Guadalupe Pastrana (NAHUA, Personal de CS)
A las 6:00 de la mañana, iluminadas por los primeros rayos del sol, las Salinas Grandes, en el noroeste de Argentina, se tiñen de tonos rosados, amarillos y azules. Bajo esta vasta costra salina, que se extiende por más de 200 kilómetros cuadrados entre las provincias de Jujuy y Salta, yace uno de los metales más codiciados del planeta: el litio.
El litio se utiliza para fabricar baterías de teléfonos celulares, computadoras portátiles, vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento de energía y se considera un elemento clave para reducir la demanda de combustibles fósiles. Sin embargo, en la cuenca de las Salinas Grandes y Laguna de Guayatayoc, su
extracción está destruyendo los territorios que las comunidades Indígenas Kolla y Atacama han habitado durante generaciones. En respuesta, la Asamblea de la Cuenca de las Salinas Grandes y Laguna de Guayatayoc, conformada por estas comunidades en 2010, encabeza la defensa del salar y del territorio.
La primera vez que Clemente Flores (Kolla), presidente de la comunidad El Angosto, escuchó la palabra litio fue en 2009. Hasta entonces, las comunidades de la región desconocían que este metal se encontraba bajo sus tierras. Tampoco sabían que, en los mapas mundiales de la minería, el lugar que habitan forma
parte de lo que se conoce como el “Triángulo del Litio”. “No sabíamos qué era el litio, ni qué aspecto tenía. Llegaron y dijeron: ‘Queremos el territorio de las Salinas para producir litio’”, recuerda Flores.

Clemente Flores (Kolla), President of the El Angosto community. Photo by Guadalupe Pastrana.
El Triángulo del Litio es una zona geográfica que abarca Argentina, Bolivia y Chile donde, según el informe Mineral Commodity Summaries 2026 del Servicio Geológico de Estados Unidos, se concentra cerca de la mitad de las reservas de litio identificadas en el mundo. Por ello, es una región muy codiciada por empresas multinacionales y grandes consorcios mineros. Pero, para las comunidades que viven allí, el salar, los cerros, los humedales, los manantiales y las zonas de pastoreo representan mucho más que el metal que yace bajo la superficie. Para el artesano José Chávez (Kolla), por ejemplo, “el salar es un ser vivo” que le proporciona su sustento. Él lo llama “Madre Salar”. Macedonio Carrillo (Kolla), guía de turismo comunitario, explica que históricamente la sal ha sustentado a las familias de esta región. “Los bloques de sal se utilizaban para el consumo
humano, para conservar la carne, elaborar charqui y realizar trueques. La sal funcionaba como la moneda de aquella época”, señala.
En salares de gran altitud como las Salinas Grandes, el litio no se encuentra en rocas ni en vetas minerales. Allí permanece disuelto en salmueras bajo la superficie del salar. La extracción consiste en bombear esta salmuera desde el subsuelo y depositarla en grandes estanques a cielo abierto. A lo largo de varios meses, el sol evapora el agua y concentra las sales. Posteriormente, mediante procesos químicos, se obtiene carbonato de litio. Además del bombeo de salmuera, se sabe que este procedimiento requiere enormes cantidades de agua.
Las comunidades Indígenas temen que la extracción altere el equilibrio hídrico de la región.
Las precipitaciones son escasas en este ecosistema, la puna (tierra alta). En las zonas más áridas, alcanzan apenas unos 100 milímetros al año y, en estas condiciones, la vida depende de pequeños arroyos, humedales y manantiales naturales. Durante un recorrido por las comunidades de la cuenca de las Salinas
Grandes, la escasez de agua surgió como una preocupación generalizada. La extracción de litio se percibe como una amenaza porque implica la privatización y destrucción de las Salinas Grandes, además de requerir miles y miles de litros de un recurso tan preciado como el agua. Habitantes como Franco Vedia (Kolla)
tienen motivos de sobra para preguntarse: “Si toda el agua va a parar a las empresas mineras, ¿con qué agua se abastecerán las comunidades?”.

Members of the Assembly of the Salinas Grandes and Laguna de Guayatayoc Basin. Photo by Edison Andrango.
Para frenar el avance de las empresas mineras, 33 comunidades Indígenas han emprendido diversas acciones legales desde 2010. Su principal demanda ha sido el respeto al derecho a la Consulta Libre, Previa e Informada, reconocido en el Convenio 169 de la OIT y ratificado por Argentina en el año 2000. Además de estas acciones, también elaboraron su propio protocolo de consulta entre 2013 y 2015. Lo llamaron “Kachi Yupi”, que en quechua significa “Huellas de sal”. Si bien en la actualidad las empresas mineras no explotan las Salinas Grandes, el territorio continúa enfrentando una presión constante. El Registro Minero de Jujuy
da cuenta de la intensa actividad e interés minero en la zona: los datos muestran que amplias extensiones de la puna jujeña, incluidas partes de la cuenca de las Salinas Grandes y Laguna de Guayatayoc, están sujetas a permisos de exploración y proyectos vinculados principalmente con el litio.
Sin embargo, así como persisten las amenazas, también persiste la resistencia. En 2019, varias comunidades, junto con la Fundación Ambiente y Recursos Naturales, iniciaron una nueva acción legal ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Alicia Chalabe, abogada que acompaña a las comunidades desde 2010, explica que esta nueva acción de amparo “solicita el establecimiento de una línea de base ambiental” y exige que “las evaluaciones de impacto ambiental no se realicen de manera individual, proyecto por proyecto, sino de forma acumulativa; es decir, que se determine el impacto no solo de un proyecto en particular, sino del conjunto de proyectos aprobados a lo largo del tiempo”.
En 2023, la Corte Suprema solicitó información al gobierno nacional y a los gobiernos provinciales de Jujuy y Salta sobre los permisos mineros y las evaluaciones ambientales vinculadas con estos proyectos. Posteriormente, en 2025, la Corte admitió la acción de amparo. Aunque el fondo de la demanda aún no ha sido resuelto, las comunidades mantienen la esperanza. “Estamos entrando ahora en una etapa en la que la Corte debe pronunciarse sobre las medidas cautelares. Una de las medidas solicitadas es la suspensión de los proyectos de exploración de litio en las Salinas Grandes hasta que se cumplan las normas ambientales”, explica Chalabe.
Podcast cover.
Durante una caminata por la comunidad de Tusaquillas con Vedia y su familia, llegamos a un manantial natural. En medio del paisaje árido de la puna, hay árboles frutales cultivados por los habitantes de la zona. También hay huertos donde se siembran maíz, habas y otros productos, además de plantas medicinales. Todo esto depende del manantial. De ahí que, para las comunidades Kolla y Atacama que viven aquí, la lucha nunca haya girado únicamente en torno al litio. La defensa es por aquello que hace posible la vida en la puna: Mama Yaku, la Madre Agua.
Antes de despedirnos, Vedia desplegó una bandera que durante años había acompañado marchas, asambleas y encuentros comunitarios. Sobre un fondo lila, el diseño muestra las montañas, las Salinas Grandes y una frase que resume la lucha de estas comunidades: “El agua y la vida valen más que el litio”. Clemente Flores (Kolla), presidente de la comunidad El Angosto. Foto de
Guadalupe Pastrana. Miembros de la Asamblea de la Cuenca de las Salinas Grandes y la Laguna de Guayatayoc. Foto de Edison Andrango.
Podcast “Huellas de Sal”. En marzo de 2026, miembros del equipo de Radio de
Derechos Indígenas de Cultural Survival recorrieron la cuenca de las Salinas Grandes y la Laguna de Guayatayoc para documentar la lucha de las comunidades Kolla y Atacama por la defensa de este territorio. A partir del material recopilado, hemos producido una serie de podcasts documentales de tres episodios titulada “Huellas de Sal”. Te invitamos a escucharlos y a reflexionar sobre quién asume los costos de la llamada transición energética “verde” en soundcloud.com/culturalsurvival/ sets/huellas-de-sal-podcast.
--Guadalupe Pastrana (Nahua) is Cultural Survival Indigneous Rights Radio Producer.
Top photo: Sunrise at the Salinas Grandes Salt Flats, Jujuy, Argentina. Photo by Guadalupe Pastrana
