Iniquilipi Chiari-Lombardo (Guna) y May Pérez (Guna), equipo de CS
Gunayala es un ejemplo destacado de autonomía y autogobierno Indígena en Abya Yala. Los Pueblos Guna han defendido su territorio, su identidad y su propia forma de gobierno desde mucho antes de que instrumentos internacionales como la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas reconocieran formalmente los derechos a la libre determinación, la autonomía y el autogobierno. Nuestros Pueblos han practicado durante siglos sus propias formas de organización y toma de decisiones, y hoy continuamos viviendo y ejerciendo en Gunayala estos derechos reconocidos internacionalmente.
El territorio ancestral de la Comarca Gunayala se encuentra en la costa caribeña de Panamá y se extiende hasta la frontera con Colombia. Comprende tierra firme, bosques, ríos, manglares, costas, el mar y numerosas islas donde se encuentran nuestras comunidades. Es el hogar de nuestros ancestros Guna y el lugar donde seguimos viviendo y transmitiendo nuestros conocimientos y nuestra forma de comprender el mundo. Su litoral se extiende aproximadamente 315 kilómetros e incluye más de 400 pequeñas islas e islotes; por ello, solemos describir nuestras comunidades como pueblos junto al mar. Nuestro Pueblo recorre este territorio
desde las cordilleras, siguiendo sus ríos y atravesando bosques, manglares y playas hasta llegar al mar, las islas, los arrecifes de coral y las arenas blancas: lugares que no solo forman parte de nuestra geografía, sino también de nuestra memoria, espiritualidad y luchas.
Nuestra autonomía no nació de una ley del Estado, y nuestra forma de autogobierno existía mucho antes de recibir reconocimiento jurídico formal. La Ley 16, promulgada el 19 de febrero de 1953, organizó jurídicamente lo que entonces se denominaba Comarca de San Blas, hoy Gunayala. Posteriormente, otras leyes y decisiones judiciales han reconocido nuestra organización y autonomía.
Comprender plenamente nuestra autonomía también exige recordar un acontecimiento que marcó profundamente nuestra historia: la Revolución Dule de 1925. La Revolución Dule o Revolución del Pueblo fue un momento decisivo en la defensa de nuestros derechos, nuestro territorio, nuestra cultura y nuestra forma de vida frente a las políticas del gobierno panameño que pretendían “civilizar a los Indígenas de San Blas”, nombre con el que entonces se denominaba a nuestro Pueblo. En realidad, ya contábamos con nuestra propia civilización, con autoridades, normas, conocimientos, espiritualidad y una cosmovisión que orientaba nuestras vidas mucho antes de que existiera la República de Panamá.
La Revolución no creó nuestra autonomía, sino que la defendió y reafirmó. Este año, al conmemorar 101 años de aquella gesta, sigue teniendo un profundo significado para nosotros.

Murals in Gunayala reflect the Guna way of life, which bridges land and sea. Photo by Julien Defourny.
La autonomía que nuestros ancestros defendieron hace más de un siglo no pertenece únicamente al pasado; perdura y se ejerce cada día en nuestras comunidades. Uno de los espacios donde cobra vida nuestra forma de autogobierno es el Onmagged Nega, la Casa del Congreso, donde la comunidad se reúne para escuchar, dialogar y reflexionar sobre los asuntos que nos afectan, así como para tomar decisiones colectivas. Allí, nuestros Sagla (autoridades tradicionales) nos orientan mediante sus cantos, que transmiten la memoria, los conocimientos y las enseñanzas de nuestros ancestros, mientras que los Argar ayudan a interpretar esos conocimientos y a relacionarlos con las situaciones que vive la comunidad en el presente.
Para nosotros, el canto no está separado de la gobernanza. Desde nuestra cosmovisión, gobernar no significa únicamente gestionar recursos, aprobar leyes o ejercer autoridad, sino también orientar, escuchar, aconsejar, transmitir conocimientos y asumir responsabilidades hacia la comunidad. A partir de cada una de nuestras comunidades se construye una estructura colectiva más amplia que conecta a las 49 comunidades de Gunayala a través del Congreso General Guna, mediante el cual nuestro Pueblo se ha organizado para gobernarse colectivamente.
La comunidad de Uggubseni, en la comarca de Gunayala, Panamá.
El Congreso es nuestro máximo órgano político y administrativo y se ocupa de asuntos relacionados con el territorio, los recursos naturales, la educación y otras cuestiones que afectan la vida de nuestras comunidades, además de mantener relaciones con el Estado y otras instituciones. Junto a él se encuentra el Congreso
General de la Cultura Guna, responsable de fortalecer nuestros Conocimientos Tradicionales, espiritualidad, cantos, lengua y otras expresiones culturales que conforman nuestra identidad. La relación entre ambas instituciones demuestra un principio fundamental de nuestro modelo: la gobernanza, la cultura, la espiritualidad, el conocimiento y el territorio no están separados, sino interconectados.

Maraca con un Naa Ukuryaa. Este símbolo ha formado parte de la cultura Guna durante siglos y representa al pulpo que creó el universo, los cuatro puntos cardinales y el lugar de origen de la humanidad.
Las decisiones en Gunayala se toman de manera colectiva, guiadas por nuestro derecho consuetudinario, nuestras normas y nuestra cosmovisión. La Igardummadwala, nuestra Ley Fundamental, junto con los estatutos, reglamentos y resoluciones de nuestros Congresos, así como las normas comunitarias, conforman nuestro propio sistema y expresan nuestro derecho a gobernarnos de acuerdo con nuestras propias normas e instituciones. Esto adquiere especial importancia frente a proyectos o intereses externos, porque el autogobierno no puede reducirse a un mero reconocimiento plasmado en una ley. Solo se vuelve real en la práctica cuando un Pueblo puede tomar decisiones sobre asuntos que transforman su territorio y su forma de vida.
Con el paso del tiempo, nuestra autonomía ha sido puesta a prueba por diversos intereses sobre nuestro territorio y recursos y, en años recientes, por propuestas de megaproyectos de desarrollo como el Sistema de Interconexión Eléctrica para Países de América Central. Frente a estas situaciones, nuestras autoridades, asambleas, resoluciones y normas internas sirven como herramientas para ejercer nuestra autonomía. Gobernarnos a nosotros mismos significa tener la capacidad de decir no, establecer condiciones y decidir qué es compatible con nuestra visión del territorio.
Considerar a Gunayala como un modelo de autogobierno no significa que sea un sistema perfecto ni que permanezca congelado en el tiempo. Nuestro autogobierno es un sistema vivo que debe seguir adaptándose a los desafíos del presente. Algunas de nuestras prácticas y formas de conocimiento se han
debilitado con el tiempo y muchas de nuestras personas jóvenes viven fuera del territorio. Nuestras comunidades atraviesan transformaciones sociales, económicas, culturales y ambientales, mientras que el cambio climático afecta cada vez más nuestras costas, islas y ecosistemas. Mantener nuestra autonomía implica reconocer estas realidades y seguir fortaleciendo nuestro patrimonio para que nuestra lengua, conocimientos, normas y formas propias de organización sigan teniendo sentido para las generaciones futuras.

Me enorgullece señalar que, en 2017, ayudé a fundar lo que hoy se conoce como el Congreso General de la Juventud Guna, un espacio dedicado a fortalecer el liderazgo, los esfuerzos de conservación y los valores de nuestro Pueblo en Gunayala. Tampoco podemos pasar por alto a las personas jóvenes que viven fuera del territorio, pero mantienen vínculos con sus comunidades y regresan para visitar a sus familias, participar en ceremonias tradicionales, celebrar aniversarios comunitarios o conmemorar la Revolución Guna. Esta relación con las nuevas generaciones es fundamental para garantizar que nuestra cultura, nuestros conocimientos y nuestro autogobierno sigan fortaleciéndose con el tiempo. Las mujeres también desempeñan un papel vital en esta continuidad, ya que participan en la transmisión de nuestra lengua, nuestros conocimientos y nuestras prácticas culturales, así como en la formación de las nuevas generaciones.
Del mismo modo, nuestra relación con la tierra se expresa a través de sistemas de conocimiento como Nainu, nuestra práctica agrícola tradicional. Transmitida de generación en generación y arraigada en la comprensión de los ciclos, los cultivos y el manejo de la tierra, esta práctica nos recuerda que nuestra forma de gobernarnos está profundamente entrelazada con la manera en que cuidamos la vida. Frente a la pérdida de biodiversidad y al cambio climático, la experiencia de Gunayala tiene mucho que aportar, no porque tengamos todas las respuestas, sino porque, a lo largo de generaciones, hemos aprendido que no puede haber
autonomía sin territorio, ni territorio sin conocimiento, ni conocimiento sin comunidad.
Nuestra experiencia demuestra que reconocer los derechos de los Pueblos Indígenas significa mucho más que simplemente delimitar un territorio en un mapa. Requiere respetar sus autoridades, instituciones, sistemas de conocimiento y normas y, sobre todo, su capacidad para tomar decisiones colectivas sobre su presente y su futuro.
Nuestra autonomía no es simplemente un derecho reconocido por leyes o instrumentos internacionales: es una práctica que continuamos ejerciendo, defendiendo y fortaleciendo a través del Onmagged Nega, nuestros Congresos, nuestras normas, la transmisión de nuestros conocimientos y la defensa del territorio heredado de nuestros ancestros. Quizá una de las mayores contribuciones que Gunayala puede compartir con otros Pueblos Indígenas y con el mundo sea demostrar que el autogobierno no es una reliquia del pasado, sino una expresión viva de nuestra libre determinación y un compromiso colectivo con la protección de quienes somos, de nuestro territorio y del legado que dejaremos a las generaciones futuras.
Los murales de Gunayala reflejan el modo de vida de los Guna, que une la tierra y el mar.
--Iniquilipi Chiari-Lombardo (Guna) es subsecretario del Congreso General de los Guna. May Pérez (Guna) is Cultural Survival Panama Advocacy Coordinator.
Top photo: Uggubseni community in the Gunayala Comarca in Panama. Photo by Iniquilipi Chiari-Lombardo/TV Indígena.