Manejo Indígena de manglares genera restauración

 

Los manglares son ecosistemas distribuídos en los trópicos globales, compuestos principalmente de árboles únicos capaces de vivir en agua salina. De acuerdo con Conservation International, los manglares se localizan en las costas de 118 países tropicales y subtropicales, con un total aproximado de 136,000 kilómetros cuadrados y constituyen el 0.1%  de toda la superficie del planeta. El sudeste asiático alberga casi un tercio de todos los manglares; solo Indonesia tiene casi el 20 por ciento. Los bosques de manglares se están perdiendo a una tasa del uno al dos por ciento por año, más rápido que cualquier otro tipo de bosque, debido a la deforestación, la agricultura, la acuicultura, el desarrollo urbano y la sobreexplotación. 


La importancia de los manglares es innegable. Los manglares almacenan más carbono por unidad de área que cualquier otro ecosistema en la Tierra, guardan hasta 10 veces más carbono por hectárea que los bosques terrestres y también ayudan a combatir el blanqueamiento de los corales. Según algunos estudios, los corales jóvenes que crecen entre las raíces de los manglares a la sombra de los árboles de mangle muestran una mayor resistencia al blanqueamiento. Como ecosistemas delicados, los manglares son indicadores de contaminación e impactos ambientales. Los manglares sirven como viveros de biodiversidad, lo que los convierte en un ecosistema vital, especialmente para las comunidades costeras. Protegen las costas de la erosión, de los daños causados por las tormentas y actúan como amortiguadores de las marejadas ciclónicas, formando una barrera natural entre el océano y las comunidades costeras. Se ha descubierto que los manglares reducen las marejadas ciclónicas hasta en 50 centímetros por kilómetro de ancho de manglares.

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Cuando los bosques de manglar son destruídos, mucho más que solo los árboles sufren el impacto. Muchas especies en peligro dependen de los manglares como su hábitat y millones de pescadores y agricultores son también impactados negativamente. Las comunidades Indígenas han desarrollado una cercana relación con los manglares y han administrado conocimientos milenarios para su protección, manejo y uso sustentable. Tal como lo han hecho históricamente, muchas comunidades Indígenas y afrodescendientes protegen los manglares realizando proyectos importantes para ellos. Aquí compartimos tres ejemplos de trabajos de restauración realizados por los socios de subvenciones del Fondo Guardianes de la Tierra de Cultural Survival de diferentes regiones y Pueblos Indígenas.


Comité de Cultura y Ambiente, Consejo Comunitario de Barú (Afrodecendientes), Colombia

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Jóvenes de la comunidad de Barú en Colombia replantando árboles de mangle. Foto del Consejo Comunitario de Barú.


Al norte de Colombia en el Carine se encuentra la isla de Barú, donde viven la auto proclamada comunidad étnica afrodescendiente de Barú, una comunidad que, como sus parientes distantes del Centro de Desarrollo Comunitario Lokiaka, tienen una cercana relación con los manglares y buscan su protección. En 2021, a través de una colaboración con el Fondo Guardianes de la Tierra, ellos desarrollaron un proyecto enfocado a la conservación del manglar.


Su proyecto “aprendiendo sin leer con los ojos abiertos”, es un acercamiento inovativo y transformativo que busca implementar una nueva estrategia de aprendizaje para la comunidad educativa formada por niños y jóvenes de la comunidad de Barú. Además de la población jóven, el Comité de Cultura y Ambiente del Concejo Comunitario de Barú, el cual es parte del gobierno rural de Barú, participó cercanamente en el proyecto que entrenó a niños y adolescentes en temas como la importancia cultural y la conservación de los ecosistemas de su territorio, incluyendo los manglares y otros bosques, todo en el marco de su identidad Barulera.


Además de los talleres, una de las principales actividades fue la colecta de 200 propágulos de mangleen las áreas con la mejor reproducción en el territorio. Después de esto, ellos construyendo colectivamente un invernadero piloto para mantener los propágulos y ser cuidados por todos los participantes, y que serán usados más adelantes para reforestas sectores vulnerables del ecosistema de manglar de Barú. En sus planes a futuro, la comunidad busca diseñar una estratégia para el uso responsable del ecosistema del manglar que genera apropiación y empoderamiento de otros miembros de la comunidad. Este proyecto de conservación fue clave para la educación de los jóvenes durante la pandemia por Covid-19 ya que muchos niños indígenas rurales enfrentan obstáculos para acceder a educación de calidad y culturalmente relevante en países en desarrollo como Colombia. 


Centro de Desarrollo Comunitario Lokiaka (Ogoni), Nigeria


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Joven Ogoni en Nigeria replantando plántulas de mangle. Foto por Lokiaka Community Development Centre.


Los ogoni de la región del delta del Níger enfrentan amenazas para su sustento a medida que se agota la calidad de su tierra y se deteriora la biodiversidad del ecosistema local debido a la extracción de petróleo y gas. Sus tierras de cultivo son menos fértiles y las plantas importantes se están extinguiendo, aumentando la inseguridad alimentaria. La población de manglares en la región del delta del Níger ha disminuido sustancialmente debido a la tala para la agricultura comercial, la construcción urbana, la contaminación, los derrames de petróleo y la escorrentía que contiene contaminantes químicos y biológicos. Además, el clima cambiante ha traído una afluencia de ciclones, huracanes y tsunamis que causan graves daños a la población de manglares.


Los manglares son extremadamente versátiles en su utilidad para el pueblo Ogoni. Se pueden usar como madera resistente al agua para casas y muebles, sirven como combustible doméstico, protegen las costas de la erosión y filtran los contaminantes para mantener la calidad del agua. A través de una subvención del Fondo Guardianes de la Tierra al Centro de Desarrollo Comunitario Lokiaka, los voluntarios de Lokiaka trabajaron para reponer la tierra mediante la realización de dos sesiones de capacitación intensiva con mujeres Ogoni. Los talleres enseñaron a 65 agricultores Indígenas las habilidades para iniciar viveros de manglares y árboles frutales. Los participantes aprendieron cómo criar sosteniblemente los propágulos de manglares y cómo transportarlos dentro del bosque pantanoso de manglares de Kwawa. Lokiaka enfatiza el papel de las agricultoras indígenas en el mantenimiento de la salud de la tierra y el ecosistema para garantizar que las mujeres sean reconocidas como importantes administradoras de la tierra. Su importancia no puede ser exagerada.


Con este trabajo, la comunidad Ogoni está contribuyendo a la resiliencia climática de varias maneras. Los manglares se encuentran entre los bosques tropicales más ricos en carbono y pueden almacenar el doble de carbono por área que las marismas, lo que evita que el carbono se escape a la atmósfera como gas de efecto invernadero. El almacenamiento de carbono también da como resultado la acumulación de sedimentos, lo que permite que la costa se mantenga al día con el aumento del nivel del agua. Al capacitar a las mujeres Ogoni en prácticas agrícolas sostenibles, su conocimiento de las prácticas forestales de conservación continuará rejuveneciendo los ecosistemas locales y mejorando la salud de las comunidades Ogoni.


Cooperativa Carey, Isla Arena (Maya), México

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La comunidad Maya de Isla Arena vive en una isla en la costa del estado de Campeche. Anteriormente viajaban en lancha para llegar a su comunidad, lo que complicaba las emergencias comerciales o sanitarias, por lo que se alegraron cuando se construyó una carretera para conectar a la comunidad con el resto del territorio. Sin embargo, al hacer esto sin una planificación adecuada, la comunidad vio que sus manglares comenzaban a morir. Hectáreas de ellos se secaron y las aves y otras especies también comenzaron a irse.


Después de ver el paisaje árido y desolado que trajo múltiples problemas a esta comunidad dependiente de la pesca, los miembros de la comunidad decidieron tomar medidas. Desarrollaron un plan para la restauración del manglar, construyendo canales y puentes para recuperar el flujo de agua dulce y salada, e implementaron un delicado plan de reforestación del manglar. Esto incluyó traer semillas y plántulas de otras comunidades para germinar y plantar. El proceso se repitió muchas veces porque varias plantas murieron debido a las malas condiciones ambientales. Ahora, después de 16 años de arduo trabajo, miles de flamencos han regresado a la zona. Los cientos de pequeños manglares que ya han comenzado a reproducirse por sí solos son los mejores evaluadores de este importante trabajo comunitario Maya. Para fortalecer su trabajo de educación ambiental y conservación, la Cooperativa Carey de Isla Arena se está asociando con Cultural Survival para establecer una estación de radio comunitaria.


La comunidad de Isla Arena es un claro ejemplo de que los Pueblos Indígenas han aprendido de sus errores y los han corregido con mucho trabajo y esfuerzo, logrando así adaptar sus prácticas de administración para mantener las necesidades y el bienestar de sus comunidades. Dentro de ese proceso surgen muchas lecciones, y estas experiencias de aprendizaje a lo largo de la historia han hecho que los Pueblos Indígenas tengan éxito en la gestión ambiental, la restauración de ecosistemas y sean expertos en conservación. Es alentador ver que las comunidades indígenas y afrodescendientes, aunque no se conocen entre ellas, coinciden en la importante labor de conservación de los manglares. Su gran trabajo comunitario beneficiará más allá de sus territorios y a muchas generaciones venideras. Cultural Survival tiene el honor de contribuir a sus esfuerzos a través del Fondo Guardianes de la Tierra.
 

El Fondo Guardianes de la Tierra ((KOEF por sus siglas en inglés) es un fondo liderado por Indígenas dentro de Cultural Survival, diseñado para apoyar los proyectos de promoción y desarrollo comunitario de los Pueblos Indígenas. Desde 2017, a través de pequeñas subvenciones y asistencia técnica, KOEF ha apoyado 186 proyectos en 37 países por un total de $810,470. 

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