Cuando la pandemia de COVID-19 llegó a los territorios fríos y de gran altitud de la Nación Pukina en Bolivia, el sistema convencional de atención sanitaria colapsó. El centro de salud más cercano se quedó sin médico. El hospital más próximo estaba a horas de distancia. Los Pueblos Pukina hicieron lo que sus ancestros habían hecho durante siglos: recurrieron a sus plantas, a sus sanadoras y sanadores tradicionales, y a la fuerza de su organización comunitaria.
Esta no es solo una historia sobre medicina. Es una historia sobre cómo una Nación que durante décadas vivió bajo estructuras impuestas que fragmentaron su sistema ancestral de ayllu (comunidad) se redescubrió a sí misma y protegió a su gente frente a una pandemia. La Marka Cololo Copacabana Antaquilla es el territorio ancestral de la Nación Pukina, ubicado a unos 300 kilómetros al noroeste de La Paz, en el Área Natural de Manejo Integrado Nacional Apolobamba. La altitud varía entre los 3,858 y los 5,580 metros sobre el nivel del mar, desde valles fríos hasta la puna alta (llanuras de altura), donde el aire es tenue y las montañas tocan el cielo.
La Nación Pukina comprende cuatro markas (regiones) —Agua Blanca, Cololo, Antaquilla y Puyo Puyo— y 10 ayllus, donde viven aproximadamente 2,000 personas. Pero el número no es lo más importante; lo esencial es que este pueblo ha decidido reconstituirse, recuperar su propia estructura orgánica y volver a caminar con una identidad propia y diferenciada. Los ayllus se organizaron, por primera vez, para exigir el reconocimiento de su Tierra Comunitaria de Origen en 1999. En 2001, obtuvieron su personalidad jurídica y certificación étnica, y finalmente lograron títulos de propiedad sobre dos bloques de tierra que suman casi 40 000 hectáreas. En 2012, aprobaron su primer Plan de Vida, llamado Sumanu, una palabra pukina que significa “un estado de existencia integral; vivir una vida holística entre ayllus y markas”. Aunque la mayoría del pueblo pukina habla hoy aymara y/o quechua, su lengua originaria se encuentra actualmente en proceso de revitalización; en 2023, establecieron el Instituto de Lengua y Cultura Pukina.
Bernardina Quispe.
Los Pukina cuentan con una estructura organizativa jerárquica de tres niveles: la Nación Pukina, encabezada por su máxima autoridad, el Jilir Apu Mallku; las markas, cada una dirigida por los Mallkus de Marka; y los ayllus, liderados por el Irpiri Mallku. Las decisiones estratégicas se toman durante el tantachawi (asamblea), que se celebra cuatro veces al año de manera rotativa en las distintas markas. Además, las autoridades de cada marka y ayllu se reúnen mensualmente.
Las plantas que sostuvieron a una Nación durante la pandemi
Durante la pandemia de COVID-19, las y los sanadores tradicionales de las markas —yatiris, parteras y herbolarios— asumieron el cuidado de su gente. A través de entrevistas con personas sanadoras tradicionales, encuestas de campo y talleres realizados en las cuatro markas, se identificaron 93 plantas medicinales utilizadas para tratar diversos padecimientos, de las cuales 16 especies nativas se emplearon específicamente para combatir el coronavirus. Quienes ejercen la medicina tradicional prepararon mates (infusiones herbales), decocciones e inhalaciones de vapor. Mezclaban diversas plantas, a veces añadiendo miel u orina, y proporcionaban instrucciones claras a las personas enfermas sobre cómo tratarse. Las plantas más utilizadas pertenecen a la familia Asteraceae, conocida por sus propiedades para aliviar la fiebre, la tos y las afecciones pulmonares.
Juan Pablo Tito Kuno, sanador tradicional de Agua Blanca, trató a 70 personas con síntomas de COVID-19 con una mezcla de 12 plantas distintas. “Primero pueblo, para asegurarme de que la medicina sea efectiva; sólo entonces la administro a las personas. Como tomo constantemente mis remedios a base de plantas, nunca me he enfermado de COVID”, relató en 2021. Delfina Casilla, sanadora tradicional de Nube Pampa, trata el susto y atiende el ánimo. “Solo con mirar el rostro de las personas y escuchar mi corazón, sé qué les aqueja. Lo que comemos y bebemos nos da energía; nos hace felices y nos fortalece, tanto en energía como en espíritu. Por eso las plantas son tan vitales: sanan tanto el cuerpo como el espíritu. Debemos mantener el equilibrio”, afirma.
Las personas sanadoras tradicionales de la Nación Pukina enfrentan diversos desafíos. El conocimiento de las personas mayores corre el riesgo de perderse. El partero Justiniano Mayhua, por ejemplo, aprendió todo mediante la práctica, pero nunca encontró a alguien a quien pudiera enseñar antes de fallecer.. Según las propias personas sanadoras, la juventud ya no da tanta importancia a las plantas medicinales y prefieren acudir a la medicina convencional. Carmen Mamani, sanadora de Agua Blanca, dice: “Las personas jóvenes no dan mucha importancia a las plantas medicinales; usan la medicina occidental. Pero, debido a esta enfermedad, algunas ahora quieren aprender y han mostrado interés”.

Manuela Mendoza, otra partera, expresa un deseo común: “Sería bueno que nos dieran un certificado para que pudiéramos ser reconocidas como sanadoras tradicionales de la marka. Así podríamos ir a otros lugares a brindar capacitación”, dice. También hay escasez de recursos económicos. Guillermo Saturnino Mayta, quien trató a más de 1 000 personas durante la pandemia antes de morir en un accidente, soñaba con tener un pequeño laboratorio para producir medicinas a base de plantas en mayores cantidades. “Así”, solía decir, “podríamos curar a muchas más personas”.
La Nación Pukina no espera ayuda externa; se organiza desde dentro. Construyó el Plan de Vida Sumanu (2023–2032) como una hoja de ruta para orientar la gestión de su territorio, el fortalecimiento de su cultura y el cuidado de su gente. Este plan busca revitalizar la medicina tradicional, fortalecer las capacidades de las y los sanadores tradicionales y garantizar que sus conocimientos se transmitan a las futuras generaciones.
Con financiamiento del Fondo Guardianes de la Tierra de Cultural Survival, ya han llevado a cabo un proyecto para documentar y preservar los saberes médicos tradicionales en el contexto de la pandemia. Esta iniciativa incluyó la realización de entrevistas, recorridos de campo con sanadoras y sanadores tradicionales, la recolección de ejemplares de plantas y la realización de talleres participativos. También produjeron un libro —del cual hemos tomado esta historia— para que este conocimiento no se pierda.
Como dijeron las autoridades de Agua Blanca en 2021: “Queremos recuperar nuestros saberes ancestrales. Nos sanamos usando nuestras plantas porque no teníamos medicinas y en los centros médicos no querían atendernos; además teníamos miedo de ir ahí. Sabemos lo vitales que son nuestras plantas medicinales y nos damos cuenta de que la generación más joven ya no las reconoce. Por eso queremos que se realicen capacitaciones, para que nuestras personas sanadoras tradicionales nos enseñen, y queremos crear un libro sobre las plantas medicinales de la Marka, para asegurar que nuestros conocimientos nunca se pierdan”.
Don Pablo Tito Kuno.
Los saberes tradicionales Indígenas son medicina. Cuando llegó la pandemia, el pueblo Pukina sabía exactamente dónde encontrar los remedios: en las laderas, cerca de los humedales de altura, entre las rocas próximas a los picos nevados. Las plantas estaban al alcance, como siempre lo han estado. El pueblo Pukina tampoco actuó de manera aislada. Actuó como marka: como ayllus, como nación. Sus autoridades coordinaron esfuerzos, los comités organizaron la logística y las y los sanadores tradicionales trabajaron codo a codo con sus vecinas y vecinos. Escribir y documentar fue un acto de resistencia: al registrar los nombres de las plantas, tomar fotografías y documentar los métodos de preparación, el pueblo Pukina aseguró que, cuando una sanadora o un sanador tradicional fallezca, el conocimiento no muera con esa persona. Las y los sanadores tradicionales también realizaron talleres en escuelas para niñas, niños y jóvenes, con el fin de transmitir el conocimiento a las próximas generaciones y evitar que se pierda.
La reconstitución de la Marka Cololo Copacabana Antaquilla no ha terminado: es un camino en construcción constante, sostenido por la participación de los ayllus, el compromiso de las autoridades tradicionales y la voluntad colectiva de seguir siendo la Nación Pukina. Para los Pueblos Indígenas, el mensaje es claro: el conocimiento de sus ancestros no es simplemente una reliquia del pasado, sino un recurso vivo y poderoso para enfrentar los desafíos del presente.
Este artículo se basa en “Medicina tradicional de la Marka Cololo Copacabana Antaquilla Nación Pukina frente al COVID-19 y otras enfermedades” (2026).
Foto:Reunión comunitaria de los miembros de la Nación Pukina.
Todas las fotografías son cortesía de Marka Cololo Copacabana Antaquilla