Por Clemente Flores (Kolla) y Soledad Sede
En Argentina, la Ley de Glaciares no era solo una norma ambiental: era una herramienta fundamental para la protección del agua, los territorios Indígenas y la vida en zonas de alta montaña. Su reciente reforma, aprobada por el Congreso Nacional, marca un punto de inflexión en la disputa entre dos modelos de desarrollo: uno basado en la protección de los bienes comunes y los derechos colectivos, y otro orientado a su explotación intensiva.