidad de Kizapincha, Ecuador. Impulsada por un profundo deseo de honrar su legado ancestral, su fundadora, Samay Kinti Quinatoa (Kichwa Kisapincha), encontró la inspiración para este proyecto en su propio hogar, en las manos firmes y hábiles de su abuela, María Manuela Chadán. Chadán, hoy de 82 años, dedicó su vida a elaborar chigras, bolsas tradicionales tejidas con fibra de cabuya. “Aunque esta artesanía requiere tiempo, técnica, memoria e historia, el precio que recibía mi abuela al vender estos productos en el mercado nunca compensó realmente todo ese esfuerzo”, explica Quinatoa. Esta dura realidad económica que enfrentan las artesanas Indígenas fue el detonante de Kilaya. El proyecto nació como una iniciativa para dignificar el trabajo artesanal, revitalizar la economía rural local y fortalecer las capacidades de las mujeres Indígenas que viven en el páramo.
La identidad de Kilaya está inseparablemente ligada al páramo: el ecosistema de gran altitud donde nace el agua de Ecuador. Se trata de una entidad viva, llena de color, historia cultural y un profundo significado espiritual. “Hablamos de vestir al mundo con el páramo porque nuestras piezas llevan sus colores, texturas, siluetas y fluidez”, explica Quinatoa al describir una filosofía del diseño que se entreteje en cada prenda.

La estética de Kilaya incorpora complejos bordados que representan la vida cotidiana de la comunidad, los ciclos agrícolas y la imponente geografía de Pucará Grande. “Desde Pucará Grande, donde realizamos nuestro trabajo creativo, podemos ver volcanes emblemáticos. Estos volcanes nos inspiran y nos han acompañado a lo largo de este camino. Para quienes vivimos allí, son guardianes que orientan constantemente nuestro andar”, afirma Quinatoa.
En una época dominada por la moda rápida, Kilaya se distingue por su transparencia radical y una estricta trazabilidad. Cada proceso de la cadena de valor de la marca se controla cuidadosamente y se utilizan exclusivamente materiales naturales y ecológicos como algodón, alpaca, lino, bambú y cáñamo, combinados con pigmentos obtenidos de manera responsable a partir de plantas nativas del páramo. “Además de desempeñar un papel fundamental en el ecosistema para la regulación del agua, estas plantas se utilizan con fines medicinales, para limpias espirituales o rituales ancestrales y para elaborar tintes naturales. Nuestras prendas representan la importancia de las plantas del páramo y la necesidad de tratarlas con respeto cada vez que lo visitamos o ascendemos a él. También es una forma de decir que el páramo está vivo y que no debe ser sometido a industrias extractivas”, señala Quinatoa.
Las prendas de Kilaya están diseñadas para durar y, algo fundamental, para volver a la tierra: tanto las fibras como los tintes son completamente biodegradables. Sin embargo, el impacto de Kilaya va más allá de la sostenibilidad. El proyecto ofrece a las artesanas Indígenas una alternativa con una remuneración justa, al tiempo que brinda orientación técnica en diseño y apoyo emocional, fortaleciendo así las capacidades de la comunidad. También plantea un desafío directo a las industrias extractivas, como la minería, que amenazan al páramo.

Para Quinatoa, estas prendas son portadoras de conocimientos. Cada creación va acompañada de una historia, incluido el nombre de la mujer que la elaboró. Al conectar directamente al consumidor con la creadora, Kilaya transforma una simple prenda en un puente entre culturas. “Hemos podido contar la historia de diversas prácticas culturales e incluso medicinales que quedan entretejidas en las prendas”, afirma. Quinatoa señala que el éxito de Kilaya no ha estado exento de dificultades, “principalmente porque nuestras voces no son escuchadas ni legitimadas. Las industrias de la moda y el sector textil se apropian de voces y diseños”, explica. Como consecuencia, continúan legitimándose las voces de “personas que no forman parte de las comunidades, en lugar de aquellas que provienen de los territorios”. La lucha por llegar a un mercado que valore verdaderamente estas narrativas —y que esté dispuesto a pagar el precio justo que permita que estas tradiciones prosperen— sigue siendo otro desafío constante.

Kilaya hace mucho más que crear moda: documenta prácticas medicinales, salvaguarda historias orales y contribuye a construir un futuro sostenible y digno en el que su identidad no solo sea respetada, sino también celebrada. A través de Kilaya, el páramo no solo está siendo protegido, sino también compartido con el mundo.

Conoce a Kilaya en el Bazar de Cultural Survival durante esta temporada de
fiestas: 12 y 13 de diciembre de 2026 —Boston Center for the Arts, Boston,
MA—; 19 y 20 de diciembre de 2026 —WaterFire Arts Center, Providence, RI—.
bazaar.cs.org
