Por Byron Tenesaca (Kichwa Kañari, Equipo de CS)
En las alturas del sur del Ecuador, mujeres Indígenas, jóvenes y organizaciones comunitarias volvieron a llevar la defensa de sus territorios a las calles de Guapondelig (Cuenca), con sus banderas, carteles, voces y cuerpos, y con un mensaje claro: el agua debe ser protegida.
El 16 de septiembre, cientos de integrantes de comunidades, organizaciones Indígenas y campesinas, estudiantes, grupos ambientalistas y habitantes de la ciudad se reunieron en Cuenca para la segunda marcha del Quinto Río, en defensa del agua y los páramos. La movilización tuvo lugar un año después de que el primer Quinto Río llevara a unas 100.000 personas a las calles, generando atención a nivel nacional sobre las preocupaciones relacionadas con la minería en el páramo de Kimsakocha y el proyecto Loma Larga.

Cuenca es conocida como la ciudad de los cuatro ríos. Pero para las personas que llegaron desde las montañas que rodean la ciudad, el nombre Quinto Río tiene otro significado: cuando las comunidades rurales se unen para defender el agua, las propias personas se convierten en un río.

Donde nace el agua
Para comprender por qué las personas continúan marchando, es necesario salir de la ciudad y adentrarse en las comunidades rurales cerca de los páramos, donde el agua se acumula antes de descender hacia las zonas bajas.

Kimsakocha cuyo nombre en kichwa hace referencia a tres lagunas, es un paisaje de páramo de gran altitud y una importante zona de producción y recarga hídrica en la región. Sus humedales y lagunas forman parte de las cabeceras de cuencas hidrográficas que sostienen a comunidades, agricultura, ganadería y ecosistemas más abajo. Para las comunidades, estas aguas no son simplemente recursos. Son parte de un territorio vivo que conecta las montañas con la vida cotidiana de quienes habitan más abajo.

La defensa de estas aguas se extiende hasta el valle del río Yanuncay, donde parte del agua del río también desciende desde el paisaje de Kimsakocha en los Andes y fluye hacia Cuenca. A lo largo de sus orillas, las comunidades del pueblo Kañari Kichwa enfrentan otra forma de presión: el propuesto proyecto hidroeléctrico Soldados–Yanuncay.

Jóvenes restaurando el territorio
Para los jóvenes del pueblo Kañari Kichwa que viven en las comunidades a lo largo del río Yanuncay, el proyecto hidroeléctrico no es una propuesta abstracta de infraestructura. Está relacionado con los lugares donde viven, cultivan, recolectan y mantienen sus vínculos con el territorio. Los jóvenes se han sumado a los esfuerzos comunitarios para expresar su oposición al proyecto hidroeléctrico y manifestar sus preocupaciones sobre los posibles efectos de una infraestructura de gran escala en el río, los ecosistemas de páramo, la agricultura, la economía local y la vida comunitaria.

Durante la visita de Cultural Survival al valle del río Yanuncay en agosto, conocimos a un colectivo de mujeres jóvenes, liderado por Patricia Pulla (Kañari Kichwa), que trabaja en la recuperación de plantas nativas y zonas de recarga hídrica del páramo afectadas por incendios forestales y el cambio climático. Su proyecto, apoyado a través de una Beca de Jóvenes Indígenas de Cultural Survival, ofrece otra manera de comprender su relación con el río: mientras se organizan para defender el territorio frente a las amenazas, también trabajan activamente para restaurarlo y cuidarlo. En el centro de su trabajo se encuentra un pequeño vivero de plantas nativas, que utilizan para restaurar sectores de las riberas del Yanuncay y los ecosistemas circundantes, al mismo tiempo que fortalecen los conocimientos ancestrales y generan oportunidades para que la juventud participe en el cuidado de su territorio.

Patricia Youth Collective
Durante nuestra visita, las jóvenes nos recibieron junto a su vivero y luego nos guiaron por el río. Más tarde, compartimos alimentos tradicionales, música, baile e historias alrededor del fuego. Estos momentos revelaron algo que puede pasar desapercibido cuando la defensa territorial se observa únicamente a través de protestas y campañas políticas: proteger el territorio también significa mantener el tejido cultural y social que hace que una comunidad sea una comunidad.

Su trabajo demuestra que la defensa territorial no comienza ni termina con una marcha. Se desarrolla mediante la siembra de especies nativas, la restauración de fuentes y cursos de agua, el intercambio de conocimientos, la organización de actividades comunitarias y el fortalecimiento de los vínculos de las nuevas generaciones con la tierra.
Las mujeres en el corazón de la defensa territorial
El liderazgo de las mujeres es particularmente visible en muchos de los proyectos comunitarios que Cultural Survival ha podido apoyar en Ecuador. Mientras muchos hombres trabajan fuera de la comunidad durante el día o han migrado al extranjero, las mujeres han asumido responsabilidades centrales en el sostenimiento de la vida cotidiana de sus comunidades, la organización comunitaria y el cuidado del territorio.

A lo largo de nuestras visitas, las mujeres compartieron una comprensión similar: el páramo y los ríos no son simplemente ecosistemas que deben protegerse. Son parte de un territorio vivo, conectado con la cultura, la alimentación, los medios de vida, la memoria y las futuras generaciones.

30 años de organización por el agua
Más al sur, en Tarqui, la Federación de Organizaciones Indígenas y Campesinas del Azuay (FOA), organización socia de Cultural Survival en medios comunitarios, lleva aproximadamente tres décadas organizándose en torno a la protección de Kimsakocha y la defensa del agua. Su trabajo ha incluido organización comunitaria, incidencia, acciones legales, comunicación y movilización. Su radio comunitaria también ofrece un espacio para las voces y la información local, demostrando cómo los medios pueden convertirse en otra forma de defensa territorial.

Para la FOA, liderada actualmente por su presidente Lauro Sigcha, y para las comunidades que representa, el páramo no puede separarse de las personas que dependen de sus aguas. Sus humedales y ecosistemas de altura contribuyen al sostenimiento de la agricultura, la ganadería, las familias y las comunidades de toda la región.

Lauro Sigcha
La organización ha estado al frente de la defensa histórica de Kimsakocha y de la oposición al proyecto minero Loma Larga, una lucha que eventualmente contribuyó al surgimiento del Quinto Río. El 16 de septiembre, ese movimiento volvió a fluir por las calles de Cuenca, mientras las comunidades llevaban sus pancartas y carteles junto a familias y organizaciones comunitarias de las tierras altas que rodean la ciudad. La música, el baile y los llamados a proteger el agua transformaron el centro histórico en una poderosa expresión pública de una lucha que ha sido sostenida por generaciones en las montañas que rodean la ciudad.


Jóvenes imaginando un futuro en sus territorios
En Loja, la joven líder del pueblo Kichwa Saraguro y becaria de Jóvenes Indígenas de Cultural Survival, Tamia Contento, trabaja con jóvenes para fortalecer el autoconocimiento, el emprendimiento, los medios de vida y su capacidad de imaginar un futuro conectado con sus comunidades. Su trabajo se desarrolla en la región de Fierro Urco, donde comunidades Indígenas y campesinas también se organizan para proteger los páramos y las fuentes de agua frente a las presiones de la minería.
Durante nuestra visita, los jóvenes hablaron sobre comunicación, cine, emprendimiento, cultura y vida comunitaria. Uno de los jóvenes de la comunidad imaginó llevar películas a comunidades rurales como una manera de crear espacios para contar historias, comunicarse y expresar la cultura

Estas iniciativas muestran que la juventud Indígena no solo está defendiendo lo que ya existe. También está creando nuevas posibilidades para que sus comunidades sigan siendo dinámicas y permanezcan conectadas con sus territorios.
Más que un río
El Quinto Río es una expresión de una realidad mucho más amplia en todo el Ecuador. Desde los páramos de Azuay y Loja hasta los territorios Indígenas de otras partes del país, las comunidades continúan organizándose en torno al agua, la tierra, los bosques y el derecho a decidir qué sucede en sus territorios. Estas luchas adoptan distintas formas, como asambleas comunitarias, acciones legales, encuentros culturales, proyectos de comunicación, restauración ecológica, organización juvenil y marchas, todas llevando consigo un mismo mensaje: el territorio no es simplemente una fuente de recursos. Es donde se sostiene la vida.

Para los Pueblos Originarios, proteger el agua también significa proteger la cultura, la soberanía alimentaria, los medios de vida, las economías locales y la posibilidad de permanecer en sus tierras ancestrales y cuidarlas. Mientras el segundo Quinto Río recorría Cuenca, las personas que caminaban por sus calles llevaban mucho más que carteles y pancartas. Llevaban la memoria de las montañas, el trabajo de generaciones y las voces de comunidades que continúan organizándose por el futuro de sus territorios.


El río nace en el páramo. Y el 16 de septiembre, una vez más, el pueblo se convirtió en río.

Todas las fotos son de Byron Tenesaca.


